30 de marzo de 1982 en Mendoza
“Paz, pan y trabajo”
Lunes 27 de marzo de 2006, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

Trabajadores del gremio docente mendocino (SUTE-CTA) realizaron una exhaustiva investigación sobre un hecho histórico trascendental: las movilizaciones en todo el país convocadas por la CGT el 30 de marzo de 1982. En Mendoza, una multitud marchó por las calles de la ciudad capital y fue brutalmente reprimida por las fuerzas de seguridad. Allí murió Benedicto Ortiz, trabajador minero secretario general del gremio minero (AOMA). ACTA reproduce aquí extractos de este trabajo.

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No es tarea sencilla encontrar, en las numerosas interpretaciones de nuestra historia como pueblo, la presencia de voces que den cuenta de las importantes experiencias de lucha colectiva que se levantaron para denunciar las injusticias y combatirlas, enfrentando a las clases dominantes. Muy por el contrario, están cuidadosamente silenciadas en los prolíficos textos disponibles de la versión hegemónica.

Corresponderá a expertos e investigadores comprometidos con la reconstrucción “sincera” del pasado, la tarea de reescribir las páginas de “la historia”. No obstante, es parte de nuestra lucha actual enfocar la mirada sobre la historia reciente, la vivida, y dentro de ella el luctuoso tiempo de la última dictadura militar, para recuperar la mejor tradición de nuestro pueblo en su lucha por cambiar el espanto de voces amordazadas y el terror de la muerte disfrazada de innumerables maneras. También para reconocer y reivindicar a los compañeros y compañeras que se jugaron la vida en la construcción de una sociedad más justa.

Paisaje mendocino

En Mendoza, como en todo el país, la historia conocida de esos años presenta un paisaje de derrota y consternación, de fuga y exilio, de muerte y desaparición. Pero también de bocas mudas y brazos rendidos. Esta versión oficial que oculta la militancia de los trabajadores y trabajadoras fue una estrategia deliberada para instalar el desconocimiento y desprestigio de nuestras históricas organizaciones de lucha.

También en nuestra provincia durante esos años, cientos de compañeros y compañeras, trabajadores y trabajadoras, siguieron organizándose y resistiendo a pesar de la violencia instalada desde el poder político con la complicidad de grupos económicos extranjeros y locales.

Tal es así que en la última etapa, cuando el gobierno militar ya no podía impedir que su deterioro continuara profundizándose, y la CGT convocó a la Movilización del 30 de marzo de 1982, aquellos grupos de compañeros salieron pacíficamente a las calles de Mendoza con la legítima voluntad de reclamar “Paz, Pan y Trabajo”, como síntesis de un petitorio que pretendían entregar en manos del gobernador Bonifacio Cejuela. En silencio, sin armas ni banderas, caminaron para llegar a casa de gobierno hasta que los envolvió una feroz represión que hirió a varios compañeros, uno de los cuales murió a los pocos días.

¿Malvinas o la mordaza al 30 de marzo?

Cuarenta y ocho horas después nada aparece de la movilización y reclamo popular porque “la” noticia es el desembarco de tropas argentinas en Malvinas. Nada se dice de las víctimas de la represión que obligó al desprestigiado gobierno militar a jugar, la que creyó, su carta de triunfo. Al comenzar la Guerra muere en combate el mendocino Giacchino que acaparó todas las miradas y la prensa. Es así que, nuestro compañero José Benedicto Ortiz muere en la más absoluta soledad e indiferencia el día 3 de abril de 1982. En su partida de defunción figura como causal de muerte: “problemas pulmonares”.

En este contexto,la despiadada represión al acto de la CGT, significó el broche a la derrota política del gobierno que entre otras cosas, hasta que llegó el salvavidas de Malvinas, desestabilizó y estuvo a punto de hacer naufragar en Mendoza, la gobernación de los aliados políticos más importantes del régimen militar.

Sin embargo, las implicancias políticas de la movilización del día 30 iban mucho más allá todavía.

La represión a trabajadores y trabajadoras, desarmados e incluso ocasionales espectadores, desnudaba aún más claramente la verdadera naturaleza del gobierno en un momento en el cual buscaban, a través de sus servicios de inteligencia, un fuerte impacto popular que les diera oxígeno para continuar.

Sin banderas

En búsqueda de “otra” información, la de la experiencia vivida, nos encontramos con compañeros y compañeras que aportaron su relato para completar con esas palabras, los silencios del pasado en este ejercicio de memoria, de reconstrucción de nuestro patrimonio histórico de lucha.

