Hacia la cumbre presidencial de Río de Janeiro
Logros, perspectivas y cuentas pendientes del Mercosur
Viernes 29 de diciembre de 2006

Los agoreros neoliberales pronostican su colapso. Washington prepara una nueva embestida, esta vez con algunos TLC debajo del brazo. Sin embargo, el Mercosur tiene la oportunidad histórica de avanzar hacia una integración de nuevo tipo.

Cuando los socios del Mercado Común del Sur (Mercosur) se reúnan en Río de Janeiro, podrán hacer un balance general sobre la situación actual del bloque y sus desafíos a corto, mediano y largo plazo. La XXXI Cumbre de Jefes de Estado se realizará los días 18 y 19 de enero, con la presencia de los mandatarios de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela, más los presidentes de los Estados asociados: Bolivia, Chile, Perú, Colombia y Ecuador.

Uno de lo hechos más significativos de 2006 fue la incorporación de la República Bolivariana de Venezuela como miembro pleno. Este logro no sólo expandió las fronteras económico-comerciales del bloque, sino que abrió nuevas perspectivas para encarar los problemas energéticos de la región con proyectos basados en la integración y la cooperación.

El emprendimiento estratégico más ambicioso en este sentido es el Gasoducto del Sur, que volvió a cobrar relevancia en la agenda sudamericana luego de los procesos electorales en Brasil y Venezuela.

Hace apenas unas semanas, los presidentes Luiz Inácio Lula Da Silva y Hugo Chávez relanzaron el megaproyecto que, mediante una inversión calculada en 23 millones de dólares, unirá el eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires-Montevideo. Es probable que los jefes de Estado del Mercosur se encuentren en Río de Janeiro con un informe sobre los plazos de construcción del primer tramo del gasoducto, que se extenderá desde las costas del Caribe hasta el noreste de Brasil.

Pero la cuestión energética, con la oxigenación de las reservas venezolanas de hidrocarburos, es sólo un aspecto del nuevo escenario. El ingreso del país bolivariano también marca una impronta política sin precedentes: la necesidad de reformular el bloque desde las propias bases que le dieron origen.

Chávez repitió en varias oportunidades a lo largo de 2006 que el Mercosur debe ser reestructurado: "En 1991, cuando la unión aduanera fue creada, imperaba o regía la corriente económica neoliberal; hoy eso no sirve para nuestros pueblos, entonces debemos reformular el Mercosur y priorizar los proyectos sociales por encima de los planes económicos y financieros", explicó el presidente venezolano meses antes de convertirse en el quinto miembro.

La misma necesidad también fue planteada por el mandatario boliviano Evo Morales y por el presidente electo de Ecuador, Rafael Correa. Estos líderes latinoamericanos pretenden sumarse al bloque, siguiendo los pasos de Venezuela, aunque también quieren permanecer en la Comunidad Andina de Naciones (CAN) para tratar de cambiarla y, en un futuro, fusionarla al Mercosur.

Sin embargo, la reestructuración de la CAN será mucho más compleja por los tratados de libre comercio (TLC) que dos de sus miembros, Colombia y Perú, firmaron con Washington. Estos TLC, al igual que el que Panamá suscribió la semana pasada, aún esperan su ratificación en el Congreso norteamericano para entrar en vigencia -y en el caso panameño la aprobación de su propia Asamblea Nacional-, pero el gobierno de George W. Bush ya los utiliza como factores de desestabilización regional.

En el 2007, la Casa Blanca desplegará una nueva ofensiva en América del Sur para acortar los caminos hacia el ALCA, a través de la alternativa de los TLC bilaterales. Las presiones y las diferentes formas de chantaje serán enormes, aunque desde el Norte traten de encubrirlas bajo los eufemismos de “cooperación”, “consolidación de la democracia” y “creación de oportunidades económicas” para la región.

Bolivia y Ecuador ya tuvieron una pequeña muestra de la nueva embestida norteamericana, cuando el Congreso de ese país aprobó con reservas la extensión por otros seis meses de la Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga (ATPDEA). A partir de julio del año que viene, sólo gozarán de los beneficios arancelarios de la norma aquellos gobiernos que avancen en acuerdos de libre comercio con Estados Unidos.

Bush también seguirá apuntando a Uruguay, el blanco más vulnerable del Mercosur por diferentes factores, entre los que se destacan la disputa con Argentina en el marco de los cortes fronterizos y la instalación de las plantas de celulosa; las asimetrías propias del bloque que frenan su desarrollo; y las políticas impulsadas por la fracción que lidera el ministro de Economía, Danilo Astori.

Aunque el gobierno de Tabaré Vázquez cuenta con un fallo favorable del Tribunal Arbitral del Mercosur, ha fracasado en todos sus intentos por regionalizar el conflicto y obtener apoyo de sus socios, especialmente de Brasil. El último revés para Uruguay se registró hace dos semanas en Brasilia, durante la reunión extraordinaria del Consejo del Mercado Común (CMC), como consecuencia de la presión que ejercieron los delegados porteños para evitar que el tema se incluyera en la agenda del cónclave ministerial.

