Feria del Libro en La Habana
Presentaron en Cuba la biografía de Azucena Villaflor
Jueves 22 de febrero de 2007

Fue el sábado durante un emotivo homenaje realizado la Feria del Libro de la Habana, y en el que estuvo presente su hija. La historia de vida de la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, desaparecida y emblema de los derechos humanos, fue reconstruida por Enrique Arrosagaray en "Biografía: Azucena Villaflor", que será editado próximamente en la isla.

La historia de vida de Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, desaparecida y emblema de los derechos humanos, fue relatada ayer porla tarde en un discreto pero emotivo homenaje realizado en la Feria del Libro de la Habana, con la presencia de su hija y del autor de su biografía, Enrique Arrosagaray.

"Todavía hoy no entiendo bien de dónde sacó la fuerza y la inteligencia que tuvo, dadas las condiciones políticas del país, para plantarse en un momento tan estratégico, en el lugar correcto de la historia, que fue la Plaza de Mayo", dijo su hija, Cecilia De Vincenti, a Télam, a poco de comenzar el acto.

La historia de esta mujer, que se volvió símbolo de la valentía a partir de la iquebrantable búsqueda de su hijo desaparecido fue reconstruida por Arrosagaray en el libro "Biografía: Azucena Villaflor", que será editado próximamente en la isla.

"Esta presentación se empalma con el próximo 30 aniversario de las madres, así que es una buena oportunidad para recordar ese rol particular de Azucena, que fue el motor de la historia de las madres y protagonista directa de su comienzo", aseguró el escritor a esta agencia.

Hace cerca de un año, sus restos fueron encontrados e identificados por el Equipo de Antropología Forense en una fosa común de un cementerio costero de la ciudad de Buenos Aires y, luego de ello, sus cenizas fueron enterradas en un cantero de la Plaza de Mayo, por decisión de su familia, en un emotivo homenaje.

La obra reconstruye la historia de vida desde su infancia, su temprano ingreso a la importante fábrica de Siam -motor de la defensa de los derechos sindicales de los trabajadores-, la desaparición de su hijo, su incansable búsqueda y el lamentable final, cuando su cuerpo con vida fue tirado al río de la Plata.

"Muchos me preguntan qué se siente haber recuperado el cuerpo desaparecido de mi mamá y es una mezcla de sentimientos encontrados: por un lado, el alivio por la aparición de sus restos, pero por otro, enterarse el final de la historia fue muy duro, con este sistema tan atroz que se daba en Argentina. Pero nuestra función es contar la historia", señaló en un momento su hija, visiblemente emocionada.

Arrosagaray recordó que Azucena Villaflor nació en abril de 1924 en Avellaneda y que en la metalúrgica Siam fue donde conoció a su marido, Pedro De Vincenti. Con él tuvo cuatro hijos, entre ellos Néstor, quien militaba en Juventud Peronista y en Montoneros, secuestrado en 1977 junto a su esposa, por un grupo de tareas, y de quien, aun hoy, no se sabe absolutamente nada.

"Tenemos que ir a la Plaza de Mayo" es la famosa frase que pronunció por primera vez Azucena, en plena dictadura, justamente en el Vicariato de la Marina, donde se había infiltrado el militar Alfredo Astiz para averiguar los movimientos de las madres y quienes encabezaban la organización.

El libro reconstruye ese y otros momentos a través de numerosos testimonios, entrevistas a madres y familiares, fotos,documentos de la época, cartas que buscan desentrañar la personalidad de esta infatigable mujer, creadora de un símbolo internacional de la defensa de los derechos humanos.

"Agregó en voz alta, muy claramente, mientras se golpeaba la pierna con una cartera o con un monedero que tenía en la mano, como para darle más energía a lo que estaba diciendo, cuál era su idea y su propuesta formal: tenemos que ir a la Plaza de Mayo, porque allí se produjeron, a través de los años, las más grandes concentraciones y los hechos políticos y sociales significativos", dice el libro.

Así, las madres dieron comienzo a la tradicional vuelta a la plaza, mientras "la dictadura, que mataba y asesinaba, no sabía cómo actuar. Las presionaban, las acosaban y las reprimían, pero ellas siempre volvían", contó el escritor.

"La última vez que la vi a mamá estaba rara, distinta. Le pregunté qué le pasaba y me contestó, con ojos vidriosos, que se habían llevado a gente con la que ella su reunía. No sabía cómo comunicárselo a papá, que siempre le decía: ’Azucena, no sigas, cuidate, te estás comprometiendo’.

Al mediodía salió para el mercado y a comprar el diario, que por primera vez iba a publicar nombres de desaparecidos. Desde ahí, nunca más supimos nada", relató su hija Cecilia.

Azcena Villaflor fue secuestrada el 10 de diciembre de 1977, a dos cuadras de su casa, en la avenida Mitre de la localidad de Avellaneda, por un grupo de la marina que la interceptó y la trasladó a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde fue torturada y maltratada hasta el día de su asesinato, poco tiempo después.

El día que sus cenizas fueron enterradas en el centro de la Plaza de Mayo una gran cantidad de gente acudió a presenciar el emotivo momento. "Miles de personas fueron testigos de que sus restos están ahí y nadie los va a sacar. Fue un triunfo", coincidieron Arrosagaray y De Vincentti.

Fuente: Mercedes Ezquiaga, Agencia Télam

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