Desigualdades
Lunes 12 de marzo de 2007, por Fernanda Castro Juin *

Cuando una mujer dice: “yo no soy machista pero tampoco feminista” no se da cuenta que está comparando dos cosas distintas.



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Secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades de la CTA Córdoba Capital.

El primero nos remite al sistema patriarcal que es un sistema de valores, roles, y mandatos trasmitidos de generación en generación que tienden al control social tanto de la vida pública como la privada que oprime con marcada diferencia al género femenino, impidiendo y coartando el ejercicio pleno de sus derechos. Y el ser feminista nos remite a las incontables luchas por lograr el reconocimiento efectivo y defender los derechos que a toda persona le corresponde por el hecho de serlo sin distinción.

Es mostrar estas injusticias, es hacerlas visibles, es la lucha para lograr un cambio social en este sentido. No es estar en contra de los hombres, ni querer ser hombres, es poder disfrutar y ejercer los derechos que les corresponden por ser personas, en igualdad, respetando las diferencias, las diversidades pero con equidad.

Esas mujeres se olvidan que hasta no hace mucho tiempo eran consideradas “incapaces” por el código civil, que eran tratadas como “propiedad” del padre y después del marido, que para la ley el marido podía golpearlas en justa medida para disciplinarlas, si, así como lo leen, que no podían estudiar, ni acceder a las universidades, que había trabajos que no les era permitido realizar, que la ley no las protegía en el embarazo para no ser despedidas, que no podían votar ni ser candidatas, que no eran consideradas ciudadanas... que hoy no podrían hacer lo que hacen sin la pelea de numerosas mujeres que murieron en esas luchas, que sufrieron por alcanzar estos derechos, muchas han quedado en el olvido, la historia oficial las borró, pero gracias a ellas hoy lo disfrutamos.

Algunas consideraciones sobre el mundo del trabajo y el género

Igualmente con todos estos avances sería bueno tener en claro que el porcentaje de participación en puestos de poder o de toma de decisiones en Argentina está muy lejos de ser igualitario, las mujeres representan el 40 % de la fuerza laboral, pero sólo el 1 al 2 % ocupa altos cargos ejecutivos y en un 26% lo hacen en puestos gerenciales.

Las mujeres siguen ganando mucho menos que los hombres; las asalariadas argentinas ganan un 30 % menos por igual trabajo y la brecha solo se acorta a un 16 % en aquellos puestos precarizados y poco calificados... y las mujeres seguimos siendo las más pobres entre los pobres. A lo anterior hay que agregarle también otra dimensión la necesidad de compatibilizar "la vida familiar" con el trabajo.

Qué significa esto de lograr compatibilizar la vida familiar con la actividad de las mujeres en la esfera publica, significa que aun hoy somos "las responsables" sociales del cuidado de la familia y de las actividades domésticas del "hogar" por esto de los roles que nos corresponden según nuestro género y cuando no logramos encontrar el equilibrio nos sentimos culpables, nos hacen sentir culpables si algo sale mal.... si falta algo

Es decir que tenemos una doble jornada de trabajo la cual una es reconocida como un trabajo y por tal percibe una remuneración y la otra es invisible como trabajo carece de "valor", nos viene dado por nuestro sentido de la "maternidad", por lo que "naturalmente" somos las responsables y las que debemos encargarnos de los hijos y de la administración del hogar.

Para lograr un equilibrio que se ajuste a lo esperado de nosotras los trabajos que podemos conseguir deben ser compatibles con la responsabilidad doméstica, debiendo aceptar jornadas de medio tiempo (lo que implica salarios menores), trabajos temporales, informales, es decir en condiciones de precarización (trabajos en negro, sin aportes y sin cobertura de salud, etc.).

El tiempo que nos queda para capacitación y formación es casi nulo impidiendo tener posibilidades de acceder a trabajos de mejor calidad impidiendo una real igualdad de oportunidades.

Esta situación se refuerza con el supuesto impacto negativo que sobre los llamados "costos laborales" tiene la función biológica de la maternidad y el hacerse cargo de las responsabilidades familiares. La fuerza laboral femenina es aún hoy considerada como secundaria y marginal como una forma de "completar" el salario obtenido por los varones quienes son los responsables de "proveer" el sustento y que “ayudan” en las tareas del hogar.

Es por esto que hoy más que nunca necesitamos poder reflexionar y reconocer que aún existen estas desigualdades. Poder desnaturalizar roles y estereotipos es un proceso que posibilita que nos fortalezcamos y tratemos de romper con todas esas asignaciones sociales que condicionan el desarrollo de nuestras identidades como personas, de nuestros proyectos de vida, que afectan nuestra salud y que impiden que podamos tener una igualdad real de oportunidades y que podamos disfrutar nuestros derechos.

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