Alto Valle de Neuquén y Río Negro: trabajadores rurales de la CTA
Conquistaron una mejora salarial
Jueves 19 de enero de 2006, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

Por Hugo Carballo*. Los trabajadores rurales neuquinos, afiliados a la CTA, mantuvieron por el término de tres días cortes sobre la ruta 7 a la altura de la localidad de El Chañar, logrando un aumento salarial de un 25 por ciento aproximadamente, lo que significará el cobro de 49 pesos por día de cosecha para el periodo 2005 - 2006 para más de 3500 trabajadores rurales (cosechadores y de la producción de vino).

El conflicto que comenzó el pasado lunes, luego del fracaso de una negociación que llevó meses y no dio sus frutos, tuvo su punto mas conflictivo a partir de la jornada de ayer, cuando los trabajadores endurecieron las medidas, instalando tres piquetes en forma simultánea con corte total de las vías de comunicación, e impidiendo la salida y la entrada de los camiones con fruta a los galpones frigoríficos.

Como es sabido en la zona del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, los trabajadores rurales trabajan de sol a sol en verano, soportan las heladas en invierno y el humo que les mata los pulmones en el fin de la primavera, y a hasta ayer lo hacían por 37,64 pesos diarios más 1,33 de presentismo, mientras cosechan alrededor de 1.200 kilos de fruta, o sea producen una ganancia de 4.800 pesos cada uno por día (para otros).

Los trabajadores denunciaron a través del secretario general de la CTA El Chañar, Miguel Salamanca, a las grandes firmas como Expofrut, Moño Azul, Rosauer y La Inversora, que obtienen créditos blandos que nunca pagan, del Banco de la Provincia del Neuquén y venden en Europa un kilo de fruta a casi 1 euro, o sea 4 pesos, mientras que al productor le pagan tan sólo 20 centavos.

A pesar de la dureza de la medida, estas firmas, en su mayoría asociadas con grupos multinacionales extranjeros que obtienen ganancias superiores al 100% de rentabilidad, se negaban a pagar el aumento pedido por los trabajadores; como si fuese poco, a los pequeños productores les pagan apenas el costo de la fruta y especulan con una mala cosecha para comprar sus tierras a bajo precio y así concentrar las riquezas de nuestro suelo.

Por todo esto es que los trabajadores se mantuvieron apostados en la ruta, durante tres días y dos noches entregando volantes a los automovilistas, solicitando disculpas por las molestias y recibiendo cada vez más apoyos a su reclamo.

En el marco de la medida de fuerza, Miguel Salamanca explicó su rechazo a la baja de las retenciones en la exportación. “Lo que se debería hacer - indicó- es subirlas hasta obligar a los empresarios a que el 10% de la producción que venden en el mercado interno, los consumidores la puedan comprar más barato y se les aplique impuestos a las ganancias progresivos para que les paguen salarios dignos, garantizando que no sólo puedan comer todos los días sino tener un techo digno y poder llevarle un verdadero bienestar a sus hijos”.

Los trabajadores rurales afiliados a la CTA demostraron en esta lucha que son verdaderamente independientes de las patronales, y por eso lograron esta importante conquista salarial, asegurando además que no están dispuesto a ceder en la lucha por mejores salarios y condiciones de vida para el conjunto de trabajadores.

Solidaridad y apoyo a la lucha de los trabajadores rurales
Opinión. Por Luis Giannini, secretario de Comunicación y Difusión de la Central rionegrina.

La CTA Río Negro expresa su apoyo y solidaridad con la lucha de los trabajadores rurales de la región por un salario digno. Verdaderos sostenedores de la fruticultura, siempre son postergados en el reparto de los beneficios. Pero cuando se trata de pagar los costos laborales y productivos de los fracasos empresarios y políticos, son los primeros en la lista de la desocupación, la miseria y postergación de sus derechos.

El sistema frutícola es un agronegocio vinculado desde siempre a la exportación (y desvinculado del mercado interno y de las necesidades reales nuestras) no por fuerza de la naturaleza, sino por voluntad de quienes lo impusieron así desde hace mucho tiempo. Por eso asombra cuando hablan del “mercado” para fijar el precio de la fruta y que de ello también dependen los salarios.

Todos sabemos que esto depende de otras voluntades, para nada anónimas, que se esconden detrás del mote de “mercado”, que deciden cuánto le van a quitar de su participación en las ganancias del negocio a los más débiles, los trabajadores y los pequeños productores. El problema de “mercado” es un problema de distribución de las riquezas y de concentración de poder económico, para fijar un salario justo en primer término y luego un precio justo para el producto del sacrificio de los que trabajan en la región.

Es lamentable que no ingrese en la discusión el precio discrecional de los combustibles, así como el precio discrecional de los insumos agrícolas que además suelen ser dañinos para la salud humana, con la agricultura química actual, absolutamente dependiente de laboratorios multinacionales con quienes nadie hace debates, sobre los costos unilaterales o sobre la calidad y el riesgo para la salud de todos de los venenos que nos imponen para que la fruta luzca como quiere “el mercado”. Ese costo productivo lo paga el conjunto de la población y es como la deuda externa: ilegítimo, injusto y no debiera pagarse más.

Todos como sociedad somos responsables de encontrar un sistema productivo sustentable que nos permita vivir mejor y no morir cuanto antes, asombrados de que lo que nos da trabajo al final nos enferma y nos mata. Justamente son los trabajadores rurales los más perjudicados por los agroquímicos, pero también por los bajos salarios, por las malas condiciones de trabajo y por la desprotección en que los pone este sistema.

Pero algunos son culpables de la injusta distribución de la riqueza, de la pobreza, la desocupación y la enfermedad: son los que se han enriquecido con estas desgracias humanas. Los grandes grupos económicos que manejan el negocio frutícola desde la concentración económica, con las grandes chacras, los grandes galpones, las grandes cadenas de distribución y exportación, los bancos, los laboratorios, los técnicos subordinados a los grupos económicos y los gobernantes corruptos que nada hacen para que haya las mismas garantías para los más débiles que hay en países centrales capitalistas: legislación anti monopolios, precio sostén, regulaciones laborales, protección al pequeño productor y protección a la salud de todos.

Como sociedad estamos hartos de que los mismos que siempre salen ganando, sigan capitalizando ganancias y socializando los costos de sus “emprendimientos”. Por eso imaginamos una mesa de discusión donde estemos todos, principalmente los trabajadores, y donde discutamos los costos y las ganancias de todos y para todos. Esa sería la mesa frutícola que nos permitiría de verdad pensar y trabajar por el futuro.


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