
El derecho a la identidad es inalienable. Y en Córdoba se viola sistemáticamente. La problemática es inagotable. Podrían abordarse infinitos interrogantes alrededor de este fenómeno que en los últimos años se ha ido colando en la realidad cordobesa a través de las denominadas "erradicaciones".
Ya pasaron tres años desde que el Gobierno de la provincia, a través del programa “Mi Casa, Mi Vida” organizó un mega operativo para trasladar a más de 12.000 familias a los denominados “ciudades - barrios”. Tres años después, muchos de aquellos vecinos, beneficiarios de una vivienda de escasos metros cuadrados volvieron a ser noticia. Esta vez porque decidieron regresar a su lugar de origen junto a unos pocos que nunca se fueron. ¿Porqué eligieron irse?, ¿porqué volvieron?, ¿porqué nunca se mudaron?.
Varias son las agrupaciones y entidades que desde hace tiempo buscan desterrar del almanaque el feriado del 12 de octubre para reemplazarlo por otro que hable de nuestras raíces, de nuestra historia, esas que muchas veces negamos, esas de las que alguna vez los aborígenes, formaron parte. Con estas nuevas concepciones, donde el Otro se concibe como una persona diferente, pero con iguales derechos que su pares, surge la necesidad de desterrar la vieja concepción de colonización para hablar de diferencias, respeto, identidad, cultura, derechos... innumerables vocablos que no caben en el término que nació tras la llegada de los españoles a estas tierras. Sin embargo, más allá de estas ¿tendencias?, más de uno parece ignorarlas.
Al sudeste de la ciudad, luego de atravesar algunos kilómetros de "campo", allí en la periferia de la capital, pasando la planta de Fiat, por la ruta 9 sur a la altura del kilómetro 690 se encuentra la "Ciudad de Mis Sueños". La antesala de este barrio ¿ciudad?, que alberga 2.364 personas, son dos espacios recreativos (o plazas) que ningún niño visita. "¿A quién se le ocurre construir una plaza a orillas de la ruta?, ¿qué madre puede estar tranquila si sabe que sus hijos juegan solos en un lugar tan peligroso?", se pregunta irónicamente Rosana Campana, una psicóloga especialista en Atención Primaria de la Salud (APS) que desde hace años trabaja en comunidades marginales (¿o marginadas?) y que hoy es la referente del Centro de APS de "Ciudad de Mis Sueños".
Siguiendo con el recorrido, un poco más allá comienzan a asomarse las casas que se diferencian unas de otras sólo por los detalles que las familias que las habitan les han ido agregando. "A través del cuidado de las viviendas uno puede dar cuenta del nivel de apropiación de los espacios", destacó Rosana. Tres cuadras más adelante, la comisaría, el Centro de APS y un supuesto "polideportivo" se ubican justo frente a los emblemáticos edificios de la escuela primaria y jardín de infantes, típicos de la gestión delasotista. La cancha de asfalto construida para la práctica de diversos deportes no se utiliza y la estructura de ladrillo destinada a una virgen que nunca estuvo, es el lugar que reúne a los jóvenes que por las tardes le rinden tributo a “Santa Marihuana”.
Solitarios quedan en el amplio espacio sin árboles el pequeño centro de salud y la opulenta comisaría. ¿Qué te sugiere un barrio donde la comisaría es más grande que el centro de salud?, preguntó Rosana.
Un canal sin desagüe, una planta de líquidos cloacales que no funciona (por ello, estos líquidos se encuentran disgregados a las orillas de los cordones cunetas), una población dividida como consecuencia de la mezcla de comunidades: villa La Maternidad, La Rotonda, Mandrakes, El Chaparral, Los Cuarenta Guasos, Guiñazú Sur, algunos afectados por el tornado de villa La Tela y familias erradicadas de la estación ferrocarril Mitre. Esto es actualmente “Ciudad de Mis Sueños”. “No podemos referirnos a una población con las mismas raíces con una misma historia. No podemos hablar de una comunidad porque no comparten una historia, una identidad en común”, señaló Rosana. “Los que están acá vinieron porque quisieron porque creyeron en las promesas de los punteros políticos de Riutort y Olivero y si bien sus condiciones sanitarias han mejorado, se sienten frustrados y engañados porque muchos de los que se les prometió no se ha cumplido por eso muchos la llaman La Ciudad de Mis Pesadillas”, agregó la profesional.
En este contexto Rosana reflexiona: “los procesos de erradicación que el Gobierno lleva a cabo con el Programa ’Mi Casa Mi Vida’ parten de denominar a la vida como sinónimo de una casa. Pero sabemos que la vida no transcurre solamente dentro de una casa". Asimismo, la profesional explicó la importancia de tener en cuenta la denominación que llevan estos barrios llamados "ciudad". "Una ’Ciudad’ supone entonces que en su interior hay ciudadanos; es decir sujetos de derecho. Diseñar una ciudad sin ciudadanos en tanto sujetos de derecho, alejados de las fuentes de trabajo, en la periferia de las fuentes de supervivencia habituales, sumado a la decisión de incluir sujetos de diversos lugares de procedencia, con diferentes pautas culturales, sólo unidos por la vulnerabilidad ha creado una composición local de ciudadanos sin ciudades, sin trabajo y alejados de sus representaciones de lo que es tener una buena salud", detalló la especialista.
La problemática es inagotable. Podrían abordarse infinitos interrogantes alrededor de este fenómeno que en los últimos años se ha ido colando en la realidad cordobesa a través de las denominadas "erradicaciones". Aquí no estamos evaluando si dichas erradicaciones han sido buenas o malas, si se trata de asistencia o asistencialismo, de meros negociados económicos entre el Gobierno y las empresas constructoras o simplemente de un racismo disfrazado de caridad que intenta excluir a los marginados del "bello" paisaje urbano. Esto es sólo una instancia de reflexión para poder entender y así superar el mero prejuicio “de que se quejan si al fin y al cabo siempre el Gobierno les da todo”. El derecho a la identidad es inalienable. Y en nuestra ciudad se viola sistemáticamente.
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