A 10 años del asesinato de Cabezas
Revalorizar la lucha por la Justicia y la Verdad
Miércoles 24 de enero de 2007

La Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA-CTA), dio a conocer un documento con motivo de cumplirse mañana una década del crimen del reportero gráfico José Luis Cabezas. El texto es el siguiente:

"En la madrugada del 25 de enero de 1997 el reportero gráfico José Luis Cabezas fue asesinado de dos tiros en la cabeza y su cuerpo fue quemado, dentro de su auto, en una cava de General Madariaga. A 10 años de ese crimen, la mayoría de los considerados por la justicia como sus autores y/o instigadores están libres.

El próximo jueves 25 en La Cava, a las 18.30 horas, y luego, a las 20 horas, en el ingreso a Pinamar, donde se convocará a un minuto de silencio, se realizarán los actos de homenaje con motivo del décimo aniversario del crimen de José Luis.

Desde aquel día en el que mataron a José Luis, hasta el 3 de febrero de 2000, fecha en que se conoció el fallo de la justicia respecto de los responsables del crimen, una de las movilizaciones sociales más importantes de aquella década impidió manipulaciones burdas, miserias politiqueriles, maniobras de todo tipo, pistas falsas, mientras se insistía en alcanzar toda la Verdad para hacer Justicia, enfrentando especulaciones que pusieran un techo político a la resolución judicial.

Caravanas a Dolores, Pinamar, actos en todo el país, minutos de silencio, movilizaciones los 25 de cada mes, las denuncias en el plano regional e internacional, la convocatoria unitaria de la familia de José Luis junto con la UTPBA, ARGRA, los compañeros de trabajo de José Luis y decenas de organizaciones sociales que se solidarizaron con esa lucha por la verdad y la justicia, fueron parte de una época donde esa batalla contra la impunidad no permitió que adquiriera apenas el valor de lo corporativo: los casos de Mario Bonino, Miguel Bru, Sebastián Bordón, Teresita Rodríguez, de gatillo fácil y masacres como las de la AMIA y la Embajada de Israel, confluyeron permanentemente en cada acto. Los unía un mismo repudio, un reclamo similar de justicia.

Tiempos en que la disputa entre los gobiernos nacional -que presidía Carlos Menem- y provincial -Eduardo Duhalde- estaba lejos de ser el reflejo de un problema “jurisdiccional” frente al crimen de José Luis: formaba parte determinante de un contexto en el que la economía formal, representada por Cavallo y la economía no convencional, cuyo exponente más nombrado y menos conocido era Yabrán, habían decidido confrontar abiertamente, apelando a sus respectivos padrinos.

En los casi 7 años transcurridos desde aquel fallo de 468 páginas de la Cámara Federal de Dolores, hasta hoy, buena parte de los actores y factores que se vieron condicionados de actuar frente a una sociedad convencida y movilizada contra la impunidad, se movieron en el terreno que mejor conocen y, frente a un juicio que preveían desfavorable, se dedicaron a preparar la artillería legal -con respaldo político y económico que jamás explicitan- que diera salida de la prisión a los condenados.

El fallo de febrero de 2000 no había llegado al fondo. La interpretación acerca de que José Luis fue asesinado por su tarea profesional, los indicios que pesaban sobre el empresario Yabrán -quién se suicidó en mayo de 1998- y las condenas para Ríos, Prellezo, Los Horneros, Luna, Camaratta y el ex comisario Gómez no alcanzaban a darle la verdadera entidad al hecho. Se trató de una operación eminentemente mafiosa, por logística y metodología, a la que sólo se llega mediante estructuras y coberturas que están por encima de los protagonistas condenados. Incluso, por encima del móvil mencionado.

Tanto las razones de fondo como los verdaderos autores intelectuales -no sólo porque se suicidaron-, la participación de la Bonaerense así como las responsabilidades políticas, quedaron fuera del alcance de la condena. A esto se sumó el natural reflujo de una sociedad movilizada que vio en parte cumplido su objetivo: los juzgados admitían su participación, se hablaba de un ataque a la prensa, el principal sospechoso de ser el autor intelectual se había quitado la vida, y se conocían penas de cadena perpetua y prisión perpetua que suponían la cárcel por el resto de sus vidas para los condenados.

Frente a ello el trabajo sigiloso de los abogados del poder mafioso -con una estructura propia y de vinculaciones potentísimas- recorrió el camino que tenían previsto y que mejor conocen. Hoy salvo Prellezo y Gómez, por ahora, todos los acusados están en libertad.

Todo esto, incluso, a contramano de sectores del propio ámbito judicial, que se reconocen impotentes ante lo que consideran un bochorno moral y ético que no deja de tener fundamentos legales que amparan tamaña injusticia. Las reiteradas voces de sus familiares, compañeros de trabajo, la UTPBA, ARGRA, repudiando esas libertades de hoy, suenan como la expresión más coherente en defensa de una lucha que todos definieron como ejemplar y que no deja de tener vigencia cada vez que una acción colectiva enfrenta la impunidad.

A 10 años del crimen de José Luis la vergonzosa libertad de sus autores no pone para nada en duda el alto valor de la lucha de millones de personas por la justicia y la verdad. Por el contrario, la revaloriza. Es que este presente demuestra, una vez más, el poder de quienes se denunció, confrontó, limitó y condicionó durante los años más fuertes del “No se olviden de Cabezas”.

Enfrentando amenazas, intimidaciones, agresiones y contando -a diferencia de lo que sucedió cuando Mario Bonino fue asesinado- con una activa participación de los principales grupos comunicacionales, quizás como parte interesada en esa disputa política y económica ya mencionada.

La desaparición, hace más de cuatro meses, de Jorge Julio López -principal testigo en el juicio contra el genocida Miguel Etchecolatz-, así como la reciente desaparición -y posterior aparición- de Luis Gerez, son ejemplos contundentes de cómo distintas fuerzas de seguridad -en actividad, retirados, exonerados, de la Federal o la Bonaerense-, más sus cómplices y protectores políticos y empresariales, no han dejado de actuar.

Ese poder, que con el crimen de José Luis dejó un mensaje, también se llevó otro, que quizás no lo tenía tan en la cuenta: el de una sociedad movilizada y reclamando justicia, meses, años. Aunque el objetivo se haya logrado sólo parcialmente; objetivo que después otros, en zonas inalcanzables para el conocimiento común, modificaron, destrozando en las tinieblas lo conquistado por la voluntad y decisión de una sociedad dispuesta a pelear por la Verdad y la Justicia".

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