
Por Darío Giavedoni, enviado especial. El pueblo boliviano elegirá este domingo nuevos representantes. Evo Morales, el candidato a presidente el Movimiento al Socialismo (MAS) está en la cima de las encuestas, y la intención de Podemos y Unión Nacional (UN) está en baja. Sin embargo, Evo Morales debe alcanzar la mitad más uno de los votos, pues de lo contrario la decisión estará en manos del Congreso Nacional, donde se presume que una coalición de la derecha y el centro impedirá que el líder indigenista llegue al poder. Así es como se prevé que se definirán las elecciones, con las aguas bien divididas entre la vieja conducción política y los movimientos que agrupan a los trabajadores. El choque entre la unidad de los movimientos populares y la clase política tradicional, también se verá en las urnas.
Las medidas neoliberales impuestas por los dirigentes de los noventas le dieron el último empujón a la ya explotada población boliviana, para enterrarlos en la miseria. La privatización por decreto de las telecomunicaciones, el gas y el petróleo, y el incremento del latifundismo, produjo tal distribución de la riqueza que los mineros y campesinos se vieron obligados a trabajar en condiciones de semiesclavitud. Porque cuando en Potosí aún se sigue entonando “tendre que seguir quemando los pulmones Viditay” no sólo es folklore, sino el canto de los mineros que trabajan casi en las misma condiciones que cuando el colonialismo español saqueaba la entrañas de América.
Ese modelo de aceleración de las condiciones de explotación de los trabajadores se detuvo cuando los movimientos de obreros, campesinos y originarios bajaron desde El Alto a La Paz y derrumbaron al gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada, en octubre del 2003. Tras la caída de “Goñi”, asumió como jefe de Estado el hasta entonces vicepresidente Carlos Mesa, que continuó con las políticas neoliberales hasta que nuevamente las insurrecciones populares le obligaron a renunciar en junio del 2005. Luego de ese tras pie de los partidos de derecha por imponer el “orden constitucional” llegó a la presidencia Rodríguez Veltzé que tuvo que convocar a elecciones generales obedeciendo a las presiones del los movimientos populares.
Pero eso no fue todo. La elecciones se postergaron pues Rodriguez Veltzé firmó un decreto por el cual se le sacaban bancas de diputados al departamento de Potosí donde “casualmente “son mayoría los votantes del MAS, y se le agregó un escaño a Santa Cruz, jurisdicción gobernada por la oligarquía terrateniente. Disposición importante ésta, pues si ningún candidato a presidente supera la mitad más uno de los votos la elección se delegaría al poder legislativo.
Sin embargo, los movimientos sociales de Potosí intensificaron los cortes de ruta y consiguieron que el presidente Rodríguez diera marcha atrás a su decreto. Así es como luego de tantos cortes y vueltas, altos y bajos, se realizarán las elecciones bolivianas el domingo 18 de diciembre.
Evo Morales, uno de los que encabezó las insurrecciones que derrocaron a Sánchez de Lozada, es el probable vencedor de los comicios. Es el líder del MAS, el instrumento político de los pueblos originarios y el movimiento que aglomera a obreros y campesinos sindicalizados.
Aunque las elecciones estén “ahisito nomás” no le será tan fácil salir victorioso “al Evo”. Si bien las encuestas lo dan como ganador, el MAS debe alcanzar la mitad más uno de los votos válidos, de lo contrario es probable que los partidos de centro y derecha se unan en el parlamento contra el enemigo común.
Según la empresa de Encuestas y Opinión, Evo Morales obtendrá el 36 por ciento de los votos, mientras que Tuto Quiroga de “Podemos” llegará al 30 por ciento, y Doria Medina de Unión Nacional (UN) el 12 por ciento. Con estos resultados habría que esperar hasta la Asamblea Constituyente del año que viene, para saber quién será presidente de Bolivia.
Este domingo se votará para presidente y vicepresidente, y ganará quién saqué el 50 por ciento más uno de los votos válidos. Si ningún candidato alcanza la mayoría absoluta, como lo predicen las encuestas de opinión, la decisión quedará en manos del Congreso Nacional.
En tal caso los diputados y senadores deberán optar por alguno de los dos candidatos que hayan obtenido las máximas minorías. Si ningún candidato recibe la mitad más uno del total de los legisladores en dos rondas consecutivas, será vencedor quien haya sacado más votos en las elecciones generales.
También se elegirán Senadores y Diputados Plurinominales, que integran una lista única con el Presidente y Vicepresidente, y se podrá votar por primera vez para Prefecto, pues hasta estos comicios las autoridades de cada departamento eran designadas por el Jefe de Estado.
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