A 3 años del fallecimiento de Olga Márquez de Arédez
Olga está presente, nunca se fue, sigue luchando como la primera vez
Viernes 16 de marzo de 2007, por Corresponsalía Jujuy *

Tal como lo expresan los versos coreados por los compañeros de la CTA y luchadores de Jujuy, Olga sigue estando presente en cada reivindicación de los sectores populares, aunque este 17 de marzo se cumplan tres años desde que falleció esta amiga y compañera de lucha y militancia.

Olga Márquez de Arédez, Madre de Plaza de Mayo, formó la Delegación de Madres de Detenidos Desaparecidos de Ledesma junto a otras madres y familiares de Libertador General San Martín y Calilegua en Jujuy; para lograr dar con el destino de sus familiares y conocer a los responsables y cómplices de llevárselos.

Su militancia surgió, quizás sin desearlo, en el año 1976, cuando en plena dictadura militar secuestraron a su esposo, quien fue Intendente de Libertador, el primero y único que obligó a la Empresa Ledesma a pagar impuestos. Su valentía e insistencia, junto a las Madres y familiares, permitió que se conociera lo sucedido en la Noche del Apagón y los nombres de los 40 detenidos desaparecidos de la zona, corroborando así el protagonismo de la Empresa Ledesma con la dictadura militar.

Con el tiempo su lucha fue más allá del compromiso con los desaparecidos, porque entendía que los derechos humanos tenían que ver también con los problemas del país, con la desigualdad social; y esto la movilizaba para acompañar cortes de ruta, movilizaciones y reclamos en todo el país. Resultaba muy divertido cuando no estaba en su casa, ya que el solo hecho de encender la tele y husmear por los canales de noticias, permitía conocer donde andaba y que movilización estaba acompañando. La magia de la televisión...

Al igual que las Madres en Buenos Aires, Olga daba vueltas en la plaza de Libertador todos los jueves, en reclamo por verdad y justicia. Si bien durante muchos años lo hizo sola, en los últimos, tuvimos la suerte de poder acompañarla, ante la dantesca indiferencia de quienes transitaban por la plaza. El rito implicaba al terminar la vuelta, darle un beso y había variantes de acuerdo la época del año: si era invierno, ir a la casa a tomar un mate o té, y para el verano, intentábamos sofocar el calorón norteño con un buen helado.

Cuando se enfermó de bagazosis y luego cáncer de pulmón (producto de la misma contaminación de la empresa Ledesma), los médicos le recomendaron que se fuera, pero decidió quedarse para seguir peleándola. Su última marcha la hizo estando con tratamiento médico y con barbijo, que ya le complicaba bastante el esfuerzo para respirar a sus maltratados pulmones. Salvo unos pocos metros que se subió a un auto, completó caminando los casi 8 km que separan a Calilegua de Libertador; ¡que mejor ejemplo podía tener yo para no aflojar, con mi panzota de 6 meses de embarazo!.

No puedo dejar de mencionar dos cosas: la pérdida sorpresiva y lamentable, del Compañero Negro Ríos, casi como un sinónimo de la Marcha del Apagón y contarles que donde están las cenizas de Olga, hoy hay una Santa Rita (su planta preferida) de casi tres metros de altura, se sigue haciendo notar la compañera...

La casa llena de gente; el locro o el guiso de lentejas exquisitísimo hecho por Graciela, otra compañera de Olga por años; o esa gracia inigualable para bailar la zamba; creo que son los mejores recuerdos que podemos tener de la Compañera Olga Aredez

Fuente: Anabel Yacianci, secretaria de Derechos Humanos de la CTA Jujuy.

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