
A fin de corregir y evitar frecuentes errores en el abordaje de los temas relacionados con los discapacitados, que en algunos casos tiene hasta una carga de prejuicio o discriminación, se editó en España una Guía de Estilo sobre Discapacidad, que está dirigida a los periodistas.
“No se trata de acusar de nada, sino de que se sepa que estamos utilizando términos negativos y en algunos casos ofensivos”, sostiene en la introducción José Luis Fernández Iglesias, autor del trabajo que fue editado por el Real Patronato sobre la Discapacidad.
Fernández Iglesias trata de “poner en positivo la terminología que afecta a las personas con discapacidad” tras la evolución que ha experimentado este colectivo que trata de buscar la normalización después de siglos de “ocultación”, según explica un cable de la agencia española EFE.
Aunque Fernández Iglesias cree que “el mundo educativo ha tomado conciencia de este asunto al igual que empresarios y sindicatos que trabajan en la tarea de normalizar la presencia de personas con discapacidad”, advierte que muchos de los medios de comunicación “siguen ignorando y teniendo perjuicios y barreras mentales”.
El autor del trabajo remarca la conveniencia de utilizar “persona con discapacidad” sobre “minusvalía”, al considerar que “valía hace referencia a la cualidad de la persona por lo que carecer de ella es peyorativo, mientras discapacidad es una palabra que guarda relación con la carencia de capacidad para desempeñar ciertas funciones”.
En su diagnóstico del tratamiento informativo de la discapacidad el autor de la Guía considera que las noticias sobre este tema “escasean, pecan de negatividad, sensacionalismo, victimismo, o falta de naturalidad”.
Aconseja evitar palabras erróneas, incorrectas o en desuso entre las que cita “contrahecho”, “deficiente”, “demente”, “impedido”, “inútil”, “mongólico”, “perturbado”, “tarado”, “tullido” o “retrasado”.
Destaca que entre los errores más habituales la utilización de etiquetas genéricas como “los sordos”, cuando lo razonable es hablar de “personas sordas”, y rechaza la utilización de la palabra “normal” en contraposición a la de personas con discapacidad así como de los verbos “padecer” o “sufrir” una discapacidad que considera negativos.
Tampoco ve correcta la utilización de la palabra “postrado” en una cama o una silla de ruedas, ya que recuerda que este término significa “rendir, humillar, debilitar o quitar el vigor”.
El uso de eufemismos condescendientes como “personas diferentes”, con “problemas físicos” o “invidentes” impiden mirar a la discapacidad de frente, señala el autor, que cree que lo correcto sería hablar de “personas con discapacidad física” o con “problemas de movilidad”.
Fernández Iglesias cree que se debe ofrecer una imagen activa de las personas con discapacidad y cubrir el área de forma proporcionada “sin caer en la conmiseración ni presentarlos como héroes”.
Fuente: Agencia Nacional de Comunicación de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA-CTA).
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