
Se trata de homenajear al Luna Park. De escribir sobre un lugar cuyo nombre nos llegaba a los ojos y oídos asombrados cuando El Gráfico era una revista popular y única.
![]() * Periodista deportivo. |
Y cuando Osvaldo Caffarelli y Horacio García Blanco contaban desde Radio Rivadavia lo que allí ocurría los sábados por la noche.
Porque al Luna lo imaginábamos. Sin televisión, sin imágenes en vivo. Sin haber pisado Buenos Aires siquiera.
Y algo parecido les habrá pasado a los habitantes porteños. Conociéndolo por fuera muchos pasarían por Corrientes y Bouchard y escucharían las ovaciones, los campanazos, los anuncios; mientras decenas de fantasmas contaban la historia alrededor del templo.
Es cierto que el Luna fue un lugar para espectáculos. Que desde Sinatra hasta el Papa pasaron por ahí. Que cantaron y bailaron los mejores y que hasta se casó Diego entre sus paredes. Pero quien esto escribe, siente Luna Park y el “segundos afuera” es lo único que arriba a la mente.
Mi papá hablaba de Gatica y Prada y mi hermano contaba que Bonavena y Peralta lo pusieron hasta las manos. Yo lo imaginaba, lo presumía, lo soñaba.
Un amigo del barrio fue a ver Accavallo con Alacrán Torres y estuvo cinco años contando el viaje. Los relatores nos hacían vibrar desde la radio.
Ricardo Arias dignificaba al periodismo y dictaba cátedra desde el Luna Park, por ejemplo ò para ejemplo de lo que hay por estos días.
Y al Luna entre el histrionismo de Ringo, la convocatoria de Saldaño y el recuerdo vivo de Pascualito se le fue arrimando el mejor amigo.
Ese mendocino chaplinesco ,que charlaba con el ring side mientras esquivaba piñas, fue el mejor habitante del ring del Luna. Tal vez no el más grande en cuanto al pugilismo en sí mismo, mas sí el más querido, el más mimado.
Nicolino Locche y el Luna Park fueron el matrimonio perfecto.
Hasta que una vez sucedió. De la mano del afecto por los boxeadores locales fui al Luna. Un tal Mario “Martillo” Miranda, crédito riocuartense peleaba un sábado por la noche. Un Fiat 600, tres amigos, un bolso con sandwiches y mandarinas y los seiscientos kilómetros a la ilusión. Y lo ví. Entré y me temblaban la piernas.
El Luna Park. El que cumple años. La galería más preciada por políticos, actores y tilingos argentinos durante mucho tiempo. El que tuvo sentado en el ring side a Perón, Evita y Gardel. Ir al Luna era mostrarse. Los monos de la popular iban además de su amor por el boxeo a ver a quien veían. Una vedette, un político, un futbolista. Todo servía para contar una leyenda, una fábula, una historia al otro día en el bar del mediodía.
Para nosotros los cordobeses, además de las glorias de los cincuenta, la presencia de Laciar y Ballas en los ochenta nos llenó de orgullo. Cada uno con su estilo.
Homenaje al Luna Park. En este escrito debo manifestar que también un día me tocó transmitir boxeo. Varias noches estelares me tuvieron entre los privilegiados hombres de la radio que lo hicieron en la historia.Y sin sentirme ni un cachito así de Caffarelli ò Arias, la vida y la profesión me despertaron del sueño aquel de cuando pibe el Luna Park era una foto de El Gráfico o un sonido en el éter.
El Luna Park acaba de ser declarado Monumento Histórico Nacional. Un decreto gubernamental lo reconoce como "un lugar central en el imaginario de los argentinos".
Felicidades. A pesar de los años y por los momentos vividos.
recibir ACTA en tu correo electrónico
Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina
(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar
sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar