
Los valores de la canasta básica de alimentos y la básica total, que marcan las líneas de indigencia y de pobreza, fueron informadas ayer por el Indec. La escalada de los productos frescos en los últimos cuatro meses subió 8,6 por ciento el valor de la primera. La CTA insiste en la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil.
Una familia tipo (matrimonio y dos hijos) necesitó de 914,30 pesos durante enero para no caer bajo la línea de pobreza. A su vez, para no caer en la indigencia, sus ingresos debieron superar los 425,25 pesos. Ayer, con un día de atraso debido a “problemas informáticos”, el Indec difundió los datos de la canasta básica total (CBT) y la canasta básica (CB), que miden la pobreza y la indigencia, respectivamente.
Los datos del INDEC se difundieron con un retraso de 24 horas y en medio de la polémica desatada por el cambio en la Dirección del área de precios al consumo. Según los últimos datos oficiales, del primer semestre del 2006, la pobreza alcanza al 31,4% de la población urbana.
Pero con estos valores y tomando en cuenta el incremento de los salarios, las jubilaciones y otros ingresos, se estima ahora que la indigencia golpea al 10% de la población, 3,9 millones de personas, y la pobreza a un poco menos del 30%: 11 millones de personas.
Sin embargo, y a pesar del reciente incremento del salario familiar por hijo, el sueldo mínimo para una familia tipo se encuentra por debajo de la canasta de pobreza.
Por eso, la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) ha reafirmado su reclamo para que el Gobierno convoque al Consejo del Salario para actualizar el ingreso mínimo. Cabe consignar que el próximo 6 de marzo está previsto un nuevo encuentro convocado por el Bloque Organizativo-Gremial de la Central del que participan las organizaciones gremiales enroladas en la Central que se encuentran discutiendo salarios y condiciones de trabajo para afinar los trazos de una estrategia conjunta a partir de encuentros regionales que desembocarán en un plenario nacional y movilización en el mes de abril.
También se descuenta que la suba de la canasta de pobreza podría llevar a mayores reclamos salariales en las negociaciones paritarias que están en curso.
Sin duda, la cifra más preocupante del polémico índice de precios al consumidor difundido el lunes por el Indec fue el comportamiento de la canasta básica de alimentos, que se incrementó 2,6 por ciento. Y acumula una suba del 8,6 por ciento en sólo cuatro meses. Dicha cesta contiene los alimentos mínimos necesarios que requiere un adulto para realizar una actividad física moderada y es el parámetro que se utiliza para medir la línea de indigencia. Para tener una idea de la disparada de los alimentos, en septiembre, antes de que empezara a quebrarse el dique de acuerdos enhebrado por la Secretaría de Comercio, la canasta de alimentos costaba 391 pesos, unos 34 pesos menos que en enero.
En el caso de la canasta básica total (pobreza) no sólo contiene alimentos sino también vestimenta, algunos servicios y transporte. Esta canasta se incrementó en enero 1,7 por ciento, también por encima del 1,1 por ciento que marcó el IPC.
Para una familia integrada por un matrimonio joven y dos hijos en edad escolar, los 914 pesos que ahora cuestan la canasta de la pobreza vuelven a dejar descolocados los 800 pesos del salario mínimo en el sector formal de la economía. Y prácticamente duplica el promedio salarial en el sector informal o en negro. En septiembre, la canasta de la pobreza estaba valuada en 862 pesos, 52 pesos menos que en enero.
Además, el costo de la canasta de indigencia (425 pesos) deja cada vez más rezagados a los subsidios de los planes Jefes de Hogar, congelados en 150 pesos desde su creación, en abril de 2002.
Como dijera el General Perón, mientras los salarios suben por la escalera, los precios lo hacen por el ascensor. En efecto, entre septiembre y enero último, el IPC creció 3,7 por ciento, pero -como se dijo antes- la canasta básica se encareció 8,6 por ciento. Algunos rubros sobrepasaron largamente esos porcentajes. En los últimos cuatro meses, las verduras aumentaron 21 por ciento y las frutas, 15 por ciento. En particular, según los registros del Indec, el precio de los tomates subió 73 por ciento, y el de la zanahoria 67 por ciento. Les siguieron los limones (42 por ciento), las naranjas (26 por ciento) y las manzanas (26 por ciento).
Pero en los últimos meses volvió a dispararse el precio de la carne: el asado se encareció 11 por ciento; la nalga, 7 por ciento y la paleta, 6 por ciento, entre otros cortes. También empezó a volar el pollo: casi 14 por ciento en sólo cuatro meses. Y se evidenciaron remarcaciones en aceites (hasta 13 por ciento) y lácteos (4 por ciento en promedio).
La estampida en el precio de alimentos, que golpea a los sectores más pobres de la población, ocurrió a pesar de los acuerdos de precios supuestamente prorrogados hasta fines de 2007 por el secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Más allá de la canasta de alimentos, el 1,1 por ciento del índice de precios al consumidor de enero sigue generando polémicas entre los analistas. Voceros oficiales reconocieron que el Indec modificó en enero la metodología de medición de dos rubros claves: la medicina prepaga y el turismo. Estas “modificaciones metodológicas” permitieron compensar la fuerte suba en la canasta de alimentos y cerrar el IPC con un aumento de sólo 1,1 por ciento, por debajo del 1,3 por ciento de igual mes del año pasado.
recibir ACTA en tu correo electrónico
Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina
(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar
sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar