
La mora del Gobierno en otorgar la personería gremial a la CTA y a otras casi dos mil organizaciones sindicales con simple inscripción no sólo es contraria a Derecho.
![]() * Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA. |
Perpetúa en el tiempo la indefensión de los trabajadores no representados por las estructuras gremiales tradicionales frente a los grupos económicos.
La relación entre lucha salarial y libertad sindical es directamente proporcional. A mayor participación de los trabajadores, más elevado será el nivel de las reivindicaciones alcanzadas.
Ese protagonismo, ejercido a través de las comisiones internas, los cuerpos de delegados, las organizaciones sindicales de nuevo tipo o las asambleas generales para aprobar o rechazar los Convenios Colectivos de Trabajo suscriptos por los dirigentes, promueve una situación de efervescencia, de debate y movilización que innegablemente favorece a los intereses de la clase en el marco de la negociación convencional y salarial.
Por el contrario, el mantenimiento del actual estado de cosas implica que la mayoría de los Convenios sean firmados por uniones nacionales con escasa o nula intervención del sujeto colectivo. Y que se reiteren hasta el hartazgo prácticas peyorativas para los intereses de los trabajadores. Tal el caso de la firma de convenios a la baja a cambio de prebendas corporativas, como los descuentos compulsivos de cuota sindical.
Un reciente estudio del Observatorio Jurídico de la CTA indica que existen en el país 2.826 asociaciones sindicales inscriptas ante la Dirección Nacional de Asociaciones Sindicales. De todas ellas, 1.419 han adquirido la Personería Gremial, mientras que un total de 1.407 asociaciones sindicales son simplemente inscriptas.
Durante el año 2006, el Ministerio de Trabajo de la Nación homologó 872 negociaciones colectivas, de las cuales el 85% corresponden a acuerdos y el 15% a convenios colectivos. Del total, el 62% corresponden a negociaciones de empresa y el 37% de actividad o rama.
La negociación colectiva durante el año pasado abarcó al 56,4% de los asalariados registrados, al 31,5% del total de asalariados y al 21,9% de la fuerza laboral.
Las federaciones y los sindicatos nacionales o uniones protagonizaron el 69% de las negociaciones y el 64% de las negociaciones por empresa no contaron con la participación de los delegados de personal.
El informe sostiene que la negociación colectiva en el 2006 ha estado signada por un contenido mayoritariamente salarial, la presencia importante de pagos en conceptos de sumas no remunerativas y vales alimentarios y la participación minoritaria de las comisiones internas y los delegados en las negociaciones colectivas desarrolladas en el ámbito de la empresa.
Así las cosas, queda demostrado de manera palmaria que el sostenimiento del actual ordenamiento del universo sindical es funcional a los intereses de los grupos hegemónicos y viola de cuajo el derecho humano a la libertad sindical.
Los empresarios no quieren la organización de los trabajadores dentro de sus factorías. Para sostener y profundizar el régimen de superexplotación es necesario disciplinar a la mano de obra, fragmentarla y boicotear cualquier posibilidad de organización del colectivo.
El trabajo en negro, la tercerización de servicios y la precarización laboral se explican en este contexto de falta de libertad y democracia sindical. Es la misma razón que sustenta la desigualdad social: al cabo de cuatro años de crecimiento económico sostenido, 16 millones de argentinos están sumidos en la pobreza.
Si existiera la libertad elemental para que los trabajadores se organicen según su leal saber y entender, si se abriera la posibilidad de elegir delegados de fábrica, paritarios y comisiones internas en las 500 empresas de mayor facturación del país, otro sería el cantar. Las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo se alteraría notablemente a favor de los trabajadores.
El destino de miles de obreros ya no estaría sujeto al yugo del trágico contubernio entre la burocracia y la patronal. Se habilitaría una nueva y dinámica práctica política de la que, indudablemente, los primeros tributarios serían los jóvenes que se suman, generalmente precarizados, al mercado laboral.
La lucha económica que se verifica en las paritarias integra una pelea más amplia y abarcativa: la de la redistribución del ingreso para terminar con la concentración y extranjerización de la riqueza en la Argentina.
Esa disputa está estrechamente ligada con el reconocimiento de las nuevas organizaciones que los trabajadores se han ido dando durante todos estos años de resistencia al neoliberalismo. La CTA constituye un buen muestrario de muchas de esas experiencias superadoras.
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