
Ayer por la tarde, negros nubarrones azotaron la ciudad de Río Gallegos. Hubo lloviznas y hasta un poco de viento. Este efecto climatológico no fue sólo sentido por los más de 9.000 trabajadores que asistieron a la marcha organizada por la Mesa de Unidad Sindical. También se hizo sentir con fuerza en Alcorta 231. La tormenta parecía haber llegado al seno mismo del Gobierno provincial.
Entre el viento que azotaba la cara y gruesas gotas de lluvia, poco a poco, una multitud se fue acercando a la estratégica esquina de las Avenidas Roca y San Martín.
Pese al anuncio que el Ejecutivo provincial realizó durante la jornada del día martes- una recomposición del 15% , los empleados de la administración pública provincial se hicieron presentes y manifestaron por las calles de la ciudad. Las columnas de trabajadores públicos comenzaron a ocupar el radio céntrico de la ciudad, avanzando en columnas desde sus gremios.
Así poco a poco la manifestación, que ocupó unas once cuadras de extensión, se concentró en la esquina de las avenidas Roca y San Martín. Allí trabajadores docentes y empleados estatales, marcharon para reclamar aumentos salariales y regularización de sus remuneraciones.
Mientras esto ocurría, en pleno centro capitalino en Casa de Gobierno y la vivienda del Presidente fueron custodiadas por efectivos de la policía provincial y de la Gendarmería.
Para sorpresa de muchos, se hizo presente en el centro de la escena el Obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Juan Carlos Romanín, quien acompañado por sacerdotes y monjas se ubicó muy cerca de la concentración de trabajadores.
Sorpresa y estupor en algunos y caras distendidas en otros, fue el gesto generalizado de los concurrentes cuando el prelado se dirigió como primer orador a la muchedumbre agolpada en el centro de la ciudad.
El sacerdote comenzó diciendo “Estamos aquí como Iglesia para compartir con ustedes este momento y queremos que sepan que tenemos una sincera preocupación por el cuidado de nuestra calidad de vida, particularmente en este tiempo, en que pareciera que la Paz social se encuentra amenazada por la no solución de los conflictos existentes en nuestra provincia”.
“Es evidente que la presencia concurrida de los habitantes de nuestra Provincia en las calles de distintas localidades es algo que tiene que decirnos a todos los referentes sociales de Santa Cruz”.
“En este sentido, le pido a las autoridades provinciales, que tienen la responsabilidad de garantizar la convivencia democrática, a concretar lo antes posible un espacio de diálogo que posibilite una solución rápida, justa y duradera”.
Luego de escuchar las adhesiones de varios sindicatos y diversas agrupaciones sindicales del país, los manifestantes se dirigieron por la calle Roca hasta el Ministerio de Educación de la provincia, giraron por la calle Entre Ríos para avanzar por Zapiola hasta el centro de la ciudad y desconcentrarse pacíficamente.
Por su parte, el dirigente sindical docente Pedro Muñoz, cuestionó al Gobierno de Santa Cruz y le recordó que “los trabajadores de la movilización no somos delincuentes”.
En ese marco, criticó el despliegue de fuerzas de seguridad en la ciudad y rechazó el “doble discurso del Gobierno de la provincia, porque cada vez que se moviliza la gente mandan a reprimir”.
“Que este pueblo no cambia de idea, pelea por la educación”, fue el eco que acompañó las largas horas de la tarde de ayer en Río Gallegos y que ni el frío ni la lluvia logró acallar.
Fue una marcha histórica. La gente iba llegando cerca de las 16:00 a las calles Roca y San Martín. De fondo, por los altoparlantes, se escuchaba “la marcha de la bronca” de Pedro y Pablo y “se viene el estallido” de La Bersuit. Toda una síntesis de los ánimos.
La columna docente arribó debajo de una llovizna persistente, aunque ineficaz para detenerlos en sus domicilios. En total, fueron alrededor de nueve mil personas. Ni arreadas ni obligadas. Una multitud que se expresó no sólo a favor de un aumento salarial, sino también en contra de una forma de hacer política, de una forma de gobernar.
La gente le puso humor y color a la marcha. Había disfraces de todo tipo. Un mimo con la leyenda “Sueldo estatal 70 por ciento en negro, 30 por ciento en blanco”. Docentes portaron pancartas y disfraces con las caras del vice gobernador Carlos Sancho y del mismísimo presidente de la Nación, Néstor Kirchner. Hasta un perro pequinés con la leyenda “aumento al básico”.
Muchos globos y carteles hicieron referencia al pago de salarios en negro, el básico estrecho y la ausencia de una política salarial acorde con estos tiempos. La mayoría identificados con un distintivo que decía “Docentes en lucha” o “Auto convocados de la Ley 591”.
En el fragor de la marcha, dos docentes se encontraron en medio de la multitud. Se abrazaron y lloraron juntas. Conmovidas, le expresaron a Tiempo Sur que había bronca contenida durante muchos años. Ahí nomás se prendieron al hit de la tarde: “Se va a acabar, se va acabar, la dictadura provincial”.
También se acordaron del ministro de Economía, Juan Bontempo, a quien miles de personas le dedicaron un estribillo exigiéndole la renuncia. También se escuchó: “Sancho Sancho Sancho, se te quema el rancho”.
El pingüino con la banda presidencial -ya una tradición en las marchas de Adosac- se paseó toda la tarde sobre las cabezas de la multitud.
También hubo ollas y cucharones y reclamo por el costo de la canasta familiar. El alza de los precios no estuvo ausente en esta marcha.
La familia asistió a la movilización. Padres con sus hijos en brazos quienes lucían orgullosos brazaletes con alguna reivindicación salarial.
Hasta los chicos del Polimodal marcharon en adhesión al reclamo de sus maestros. “Nosotros nos autoconvocamos porque estamos cansados del atropello que sufren nuestros docentes y nuestros padres”, le dijo una de las adolescentes a un cronista de este medio. Otros sólo se hicieron presentes “para ver que pasaba”.
“No puede ser que estemos viviendo en una provincia donde no se pueda reclamar. A nosotros no nos trajo nadie, creemos que esta lucha que han emprendido los maestros es legítima”, manifestó uno de los chicos con futuro en los estrados políticos. Algunos se encontraban con sus docentes, quienes incrédulos los abrazaban con ojos vidriosos, conteniendo las lágrimas.
Con la desconcentración quedó la sensación del deber cumplido. Sólo el que se puede sentir cuando la conciencia está tranquila.
Fuente: Redacción Tiempo Sur
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