Cultura y medio ambiente
La ignorancia consentida puede destruir 10 mil años de historia
Miércoles 14 de febrero de 2007

Registros rupestres de las culturas Ayampitin (8000 años), Ongamiras (6000 años), Comechingones (2000 años) y Sanavirones (800 años), están en severo riesgo gracias a la actividad minera. El 6 de febrero, organizaciones preocupadas por el tema realizaron un encuentro informativo en el Cabildo de la ciudad de Córdoba.

La publicación de la Voz del Interior del domingo 21 de enero pone de manifiesto, una vez más la ignorancia consentida del pueblo cordobés frente a su historia y la defensa de la memoria.

Miles de años han visto trascender el recuerdo vivo de generaciones ancestrales, quizás las más antiguas del continente, grabado en las piedras de nuestro norte cordobés.

Hablamos de casi diez mil años de historia, ya que los registros de nuestra cultura Ayampitin datan de 8000 años, Ongamiras 6000 años, 2000 años de Comechingones y 800 años de Sanavirones, cuyo mayor patrimonio cultural son los registros rupestres de bastos aleros y cuevas de nuestras sierras, los cuales convivieron la llegada de la Conquista y dejaron registros de la misma, así como de costumbres, rituales, festividades, escenas de cacería y domesticación de animales, conocimientos científicos, medicinales y astronómicos, documentos únicos de culturas cuya existencia aún hoy es un misterio indescifrable para muchos.

Documentos únicos, decía, que por unos cuantos billetes vienen siendo destruidos, ya que en este sistema neoliberal parece que no debe quedar en pie ningún registro de memoria cultural, y todo se mide de acuerdo a intereses materiales.

En la década del noventa, solo en La Playa se dinamitaron alrededor de cuarenta aleros con vestigios de pintura rupestre sólo para vender el granito, sin importar que nuestra historia vuele en pedazos. Sé que lo mismo ha sucedido en sitios como La Rinconada, Casa de Tigre, La Higuera, en otros sitios donde se explota mármol Azul, el alero de Cerro Colorado que fue dinamitado para construir la capilla, sin contar los deterioros producidos por el turismo, los traficantes de registros arqueológicos o la ignorancia de los pobladores del lugar.

Y hoy vienen por más. Según el informe, la secretaría de Minería de la provincia rechaza la propuesta presentada por la Dirección de Patrimonio Cultural de conformar una zona de exclusión de explotación minera para preservar los yacimientos arqueológicos en un radio de 279.159 hectáreas y 809 metros cuadrados, así como un perímetro de 313.696,18 metros en una franja del Departamento Cruz del Eje y gran parte del Departamento Minas.

La explotación de 61 minas y 10 zonas de explotación cateo es inminente, quedando expuestos sus pobladores a la contaminación del agua, la tierra y el aire, la destrucción de su territorio, y la pérdida de documentos invalorables de nuestra historia aún no contada, vestigios de patrimonio cultural de los cuales las generaciones venideras no podrán disfrutar.

Y los descendientes de estas culturas milenarias, hambrientos por reconstruir su memoria, ya no podrán, porque lo único que les queda es la voz de las piedras y ellas agonizan y estallan, en un grito desgarrador de nuestra Madre Tierra.

Ni si quiera las piedras tienen derecho a la vida en este Sistema Capitalista.

Fuente: Mariana Acconero, coordinadora de Achy Huen, un programa de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba destinado al rescate del arte prehispánico.

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