Trabajo autogestionado
En busca del desarrollo perdido
Martes 3 de abril de 2007

"Entre todos podremos recuperar la dignidad del trabajo productivo. Por eso esperamos la participación y el aporte de todos para hacer renacer la patria grande y prospera que supimos tener alguna vez". Así dice una convocatoria de la Cooperativa de Trabajo Nahuel Guazú Ltda., un emprendimiento de trabajadores que nació hace seis años, en San Fernando, en la zona norte del conurbano bonaerense, para recuperar un sector productivo esencial para el desarrollo de la Argentina: la industria metalúrgica naviera pesada.

Muchos de sus miembros pertenecieron al astillero Astarsa, de Tigre, otros son hijos de ellos y otros son vecinos que vieron crecer la zona gracias al empuje de esta industria, una de las tantas que el menemismo hizo sucumbir en los ’90.

Actualmente los trabajadores de Nahuel Guazú luchan por conseguir el predio donde funcionara Astarsa, a orillas del río Luján, con la mira puesta en practicar formas de gestión más justas y equitativas, apoyadas en un modelo económico nuevo, que revalorice el trabajo digno.

El principal escollo, según cuenta el presidente de la cooperativa, Miguel Ángel Álvarez, es el de las burocracias gobernantes. "Hemos hecho innumerables gestiones con funcionarios y políticos municipales, provinciales y nacionales y lo único que obtuvimos fueron derivaciones intrascendentes" puntualiza.

Desde planes sociales hasta subsidios los cooperativistas de Nahuel Guazú han recibido "ofertas" variadas desde distintos puntos y jurisdicciones del organigrama oficial. Sin embargo va a ser muy difícil (léase imposible) coptarlos con espejitos de colores. "Nuestra lucha -sostiene Álvarez, un férreo militante católico de la iglesia comprometida con la opción por los pobres- es por recuperar fuentes de trabajo genuino, legítimo y digno. Tenemos el deber irrenunciable de soñar y proponer un Estado que ayude a crear una sociedad donde entren todos".

Tras el huracán neoliberal de los años ’90, la desocupación hizo que se perdieran y quedaran en desuso gran cantidad de oficios y habilidades laborales. En rigor, quedó amenazada la propia cultura del trabajo (algo que se potenció con la instrumentación de los planes sociales, para dar legitimidad al clientelismo político).

Por esto, la educación para el trabajo es otra de las cuestiones que la cooperativa intenta desarrollar. "Nuestro emprendimiento - explica Álvarez- retoma las enseñanzas de la escuela-fabrica, para perfeccionarla, actualizarla y potenciarla".

En concreto, las estadísticas dan cuanta de una pérdida de 30.000 puestos de trabajo en el sector metalúrgico naviero. Sobre esta realidad los cooperativistas también tienen su parecer: "Vivimos en un país con alto potencial de trabajo pero con falta de fuentes laborales. Por lo tanto, como cooperativistas solidarios tenemos que fundar nuestros propios espacios de producción".

Fuente: Gustavo Camps, Agencia de Noticias del Delta Argentino (ANDA)

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