
Integrantes de las conducciones de la Federación Judicial Argentina (FJA-CTA) y de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) concretaron una importante entrevista en la cual los representantes de los trabajadores de los Poderes Judiciales de todo el país plantearon la necesidad de profundizar el Programa de Salud Laboral ya que se trata de un gremio donde se han multiplicado los problemas y los riesgos de carácter psíquico como consecuencia de la magnitud que ha alcanzado en la Argentina de este milenio la conflictividad social.
La FJA y la SRT tienen en vigencia una serie de cursos sobre Salud Laboral en el marco de un Programa del cual en una primera etapa participaron el año pasado más de 250 trabajadores de los Poderes Judiciales como parte de su formación como delegados de Prevención Laboral en cada provincia.
Néstor Minatta, Coordinador General del Programa de Formación de Delegados de Prevención en el ámbito judicial y secretario general de la Asociación Judicial de Entre Ríos (AJER-CTA), y Gustavo Silnik, secretario adjunto del sindicato de judiciales de Mendoza y coordinador pedagógico del Programa, plantearon, con buena acogida, la necesidad de profundizar la formación a través de una segunda etapa propuesta por la FJA en la cual los participantes harán trabajos de investigación y desarrollarán proyectos regionales de salud laboral. La delegación laboral fue recibida, entre otros, por el doctor Osvaldo Augé, gerente de Prevención y Control de la SRT, y por la titular del Departamento de Capacitación, Silvia Giordano.
La problemática sobre salud laboral, especialmente psíquica, se ha agravado en la última década entre los judiciales al extremo de que son cientos los trabajadores con diagnóstico y en tratamiento por severos estrés, úlceras, alergias crónicas, cuadros de insomnio y depresiones como consecuencia de la sobrecarga laboral, las pésimas condiciones de trabajo en la mayoría de los ambitos del Poder Judicial, la falta de ventilación, el exceso de ruidos, el hacinamiento en oficinas recargadas de expedientes con presencia de hongos y ácaros, etcétera.
Minatta y Silnik señalaron a ACTA que inevitablemente los trabajadores judiciales tienen como “materia prima” laboral el conflicto, y que tales conflictos se han multiplicado a partir de la grave crisis de principios del milenio que se ha desatado por la aplicación de recetas neoliberales. Nos dieron como ejemplo que en un juzgado de familia de Entre Ríos hubo que tramitar en solo quince días sesenta casos de violencia familiar en los cuales había que resolver situaciones de inmediato, muchas veces con niños o mujeres golpeadas, y determinar si se excluía o no al violento de la casa. “Situaciones de tal gravedad -señalaban- repercuten psíquicamente en el trabajador judicial que, además, se encuentra sobrecargado de horas laborales y en ámbitos insalubres”.
Y explicaban: “El trabajador en su trabajo produce pero necesariamente en el tiempo libre debe reproducirse para cargar las pilas y volver así a producir en horas de trabajo. Pero muchas veces los compañeros, al estar tantas horas dentro del juzgado, no tienen tiempo para reproducirse y volver nuevamente a poner todo de sí en la tarea”. Por supuesto, las consecuencias no tardan en hacerse sentir, ya sea a través de enfermedades psíquicas o físicas, como las úlceras o las alergias crónicas.
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