Cultura popular
Fontanarrosa: “El humor es un proceso inteligente”
Martes 27 de marzo de 2007, por Prensa Suteba *

¿Quién es Fontanarrosa? "Mi nombre completo es Roberto Alfredo Fontanarrosa. Los padres quizás discuten los nombres, y te ponen dos, el segundo más inútil que el primero, pero después la gente te llama como quiere. A mí todo el mundo me dice “Negro”, salvo mi hermana o alguno que piensa que te ofende si te dice negro". Cuenta.

"Nací acá en Rosario en el año ‘44. “Canalla” (hincha de Rosario Central) desde la más tierna infancia", agrega.

Esto de “Negro”, de “canalla”, de lo popular, aparece mucho en tu trabajo.

Creo que uno no produce lo que quiere sino lo que puede, lo que le sale. Entiendo que si yo fui a una escuela provincial, es decir no fui a una escuela privadísima ni religiosa, y mis gustos se parecen a los de mucha gente, lo que yo produzco es un humor para esa gente o que a esa gente le va a gustar. No se puede impostar un estilo. Podría decir que voy a hacer humor para la clase alta porque ahí está el dinero, o un humor para la clase proletaria para la reivindicación obrera; pero seguramente se notaría una especie de falsedad porque no me corresponden ninguna de las dos. Yo hago un humor de una cierta clase media que es la que más consume diarios, revistas, etc. No podés modificar demasiado el discurso, proviene de dónde venís, de cómo te educaron y de los gustos que tenés.

¿Cómo podés hacer humor en esta época?

En líneas generales siempre me ha tocado “esta época”, o peor. Hay una cierta leyenda con respecto a esto de que en las épocas de dictadura florece el humor, porque se consigue una especie de complicidad con la gente; para mí son mentiras, porque tenés tantas restricciones que no podés crecer en absoluto. En épocas de crisis, uno habitualmente trabaja “en contra” por el humor. Hacer humor “a favor” es casi imposible. Uno trabaja mucho con las contradicciones, con los conflictos, y en estos países emergentes está lleno de ese tipo de cosas y está lleno de cosas por las cuales protestar. Si la cosa no llega a extremos de catástrofe o de dictadura esto da mucho campo. Aparte hay oscilaciones favorables o no tan favorables según los personajes que estén en el gobierno. Un tipo como Menem es riquísimo para todos nosotros, en cambio un tipo como Alfonsín no tenía tantas aristas de las cuales tomarse. Cuando estás en un diario y hacés un humor tipo periodístico, trabajás con las noticias. Es cierto que hay determinados temas que uno no los toca, en este momento más te diría por una cierta “ética y moral” propia, que por imposiciones. Hoy las imposiciones responden a una especie de sentido común de que no vas a putear en un diario muy masivo, o no se te va a ir la mano en la cosa del sexo, la grosería. O por ahí porque vos sin querer tocás temáticas que de alguna forma afectan los intereses de una empresa que no sabés donde termina. Por ejemplo, con esta cuestión de los multimedios quizás hacés un chiste sobre un programa de televisión y no sabés que ese programa pertenece a la misma cadena que el diario.

¿Sobre qué temáticas no hacés humor hoy?

Sobre las cosas muy trágicas realmente no lo hago. En algún momento de más joven pensé que todo era posible de humorizar. Ha habido temas muy difíciles de tocar como la Guerra de Malvinas, que no la podías ignorar. No podías ponerte del lado de los ingleses obviamente, pero tampoco caer en una prédica belicista. Era complejo, tratar de hacer humor con algo que no era humor.

¿Las cosas te salen desde vos, desde tu ideología o pensás en la gente?

Obviamente uno piensa en la gente pero no es que vos dirigís la cosa hacia un lado o hacia el otro. Primero, porque la gente es bastante imprevisible sobre qué le va a gustar o no le va a gustar. No por pedantería sino por coherencia yo trato de mandar las cosas que a mí me gustan, lo que yo considero que es bueno. Eso de que a la gente hay que darle lo que el público quiere no es correcto. Por supuesto que uno acomoda las cosas de acuerdo a la experiencia. En un momento, cuando yo empezaba, un amigo me dijo que los chistes míos eran muy herméticos; yo tenía esa pelotudez juvenil de que si lo entienden, lo entienden y si no mala suerte. Que va a contrapelo de lo que significa publicar. Estás publicando para que alguien lo vea y lo entienda medianamente.

Aparte el trabajo nuestro es muy aislado; no es el actor de teatro que dice un chiste y el público responde enseguida. Yo estoy siete horas en mi estudio, después salgo y vengo a este bar donde estoy con amigos que, afortunadamente, no me hablan de lo que yo hice. Por eso vienen bien a veces las ferias del libro y esas cosas, porque tenés un contacto con la gente y te recuerda que estás trabajando para mucha gente, que tiene muchas expectativas sobre lo que vas a publicar.

Vos trabajas en tu estudio pero sos un tipo que está en la calle permanentemente.

Estos son laburos que no hay un horario de bajar la persiana; lo hacés en la parte práctica, pero siempre estás a la expectativa de qué pasa, escuchando mucho.