Compañeros, hoy militantes de CTA Mendoza, presentes en la jornada histórica del 30 de marzo de 1982, que le costó la vida a José Benedicto Ortiz de 53 años, trabajador de la Fábrica de Cemento Minetti, militante y secretario general de AOMA (Asociación Obreros de la Minería Argentina), contaron la experiencia.

A pesar de sus diversas edades, historias de militancia y miradas políticas, sus relatos confluyen en señalar que la concentración de compañeros en la esquina de Mitre y Colón fue paulatina y tranquila. La movilización comienza, con la única consigna de entregarle un petitorio al gobernador, por calle Mitre hacia Pedro Molina en grupos dispersos, sin banderas ni cantos sectoriales o de conjunto.

Entre los grupos se comentaba la información que obtenían distintos compañeros. Era la gente con la que se cruzaban, la que les avisó que el parque cívico, alrededor de la casa de gobierno, estaba lleno de gendarmes y milicos.

Algunos compañeros ya estaban cruzando la calle Pedro Molina cuando se sienten los primeros disparos y comienzan las corridas. Con la segunda ráfaga todos tratan de esconderse y refugiarse. Unos, desde las acequias vieron pasar a los compañeros que llevaban corriendo a sus compañeros heridos a la clínica Mitre. Otros intentaron entrar en comercios o edificios. Los compañeros de ATE recuerdan con bronca aquel momento: -“La sede de ATSA en Mendoza era en el mismo lugar que ahora, Mitre 573. Estábamos casi en la puerta cuando empiezan a tirar los tiros y el interventor del gremio, Azcurra Lista Celeste Atsa, cierra las puertas de la sede para que no entráramos los compañeros que disparábamos de las balas”.

La descontrolada represión dispersó los grupos y mientras algunos recuerdan haber salido corriendo porque de pronto se encontraron solos, otros se reunieron en la misma esquina desde la que partieron.

Con la Bandera Argentina

Es ahí donde un compañero bajó del mástil de la clínica, la Bandera Argentina con la que comienzan “la otra movilización”.

“Nos reunimos todos en la esquina de Colón, llegaba mucha gente más que se sumaba formando algo así como una asamblea espontánea para deliberar cómo seguíamos. Había distintas voces y algunos dirigentes planteaban que no estaban dadas las condiciones para seguir porque se desataría más represión.

Caminamos por calle Colón en contramano. A medida que avanzábamos para el centro se incorporaba gran cantidad de gente.

En San Martín y Rivadavia la columna tenía varias cuadras y ocupaba toda la calle San Martín. No se rompieron vidrieras ni autos,. No hubo saqueos, y nadie se separaba de la columna que se hacía cada vez, más compacta.

Después, la desconcentración en la esquina de la Catedral. A pesar de la bronca y la conmoción por la represión, nos alejamos... sin generar problemas, no se rompió nada. Era un momento extraño porque nuevamente los pequeños grupos se dispersaban... no circulaban colectivos y los compañeros que habíamos estado en la marcha, íbamos en la misma dirección, no hablábamos porque no nos conocíamos pero nos cuidábamos entre nosotros”.

Benedito

Así, sin la “C” -Benedito - figura el verdadero nombre del compañero en su partida de nacimiento que data de 1928. Él mismo se encargaba de aclarar el error del empleado del registro civil al anotarlo.

El 30 de marzo de 1982 la bala disparada por un gendarme lo volteó sobre el asfalto de la calle Pedro Molina, a metros de la casa de gobierno. El balazo le reventó un pulmón. A los cuatro días murió en una sala del Hospital Central.
A Benedicto, como pasó a la historia, ese disparo lo convirtió en el símbolo del final de la dictadura. Muerte que fue tapada por la eufórica sinrazón de la guerra de Malvinas.

Era el “líder sindical de los mineros” y peronista ortodoxo de esos que se autodefinían como “peronista de Perón”. A su familia poco le gusta hablar del tema por el desencanto que sobreviene con el tiempo tras el olvido y las banderas oportunistas. Lo definen como un padre, un trabajador y un gremialista honesto, sencillo y callado.

Los disparos comenzaron cuando se cantaba el Himno. Al sonar el primer disparo un compañero gritó: - “la única arma que tenemos es el pecho y un petitorio para el gobernador”. En ese momento, con el Himno Nacional de fondo cayeron dos compañeros heridos. Uno de ellos era Benedicto Ortiz.

Hace 30 años que la dictadura genocida comenzó a llevarse miles y miles de compañeros y compañeras. Esa tragedia instauró en el país un régimen económico que hasta el día de hoy sigue causando expulsión, hambre y muerte.
Benedicto y aquel petitorio de “Paz, Pan Y Trabajo” fueron la llave para volver a las calles por la redistribución de la riqueza y el conocimiento para todos los argentinos.

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