Las diferencias entre ambos países se trasladaron, incluso, a la cuestión de las asimetrías. Astori, con el apoyo de Paraguay, presentó en ese encuentro la propuesta de mayor “flexibilidad” para concertar acuerdos bilaterales fuera de la región, pero se encontró con la negativa de los funcionarios de Argentina, que calificaron el pedido como "extremo y dañino” porque sería la antesala de un TLC con Estados Unidos. La propia ministra de Economía, Felisa Miceli, dijo que Uruguay tiene que definir de una vez si el bloque “le sirve o no le sirve” y actuar en consecuencia.

De todas formas, el CMC se comprometió a diseñar un plan con el fin de superar las asimetrías, para lo cual Uruguay y Paraguay deberán presentar sus propuestas y objetivos de corto y mediano plazo en los próximos dos meses. Además, Brasil propuso recientemente la eliminación anticipada del Arancel Externo Común (AEC) para Asunción y Montevideo, entre otras medidas tendientes a flexibilizar las reglas internas del bloque para los socios menores.

La noticia repercutió favorablemente en la presidencia oriental porque el canciller Reinaldo Gargajo salió a confirmar la participación de Vázquez en la próxima cumbre del Merocusur, al mismo tiempo que renovó su apuesta por la integración. Gargano aseguró ayer que el bloque “tiene problemas”, pero también reconoció sus beneficios: "Uruguay exporta unos 4.000 millones de dólares y 1.100 de ellos a sus socios del Mercosur, ¿como vamos a estar pensando en dejar el bloque?".

El optimismo del canciller uruguayo es comprensible. Gargano pertenece a una amplia fracción del Frente Amplio que defiende la inserción internacional de Uruguay a través del Mercosur.

Sin embargo, y aunque su influencia no sea contundente en la fuerza política, Astori tiene un peso significativo sobre el gabinete de Tabaré Vázquez. La línea del ministro de Economía busca que el país adopte el modelo chileno de apertura comercial y se acerque a un TLC con Estados Unidos. En el Frente Amplio temen, incluso, que la firma del Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones (TIFA) entre Washington y Montevideo, prevista para el 27 de enero próximo, desemboque en un tratado de libre comercio, como ya sucedió en varios países que suscribieron el mismo acuerdo.

Paraguay será otro de los miembros regionales que estará en la mira de Washington. El país padece los mismos problemas que Uruguay con respecto a las asimetrías, y en alguna medida se agravan por su condición geográfica sin litoral marítimo. Por lo pronto, el gobierno de Duarte Frutos se encargó de aclarar, antes de la cumbre de Río de Janeiro, que no piensa firmar ningún TLC fuera del contexto del bloque.

Aunque sería un error pensar que, por esa toma de posición, el gobierno norteamericano bajará los brazos. Washington, como ya se dijo, cuenta con los recursos necesarios para llevar la presión y el chantaje hasta las últimas consecuencias. Posee, además, a dos operadores profesionales en la Cordillera de los Andes, muy cercanos al Mercosur: los presidentes Álvaro Uribe (Colombia) y Alan García (Perú). Y, por último, mantiene en línea a una serie de intelectuales del libre mercado, analistas y medios de comunicación en todo el subcontinente que juegan a su favor, con bombardeos constantes contra el proceso de integración regional y sus líderes más influyentes.

Estos intelectuales orgánicos pronostican el desplome del Mercosur si éste excede sus parámetros económico-comerciales y profundiza sus aspectos políticos, sociales y culturales. Aseguran, también, que la crisis de liderazgo que supuestamente vive el bloque le dejará el camino libre a Chávez y Morales para convertirlo en “una plataforma política” que terminará en fracaso.

Por tales motivos, uno de los desafíos del Mercosur para el 2007 será resistir los embates neoliberales e imperialistas, pero además deberá afianzar y profundizar los logros de 2006, que no fueron pocos.

A la incorporación de Venezuela y al relanzamiento del Gasoducto del Sur, deben sumarse algunas decisiones clave que surgieron de la Cumbre de Córdoba, a mediados de año, como la Estrategia de Crecimiento de Empleo en la región y la creación del Instituto Social del Mercosur y del Observatorio de la Democracia. También se debe tener en cuenta la reciente inauguración del Parlamento del bloque, que tendrá su sede permanente en Montevideo a partir del 26 de marzo.

Por último, las futuras incorporaciones de Bolivia y Ecuador abren expectativas para impulsar el debate hacia una integración de nuevo tipo que responda a los intereses de los pueblos sudamericanos. El momento nunca fue tan favorable y oportuno, luego de los triunfos y la consolidación democrática de varios gobiernos progresistas en la región. Sólo resta una decisión política consensuada.

Fuente: Fernando M. López, Agencia Periodística del MERCOSUR (APM).

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