El humorista es una especie de laboratorio: recibe un producto que es la información, de cualquier tipo, lo elabora y trata de sacar un producto humorístico. Hay laboratorios que son más complejos y más perfectos que otros, como ser el de Quino, que es un tipo que siempre le da otra vuelta a la cosa, lo saca más acabado. Hay una relación directa entre la información y lo que se consigue en definitiva; del tipo “de tal uva determinado vino”. Me he dado cuenta que en la época del gobierno militar era un humor mucho más pesado, más denso, más negro, cosa que por ahí uno no advertía. En una oportunidad, cuando junté el material para hacer uno de los libros de Inodoro Pereyra recién ahí me dí cuenta, viéndolo todo junto, que Inodoro se la pasaba escapándose de la policía, de los soldados, de lo indios. Era violento el libro. Era una cosa que yo no había advertido mientras lo hacía. Pero hay una elaboración, un trabajo sobre determinada información para producir humor; es muy difícil que encuentres una cosa en bruto y lo pongas así.

Los maestros nos encontramos con que hay chicos que en lugar de estar escribiendo o haciendo la cuenta que tienen que hacer están dibujando en forma de historieta. ¿Creés que los chicos pueden hacer humor gráfico?

Es un género que prende mucho en los chicos pero después es como que se va raleando porque es un género difícil y fatigoso. Lo que pasa es que da mucho lugar para inventar historias. Ahí decidís y determinás sobre los personajes, cosa que no podés hacer en la vida real. A mí de chico me gustaba mucho. A mi hijo Franco, por ejemplo, que tiene 13 años, no le atrae mucho; es por períodos, ahora lee superhéroes y a veces quiere dibujar algunas cositas. Pero una cosa es la historieta y otra el humor. Me da la impresión que el humor es un proceso inteligente, es un proceso de asociación de ideas. Yo principalmente he tratado de inculcarle eso a Franco, diciéndole, por ejemplo: esta situación a qué otra situación te hace acordar, o que junte cosas; entiendo que siendo inteligente va a caer con menos facilidad en el fanatismo, que es una de las cosas que más me asustan. Que sepa que las cosas no son blancas ni son negras sino que hay ahí una multitud de cosas que puede elegir. Además creo que el humor parte mucho del sentido crítico.

Se dice que hay gente que sólo lee los chistes del diario, ¿a vos te genera esto algún tipo de responsabilidad?

Tengo una teoría que por ahí no coincide demasiado con eso. Creo que la gente lee los chistes primero, como lee los titulares primero, porque son cortos. Por ejemplo, si la página de atrás de Clarín fuera una sola historieta larga -20 cuadritos, con mucho texto- la gente tampoco lo leería al principio, lo dejaría para después. Ahora, quizás los lee porque piensa que eso le va a dar un compendio, como se llama ahora, del malhumor de los argentinos, o una especie de editorial. En cuanto a tu pregunta, sí, genera un tipo de reponsabilidad; pero en mi caso te diría que yo hace mucho que estoy trabajando en esto y no me crea una tensión diferente. Está sobre todo la responsabilidad aquella que te hablaba, de que voy a la Feria del Libro y aparece un tipo que tiene una carpeta con 300 dibujos míos y uno dice: “Pucha, esto tengo que cuidarlo más, tengo que entregarle lo mejor de mí.”

Eso desde lo gráfico, ¿pero desde el contenido?

El contenido por supuesto; al contrario yo a la parte gráfica le doy menos importancia. Creo tener resuelto el problema del chiste cuando resuelvo el tema y lo que dice. El dibujo es mecánico, trato de hacerlo lo mejor posible, pero lo único que quiero es que cuente lo mejor posible el tema. Tampoco me consideré nunca un virtuoso dibujante y tengo muchos colegas que dibujan muy bien y que tienen una expectativa plástica mayor que la mía. Yo lo que quiero es contar cosas, narrar, a veces escribo y a veces dibujo.

¿Qué cosas te imaginás contando en la Argentina dentro de 20 años?

Tengo la impresión de que no van a cambiar mucho las cosas. Que se van a agudizar, tal vez. No sé... quizás mañana ocurre una catástrofe o un cambio fundamental. 20 años parecen no ser tantos, pero si pienso en 20 años atrás, todo lo que ha pasado... Algunas cosas se han afirmado, para bien o para mal. Creo que por ahora tocó un límite la cuestión de los gobiernos militares, se han hecho muchos más sutiles e inteligentes los factores de poder, hay un plan determinado para países como el nuestro que se van siguiendo paso a paso, y hay un común denominador en todos los países latinoamericanos y en Africa con mucha más virulencia. Se están dando algunos cambios o ajustes, como esto de la flexibilización, que uno los supone copia del modelo asiático -muy cruel en determinados momentos- pero también en Europa se dan, es decir que algunas relaciones de factores de poder y de producción han cambiado o tiene que cambiar. La tendencia es mala.

Pero hay temas que aparecerán. Cuando yo era chico el tema de la ecología no existía, por ejemplo. Pienso que eso se va a acrecentar. Los chicos tienen más conciencia de eso y pelean más por eso. Lo que uno ve es que hay una planificación del privilegio para un grupo pequeño y la pregunta es: ¿se la van a aguantar los otros, los que están afuera de eso? ¿O se va a agudizar eso de los countrys cerrados con guardias armadas?

Salvo que haya un retorno a ciertas máximas solidarias. Pero no sé, a tanto no llego.

Fuente: Silvia Vázquez, Revista La Educación en nuestras manos, SUTEBA-CTA


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