
Por Alicia Depetri. El poder económico de la multinacional japonesa Bridgestone-Firestone, filial Argentina, no pudo quebrar la resistencia y voluntad de lucha de los trabajadores que, junto a sus representantes gremiales, lograron que la empresa se sentara a la mesa de diálogo para poder resolver un conflicto que, desde un comienzo, trascendió lo puramente gremial para convertirse en un caso testigo por el desapego de la patronal a respetar las leyes y convenios que rigen las relaciones laborales en nuestro país, ignorando incluso las resoluciones de las máximas autoridades ministeriales que la intimaban a dejar sin efecto los despidos.
El lunes 13, los trabajadores levantaron el paro general que paralizó la fábrica de Llavallol durante 4 días porque, en una reunión realizada en el Ministerio de Trabajo de la Nación, la empresa aceptó ampliar el número de reincorporaciones a 12, pagar los salarios caídos y dejar sin efecto las sanciones que había impuesto como reacción a las medidas de acción desarrolladas por lo activos durante el conflicto. También se comprometió a elevar un 10 por ciento el monto indemnizatorio que marca la ley, para los operarios efectivos, además de pagarles, a todos los despedidos, una suma fija de 10 mil pesos por única vez, más otra de mil durante 20 meses, así como reconocerles la suma de 10.500 pesos por la participación en las ganancias -ejercicio 2003-, que hace varios meses había abonado al personal que continuaba trabajando. Además, seguirá haciéndose cargo de la cobertura de obra social durante 20 meses.
En el acta que se firmó, homologada por los ministros de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, y de de Buenos Aires, Roberto Mouillerón, el presidente y vice de la multinacional, Ariel Dipascuale y Daniel Benvenutti, dejaron constancia que implementarán cursos de capacitación para la reinserción laboral y que, ante la conformación de una cooperativa de trabajo, le derivarán los trabajos que la planta terceriza, respetando las mismas condiciones que establece con otras empresas del rubro. En representación de los trabajadores firmaron Pedro Wasiejko, secretario general del Sindicato Único de los Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA), Ramón Alvarez, secretario gremial, y Ricardo Plaquín, de la seccional Llavallol del gremio.
Los empresarios -que son los mismos que hace casi un año provocaron el conflicto al negarse a discutir los términos de un nuevo Convenio Colectivo que reemplazara al que había vencido en mayo de 2001, a la vez que impedían a los representantes gremiales su ingreso a la fábrica- debieron aceptar incluir en el acta su compromiso de respetar la libertad y democracia sindical y reiniciar las discusiones por un nuevo Convenio.
Fue un conflicto largo y complejo que puso a prueba el temple de todos los trabajadores. Los despedidos resistiendo en las carpas en la entrada de la fábrica y sus compañeros soportando las presiones de la empresa para quebrar el quite de colaboración. Todos enfrentaron el fracaso reiterado de las negociaciones por la intransigencia patronal que recién aceptó retomar las conversaciones después que los trabajadores bloquearan el ingreso de camiones y por la intervención directa del Ministro de Trabajo provincial. En ese ámbito surgió la primera oferta empresaria de reincorporar a unos pocos despedidos que después retiró tras varias semanas de dilaciones. Esto provocó que nuevamente se bloquearan los portones de la planta, medida que fue reprimida por la policía bonaerense en cumplimiento de una orden del fiscal de Lomas de Zamora, Daniel Gualtieri, avalada por el fiscal general Homero Alonso. Es importante destacar que mientras los dirigentes sindicales estaban explicando al fiscal el desarrollo del conflicto, éste dio la orden de desalojo mientras mantenía conversaciones telefónicas con el presidente de Bridgestone. Esto motivó que una numerosa asamblea decidiera el paro general de actividades.
Pero para entender la verdadera dimensión de este conflicto es importante hacer un repaso de lo sucedido en los últimos años. En el año 2000, cuando el país atravesaba una de las crisis más profundas y la empresa amenazaba con dejar de producir en la Argentina, los trabajadores aceptaron firmar un convenio que, entre otras cuestiones, implicaba una reducción salarial del orden del 20 por ciento y que, si bien vencía en mayo del año siguiente, contenía una cláusula que resguardaba su vigencia hasta que fuera reemplazado por otro.
A principios del año pasado, la política económica permitió que la producción industrial empezara a tener signos de recuperación y la industria del neumático pasó a obtener grandes ganancias, producto del aumento de la demanda interna y de los volúmenes de exportación, favorecidos por el tipo de cambio. Los balances de 2002 que presentaron las tres empresas de neumáticos determinaron ganancias netas de 42.361.000 de pesos para Bridgestone; 21.548.000 para Fate y de 34.872.000 para Pirelli pese a que, en los tres casos, debieron remontar importantes déficit que traían de arrastre.
Las empresas, incluida Bridgestone, anunciaron importantes inversiones para hacer frente a la necesidad de aumentar la producción, pero sin recomponer los salarios de los trabajadores, cuya incidencia en los valores de venta apenas alcanza entre un 2 y un 4 por ciento. Los dirigentes del SUTNA, encabezados por Wasiejko, comenzaron entonces los intentos para negociar un nuevo convenio con la multinacional japonesa, que había recibido el apoyo de sus operarios para superar la crisis económica, pero los empresarios frustraron toda posibilidad y los trabajadores decidieron un quite de colaboración que derivó en los despidos. Tomada y Mouillerón consideraron ilegal esta medida por cuanto dicho convenio establecía explícitamente la prohibición de producir despidos y la intimaron a revertir dicha medida a través de tres resoluciones que fueron ignoradas.
Al mismo tiempo, los empresarios impedían la democracia y libertad sindical no sólo al prohibir la entrada a la fábrica a los delegados y dirigentes gremiales sino al obligar a afiliarse a una obra social distinta a la del gremio a los casi 200 nuevos trabajadores que incorporó. El objetivo estaba claro. El gremio debía elegir una nueva conducción sindical y la multinacional jugó todas sus cartas para impedir que triunfara la lista liderada por Wasiejko. Pero no lo logró y apenas una semana después de conocerse el resultado electoral, despidió a Alberto Messidoro, su gerente de Recursos Humanos, quien había sido el ejecutor de la política antisindical. Y mientras desconocía una de las cláusulas del convenio, hacía efectivo el pago de alrededor de 10 mil pesos a cada trabajador en concepto de participación en las ganancias, cumpliendo con otro de los puntos del mismo convenio.
Hoy este conflicto llegó a su fin por la firme decisión de los trabajadores de Bridgestone-Firestone que no fueron permeables a las presiones de la empresa y avalaron las negociaciones que llevaban adelante sus representantes gremiales y gracias al apoyo permanente que recibieron de la CTA y de diversas organizaciones sociales, que se habían comprometido a nacionalizar el conflicto.
recibir ACTA en tu correo electrónico
Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina
(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar
sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar