
Por Pedro Raúl Noro*. Se sabe que Pachakuti es un término quechua relacionado con renovación, revolución, cambio o transformación. Cualquiera de esas acepciones son determinativas de lo que pasó días atrás, en Bolivia, cuando Evo Morales Aima asumió como presidente constitucional en la ciudad de La Paz. La noticia se conoce muy bien y fue ampliamente difundida por la prensa: ganó las elecciones con el 54 por ciento de los votos y es el primer presidente indígena de esa nación, que tiene el 65,5 por ciento de sus 10 millones de habitantes pertenecientes a los pueblos originarios.
Los diarios y la TV informaron sobre la orientación progresista del nuevo gobierno, su defensa de la coca -no de la cocaína- como producto andino original y la eventual alianza con Hugo Chávez, Fidel Castro y otros gobiernos de la región (como el de Lula en Brasil y el de Kirchner en Argentina) en contra de EEUU. Algunos medios tomaron nota también de la curiosa costumbre del Evo de negarse a usar corbata y reemplazarla por un sencillo pullover de Alpaca o un elegante saco de fibra del mismo animal.
Pero lo que pocos dijeron es la notable significación religiosa y espiritual que esta presidencia significa para la tradicional cultura Andina que por cierto se extiende por la cordillera desde Colombia hasta Chile. Y esta significación esta íntimamente relacionada con la ceremonia previa realizada el día anterior, el 21 de enero, en el templo de Kalasasaya, ubicado en Tiwanaku, el más importante centro religioso del mundo precolombino -con una antigüedad tres veces milenaria y anterior al propio imperio de los Inkas- y cuyo peso simbólico es igual que la tierra santa para los cristianos. Allí se encuentra la famosa “Puerta del Sol”, el antiguo calendario andino.
Todo ello fue especialmente tenido en cuenta por la delegación de la Organización Barrial Tupac Amaru, de la CTA, que asistió a tales actos, encabezada por Héctor Méndez y Matías Cremonte, de la ATE a nivel nacional, y Fernando Acosta, Milagro Sala, Anabel Yaciani, Daniel Arias, Alejandro Mancilla, Ana Isabel Brizuela, Hugo Vilte, Carlos Lanze y quien escribe estas líneas, de la CTA jujeña.
El filósofo Rodolfo Kush dijo que el hombre americano se encuentra no en el “ser” sino en el “estar”, es decir en una suerte de espera pasiva, rebelde y negadora de los valores occidentales, incluido el capitalismo. Desde tal perspectiva, la asunción de Morales, un aimara neto, no solamente tuvo la virtud de incorporar un indígena al poder político sino a la plenitud del “ser”, es decir despertarlo, ponerlo en acción y entregarle el mando simbólico del movimiento de los pueblos originarios, no sólo de Bolivia sino de toda América.
Describamos entonces algunos aspectos de la ceremonia religiosa mencionada para comprender mejor lo dicho. La misma fue encabezada en el recinto central del milenario templo, por cuatro amautas (chamanes) tiwanakotas, presididos por Siquitiqui Huarampa (Valentín Mejillones), líder espiritual de la etnia.
Cuando llego el Evo lo descalzaron; luego le pusieron vestidos ceremoniales, entre ellos una túnica naranja. Además, le coronaron la cabeza con un gorro de cuatro cuernos, el chucu, que simboliza los 4 puntos cardinales y le hicieron entrega de un cetro de poder, un báculo con dos cabezas que encarna el poder sobre 36 nacionalidades indígenas de tierras bajas y altas.
Entre otras cosas extraordinarias que allí pasaron, es bueno anotar que una hora antes de la ceremonia (que se efectuó justo el mediodía, cuando el sol, el tata Inti, se encuentra en el cenit) empezó a lloviznar y a correr un viento frío que acumulaba negras nubes de tormenta, amenazantes, para aguar la jornada y a los 50 mil participantes que habían llegado de las distintas comunidades y de toda América.
Pero de pronto, diez minutos antes las doce, justo arriba del templo ceremonial las nubes se abrieron formando una suerte de círculo y la luz del sol bajó con todo su esplendor para bendecir a los asistentes. Fue muy emocionante: primero el Evo se acostó cabeza abajo pidiendo sabiduría; luego se levantó y empezó a agradecer a los dioses y al fuego ceremonial que había sido encendido allí como un gigantesco sahumerio y donde se quemaban hierbas aromáticas. También agradeció al aire, al agua y obviamente a la tierra y se comprometió a ser un digno representante de los pueblos indígenas.
Luego dijo fuerte: «ama sua, ama kella, ama llulla» que mas o menos quiere decir: "no mientas, no seas flojo, no seas ladrón..." y las comunidades le contestaron al unísono «¡Jallala, Evo!» que en aimara significa un saludo de alegría.
Posteriormente, acompañado de los cuatro amautas, subió a un cerro cercano donde saludó a la multitud y les dijo, entre otras cosas, "hoy empieza el nuevo año para los pueblos originarios del mundo, una nueva vida en la que buscamos igualdad y justicia. Nace una nueva era, un nuevo derecho para todo el mundo, desde Tiwanaku, Bolivia, porque estoy convencido de que sólo con la fuerza del pueblo y con la unidad del pueblo acabaremos con el estado colonial y el modelo neoliberal..." Todo esto lo dijo ante el indescriptible alborozo de los presentes, que bailaban y cantaban exultantes y donde se encontraban desde indígenas de Estados Unidos y alcaldes Mayas de Centroamérica, hasta Mapuches de Argentina y Chile.
Si el Evo cumple, allí en el Tiwanaku comenzó, luego de 513 años de dominación colonial, un Pachakuti, una verdadera revolución, una renovación de la vida. Conciente quizás de esto, el ungido advirtió con énfasis: "nuestros hermanos indígenas han despertado y son la reserva moral de la humanidad...".
La Tupac Amaru en La Paz
Luego de acompañar respetuosamente la ceremonia espiritual efectuada en el Tiwanaku, la Organización Barrial Tupac Amaru de la CTA Jujuy, junto con los representantes del gremio estatal a nivel nacional, tuvieron una destacada participación en el acto que el Evo presidió en la Plaza de los Héroes, en La Paz, en agradecimiento a las organizaciones sociales que lo apoyaron y las que llegaron a Bolivia para su asunción.
Decenas de miles de personas esperaron la llegada del flamante titular del poder ejecutivo de Bolivia y, entre ellas, el grupo jujeño se destacó especialmente por el incesante flamear de sus banderas, a las que se adosaron la Wiphala, la bandera argentina y la boliviana. Pero eso no fue todo; promediando el acto, cuando el Evo ya había terminado de hablar y se había desatado una suave llovizna, Milagro Sala -junto a la dirigente indigenista Natalia Sarapura- hizo llegar uno de esos estandartes al propio presidente, en el palco, quién lo desplegó sonriente ante la multitud y después lo guardó como recuerdo.
Posteriormente, los integrantes de la Tupac confraternizaron con otras agrupaciones y admiraron, con el corazón lleno de alegría, los fuegos artificiales que se desplegaron para la ocasión.
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