Columna de Opinión
Aquel histórico 30 de marzo
Lunes 27 de marzo de 2006, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

El 7º Congreso Nacional de Delegados de la CTA homenajeará a los trabajadores que con sus acciones resistieron a la dictadura militar. El 30 de marzo de 1982 fue uno de esos hitos en la historia del movimiento obrero y en esta columna de opinión el secretario general de la CTA, Víctor De Gennaro cuenta su experiencia y sus sensaciones.

El 30 de marzo fue un vendaval. Miles y miles de trabajadores en ese día de 1982, expresamos el repudio a la dictadura militar por las calles de la ciudad de Buenos Aires. No esperábamos ni tanta gente ni tantos palos cuando enfilábamos para Plaza de Mayo. Era cierto, la dictadura ya venía en caída, y el año anterior probamos lo que significaba ganar las calles, cuando Saúl Ubaldini encabezaba nuestra columna en la llegada a San Cayetano el 7 de Agosto de 1981; trataron de frenarnos en la cancha de Vélez Sársfield, pero se terminó doblegando a la fuerza policial.

Por eso, otra cosa distinta sería Plaza de Mayo: el mayor símbolo del poder del pueblo en la historia y la cultura nacional.

Cuando se tomó la decisión de marchar aquel 30 de marzo en aquella reunión de la CGT Brasil, que desde 1980 había sido la referencia de todas las resistencias de los trabajadores, yo representaba a las agrupaciones gremiales peronistas, ámbito donde nos constituíamos para organizar la resistencia aquellos compañeros de sindicatos que se encontraban auto intervenidos por colaboracionistas al régimen. Fue impresionante y, como siempre, las imágenes que desde el poder tratan de recordarnos ese día están asociadas a la represión bestial.

Claro que lo fue, no sólo por la secuela de miles de presos en un solo día, sino también por el asesinato del compañero Benedicto Ortiz en Mendoza.

Siempre tienen que mostrar lo que nos debilita. Lo que oculta el poder popular. Y eso, no debe saberse. Como con las fotos, las palabras y las imágenes de ese 30 de marzo: sólo quieren que veamos la represión; como en la única foto que quedó en todos los archivos, pero, como en aquel día, hay otra realidad que descubrir y amar hasta enorgullecernos.

Otra cosa fue lo que yo ví y viví, ese día: la solidaridad de la gente, que nos abría la puerta de los edificios, para “guardar” a los que quería “cazar” la cana, la solidaridad y acción en cada comisaría, entre los presos, o la de los abogados o los de derechos humanos. Como siempre recuerda Nora Cortiñas, de Madres, que a pesar de todos los prejuicios con los que habían querido dividir a los organismos y los trabajadores fue recibida, con el fervor y el apoyo de todos, cuando reclamaba libertad.

Muy distinta, también, son las fotos que me quedaron a mí, en la memoria o en la piel: la columna que formamos en las avenidas Belgrano y 9 de Julio, con Saúl, Ricardo Pérez, Godoy y tantos otros a la cabeza que con la consigna Pan, Paz y Trabajo, iba camino de adueñarse de la Plaza.

La tenían que parar, como fuera, pero ya los días de la dictadura estaban contados. Y pensar que hay algunos que creen y siguen repitiendo como loros las palabras del periodista Bernardo Neustad que la dictadura se acabó porque los militares perdieron las Malvinas. Es cierto, eso apresuró la caída (casi huída), pero lo que los derrotó, fue la resistencia popular de todos esos años, que tuvo sus formas, sus métodos; jalonado, edificado, en tantas y tantas luchas ocultas.

Nuestra clase, la clase trabajadora, fue la destinataria del golpe, por eso pudimos presentarnos ante el juez Baltasar Garzón, en España, y demostrar que el 67% de los desaparecidos eran trabajadores y la mayoría de los mas de 100.000 presos legales o ilegales, los exiliados o los más de medio millón de delegados, activistas o trabajadores despedidos o prescindidos de sus trabajos.

Aquel 30 de marzo tuvo sus antecedentes en los primeros paros contra la dictadura y la política económica. Fueron paridos en 1976 y en 1977, a pesar de haber sido secuestrados y reprimidos, a pesar del culto a la muerte profesado por los personeros de la dictadura. En los distintos sectores de trabajo se empezó la resistencia, además de las tareas de sabotaje realizadas una y otra vez.

Pero va a ser después del primer Paro Nacional, el 27 de abril de 1979, convocado por la “Comisión de los 25” que se irá incrementando la lucha y la resistencia. No hay como tener un horizonte nacional para proyectar las luchas sectoriales o territoriales que culminarán en aquel 30 de marzo del 82.

Hoy, a 30 años del golpe genocida del `76, podemos poner en el banquillo de los acusados a los genocidas que ganaron, contracara de los juicios de genocidio en la historia, que siempre se los hicieron los vencedores a los vencidos, y eso es así porque hubo un pueblo que resistió, donde los pañuelos de nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo son el símbolo que recorre el mundo.

Y lo hicimos porque teníamos la conciencia de generaciones que pelearon creyendo que podían ser felices, transformando ese capitalismo inhumano, capaz de reproducir la explotación del hombre por el hombre hasta el suicidio colectivo. Por eso le quitaron la vida a nuestros compañeros, y por eso estamos dispuestos a recuperarlos, no sólo en su martirologio (que ya sería justo y digno), sino y fundamentalmente por sus ideales, sus sueños y compromiso por cambiar la sociedad.

Quizás, nuestro mejor homenaje no es sólo hacer el 7º Congreso Nacional de la CTA el 30 y 31 de marzo próximo para reconocer esa resistencia y recuperar esa memoria, esas imágenes que nos ocultan y nos ocultamos, sino creer y comprometernos como ellos para transformar esta sociedad y liberar nuestra Patria.


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