
El 30 de marzo fue un vendaval. No esperábamos ni tanta gente ni tantos palos.
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* Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA. |
Era cierto que la dictadura ya venía en caída, y que el año anterior probamos lo que significaba ganar las calles cuando nuestra columna encabezada por Saúl Ubaldini en la marcha a San Cayetano (7 de agosto de 1981) fue reprimida. Trataron de frenarnos en la cancha de Vélez, pero terminamos doblegando la fuerza policial.
Otra cosa distinta sería Plaza de Mayo. El mayor símbolo del poder del pueblo en la historia y la cultura nacional.
Cuando se tomó la decisión en aquella reunión de la CGT Brasil, que desde 1980 había sido la referencia de todas las resistencias de los trabajadores, yo representaba a las agrupaciones gremiales peronistas, ámbito donde nos reuníamos para organizar la resistencia aquellos compañeros de sindicatos auto intervenidos por colaboracionistas. Fue impresionante y como siempre las imágenes que desde el poder tratan de recordarnos ese día están asociadas a la represión bestial, claro que lo fue, no sólo por la secuela de miles de presos en un solo día, sino también por el asesinato del compañero Benedicto Ortiz en Mendoza.
Ellos tienen que mostrar siempre lo que nos debilita, lo que oculta el poder popular, y eso no debe saberse.
Otra cosa fue lo que yo vi y viví, ese día.
La solidaridad de la gente, que nos abría la puerta de los edificios, para guardar a los que quería “cazar” la cana, la solidaridad y acción en cada comisaría, entre los presos, o la de abogados o de los derechos humanos, o como siempre recuerda Nora Cortiñas, de las madres, que a pesar de todos los prejuicios con los que habían querido dividir a los organismos y los trabajadores fue recibida cuando reclamaba libertad con el grito y el aplauso de todos.
Muy distintas son las fotos que me quedaron a mí, en la memoria o en la piel.
La columna que formamos en Belgrano y Nueve de Julio, con Saúl, Ricardo Pérez Godoy, y tantos otros a la cabeza, que con la consigna Pan, Paz y Trabajo, iba camino de adueñarse de la plaza.
La tenían que parar, como fuera, pero ya los días de la dictadura estaban contados.
Y pensar que hay algunos que creen, y siguen repitiendo como loros las palabras de Neustadt, que la dictadura se acabó porque los militares perdieron las Malvinas. Es cierto, eso apresuró la caída (casi huida), pero lo que los derrotó, fue la resistencia popular de todos esos años, que tuvo sus formas, sus métodos y que está jalonado de tantas y tantas luchas ocultas.
Como con las fotos de ese día 30 de marzo, sólo quieren que veamos la represión pero, como en aquel día, hay otra realidad que descubrir y amar hasta enorgullecernos.
Nuestra clase fue la destinataria del golpe por eso pudimos presentarnos ante el Juez Garzón en España y demostrar que el 67% de los desaparecidos eran trabajadores y también la mayoría de los más de 100.000 presos legales o ilegales, los exiliados o los más de medio millón de delegados, activistas despedidos o prescindidos de sus trabajos.
Sin embargo los primeros paros contra la dictadura o la política económica no se hicieron esperar y en los años 76 y 77, a pesar de ser secuestrados o reprimidos con posibilidad de muerte, comenzaron en los distintos sectores sin contar con las tareas de sabotaje realizadas una y otra vez.
Pero va a ser después del primer paro nacional, el 27 de abril del 79, convocado por la “Comisión de los 25”, que se ira incrementando la lucha y resistencia. No hay como tener un horizonte nacional para proyectar las luchas sectoriales o territoriales que culminaran en aquel 30 de marzo del 82.
Hoy a 31 años del golpe genocida del 76 podemos poner en el banquillo de los acusados a los genocidas que ganaron, contracara de los juicios de genocidio en la historia que siempre se los hicieron los vencedores a los vencidos y eso es así porque hubo un pueblo que resistió, y donde los pañuelos de nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, son el símbolo que recorre el mundo.
Y lo hicimos porque teníamos la conciencia de generaciones que pelearon creyendo que podían ser felices, transformando ese capitalismo inhumano, capaz de reproducir la explotación del hombre por el hombre hasta el suicidio colectivo.
Por eso le quitaron la vida a nuestros compañeros, y por eso estamos dispuestos a recuperarlos no sólo en su martirologio (que ya seria justo y digno), sino, y fundamentalmente, por sus ideales, sus sueños, y compromiso por cambiar la sociedad.
Quizás nuestro mejor homenaje, no es sólo hacer el 7 Congreso de la CTA el 30 y 31 de marzo del año pasado para homenajear esa resistencia y recuperar esa memoria, esas imágenes que nos ocultan y nos ocultamos, sino creer y comprometernos como ellos para transformar esta sociedad y liberar nuestra Patria.
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