
Por Gustavo Zurbano*, especial para ACTA. El pasado sábado 10 de diciembre se homenajeó a Adolfo Pérez Esquivel, a 25 años de la recepción del premio Nobel de la Paz. El acto se llevó a cabo en el Hotel Bauen, símbolo y baluarte de las empresas recuperadas por sus trabajadores sobre el cual el poder hoy apunta.
Ante un auditorio repleto, desde un escenario de sillones y mesa ratona que invitaba a la charla distendida, durante dos horas los presentes recorrimos más de un cuarto de siglo de lucha de los Pueblos oprimidos.
Con la ayuda de la proyección de fotos y videos, y la coordinación de Mona Moncalvillo, directora de Radio Nacional, y de Roberto “Tito Cossa”, dramaturgo y director de teatro, el propio Adolfo nos fue relatando y recordando hechos que han marcado a fuego su memoria y nuestra historia.
Desde el momento en que recibe su galardón en Noruega, juramentando ser “la voz de los que no la tienen”, hasta el fervoroso editorial en reconocimiento a su figura, emitido en aquellos días por Radio Colonia y que fuera causal de despido a su autor, Ariel Delgado.
Desde su detención a manos de la dictadura argentina en 1977, a su expulsión de Uruguay y por dos veces de Paraguay, por parte de regímenes que no admitían ninguna intromisión de signo popular.
Desde la molesta actitud papal ante le denuncia de 84 niños secuestrados, hasta la aún hoy ignorada respuesta de nuestro obispado que nunca aceptó su visita.
Una tras otra se sucedieron las imágenes para dar pie al relato y a las anécdotas de este artista plástico egresado de la Escuela Superior de Bellas Artes de La Plata, que a los comienzos de los 70 fundó el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ).
Joven luchador de 74 años que acompañara nuestra Marcha Grande por el Trabajo desde Rosario a Capital Federal, que montara a caballo para recorrer Chiapas o que se subiera a los micros de las caravanas del Frente Nacional contra la Pobreza.
Sara Mamani , Ely Quirino y otros artista populares le fueron poniendo música a un encuentro colmado de emoción, con los relatos de nuestro compañero Claudio Lozano, con el recuerdo vigente de Olga Aredes y con las sentidas palabras de Norita Cortiñas, presidenta de Madres de Plaza de Mayo - Línea Fundadora, quien nos dijera: “una sola palabra para definir a Adolfo: coherencia”.
Estupenda síntesis para definir a quien con su reconocimiento se convirtiera en un bombazo sobre la santabárbara de la dictadura. De esa dictadura que prohibiera a sus embajadores a concurrir a cualquier acto al que asistiera nuestro Adolfo, en cualquier rincón del planeta.
Estupenda síntesis para quien hoy, “con menos pelos y el mismo tesón” según sus propios dichos, se ve a sí mismo joven en la pantalla sin tener que desdecirse de aquel compromiso hecho en Noruega y hacia el mundo, de “poner su premio al servicio de la causa de los Pueblos oprimidos” .
Y por último, estupenda síntesis para definir a un hombre simple, tierno cuando se dirige a su eterna y enorme compañera Amanda. Con unas espaldas anchas y encallecidas del trajín que nos sigue diciendo: “esto no es cosa de un solo hombre... cuidado con esas ideas... mi premio siempre ha sido de ustedes, compañeros de ruta, y con ustedes hemos padecido muchos traspiés, pero no podemos bajar los brazos. Un verdadero revolucionario debe ser un hombre honesto, y como tal saber que aunque pierda batallas finalmente obtendrá la victoria, para alcanzar un mundo de paz y de justicia”.
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