
Opinión. Por José Rigane. El secretario general de la Federación de Trabajadores de la Energía de la Argentina (FeTERA-CTA) y miembro de la mesa nacional de la CTA explica aquí, camino a la lll Cumbre de los Pueblos, que “sin el acceso a la energía, no hay posibilidad de desarrollo en ninguna región, en ningún país”.
En el 2002, el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, hizo el lanzamiento de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, con la finalidad de reducir a la mitad la pobreza en el mundo hacia el año 2015.
Ocho objetivos de desarrollo fueron aceptados por el conjunto de los 192 países integrantes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Llama poderosamente la atención que ni la energía ni la electricidad se mencionan, a pesar de que son indispensables para acercarse a cualquiera de estas iniciativas. Está comprobado que sin el acceso a la energía, no hay posibilidad de desarrollo, en ninguna región, en ningún país.
Partimos de la premisa de que la energía es:
a- un bien social
b- un derecho humano
c- un problema de todos
Si no se garantiza el abastecimiento de la energía a toda la población, sin importar el nivel social y la situación económica de cada familia, sucede esto:
2.500 millones de habitantes del planeta no tienen acceso nada más que a la leña, como única fuente de energía.
El 80% de la población mundial consume sólo el 20% de la energía total que se produce.
Hoy la humanidad registra un consumo de energía 200 veces superior al de hace 200 años.
El 20% de la población mundial consume el 80 por ciento de la energía que se produce en el mundo.
Esto, en referencia al consumo energético en la práctica, significa que la desigualdad es total, y queda demostrado de esta manera:
Un ciudadano estadounidense consume 7,8 tep por año (tep= tonelada equivalente de petróleo)
Un europeo consume 3,2 tep por año, y uno de Europa Central 2 tep por año.
Un habitante de Oriente Medio 1,2 tep por año.
Un africano 0,53 tep anuales.
Un habitante de América Latina y Caribe, consume 1,3 tep por año.
Los excluidos, los pobres que no tienen acceso a la energía (India, África, parte de América Latina y Caribe), tienen una expectativa de vida que no supera los 40 años, mientras que para los países desarrollados el umbral supera los 75 años de vida.
Sin energía, no hay educación, no hay cadena de frío, por lo tanto no hay vacunas, ni tampoco agua potable, es decir que no hay salud, ni tecnología, etc. La mortalidad infantil, que para los países desarrollados está en un 0,4 por ciento, en los no desarrollados alcanza el 15 por ciento.
Estas son las cifras de la pobreza mundial
1200 millones de personas viven con un dólar o menos al día.
el 1% más rico de la población mundial percibe la misma cantidad de ingresos que el 57% más pobre.
54 países son más pobres ahora de lo que eran en 1990.
1000 millones de personas están desempleadas, subempleadas o pobres, de las que el 60% son mujeres.
245 millones de niños de 5 a 17 años trabajan.
las mujeres perciben entre el 30 y el 60% menos que los hombres.
860 millones de adultos son analfabetos.
114 millones de niños en edad escolar no acuden a la escuela.
Hace tiempo que desde la CTA, y las organizaciones de base que la integran, llegamos a la conclusión de que el principal flagelo que afrontamos en nuestro país es la pobreza, que no es un tema sólo social. Es político. Su solución viene de la mano de una nueva distribución de la riqueza. Hay que terminar con la concentración y centralización de la riqueza en pocas manos.
Esto es posible si logramos cambiar las políticas económicas que se aplican hace más de 25 años. Si profundizamos la democracia, si podemos pasar de la ’democradura’ a una verdadera democracia participativa. Si hay democracia y libertad sindical y se reconocen a las 2200 organizaciones sindicales proscriptas, inscriptas simplemente.
Esto es posible si defendemos la soberanía nacional, si recuperamos nuestro patrimonio nacional y detenemos la depredación de nuestros recursos renovables y no renovables, nuestra riqueza.
Queda claro que el movimiento obrero, las organizaciones sindicales, pueden contribuir a cumplir con los “objetivos de desarrollo del milenio”, para reducir la pobreza. Claro que, para esto, las Naciones Unidas tendrán que corregir e incorporar el tema de la energía como instrumento esencial a la hora de actuar en serio contra la pobreza.
De la misma manera, el gobierno nacional debe dar por finalizado el modelo energético liberal depredador y de extranjerización, basado en la propiedad privada (del oligopolio multinacional) de cuyo fracaso no queda duda alguna; y retomar decididamente el camino de la recuperación del patrimonio nacional a manos del pueblo, poniendo fin definitivamente a los procesos de reprivatización, y avanzando en la dirección que permita terminar con la pobreza a nivel nacional, en clara contribución para lograr esos objetivos.
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