
El 2 de abril de 1997, hace ya diez años, impregnados de emoción en un patio de escuela, con sus alumnos formados al compás de Aurora, izábamos la bandera al comienzo de un día de clase.
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* Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA. |
Comenzaba frente al Congreso de la Nación la Clase Magistral de los docentes argentinos organizados por CTERA.
No fueron uno sino 1003, los días de ayuno, resistencia, lucha y triunfo para conseguir la Ley de Financiamiento, con recursos del Presupuesto Nacional sin ningún tipo de condicionamientos.
Debo confesar que días antes, durante un acto frente al mismo Congreso, de los compañeros de ATE, y enterado por Hugo Yasky, de la intención del ayuno, me sobresalté. No soy muy proclive a utilizar este método de lucha. Ya bastante nos castigan como para encima flagelarnos con una huelga de hambre o ayuno.
Pero una nueva lección me iban a dar los compañeros.
Por esos días el menemismo, seguía avanzando casi omnímodo en la desestructuración de la escuela pública, hacia años que a caballo de la llamada descentralización, y luego de la Ley Federal de Educación, se venían desmantelando el sistema que había sido ejemplo de igualación para el pueblo argentino, y las luchas provinciales se desarrollaban con fortaleza pero se terminaba confrontando con los intermediarios y cómplices de la destrucción.
Había que nacionalizar la resistencia, para pasar a discutir el sentido trascendente que en la cultura de nuestro pueblo y de nuestra historia tienen la Escuela, y los maestros.
Segundo hogar, segunda mamá, no era menos lo que el esfuerzo de poner el cuerpo en el ayuno iba a despertar en nuestras conciencias.
Rápidamente, la casualidad o la providencia, según cada cual los iba poner a prueba.
El doce de Abril mataban en la pueblada de Cutral-Có, a la compañera Teresa Rodríguez. El mismo día 12 de Abril de dos años antes en Tierra del Fuego se asesinaba a Víctor Choque. Días donde hubo permiso para matar. Tratando de parar la iniciativa popular, y como eran años electorales, había que recordar la presencia del terror impune.
Gracias que estaba esa carpa que comenzaba ser la referencia, pero que ese día se transformó, en el centro del Movimiento Nacional, y penetró en el corazón de nuestra gente, constituyendo una de la luchas populares más importante de nuestra historia.
Desde allí convocamos al paro nacional que con la vanguardia de los docentes, significaría el rechazo de la muerte, y la defensa de la vida, y en la convocatoria a la Plaza de Mayo repleta de guardapolvos blancos rodeados por las organizaciones populares, Marta Maffei definía los contornos de esa alucha épica.
A partir de allí otra fue la historia.
La perseverancia de los ayunantes de los mas recónditos lugares del país fue rodeada del afecto y el compromiso de miles y miles de estudiantes, padres, ciudadanos y trabajadores de toda la Nación.
Artistas, filósofos, religiosos, conocidos o anómimos, mancharon sus guardapolvos con la tinta indeleble de la dignidad, de la generosidad, y del orgullo de la lucha por la escuela pública.
No hubo acto, movilización, charlas o actividades, que no recibieran de pie, ovacionando, a esos visitantes que conmovían no solo por su actividad militante de esos días, sino también del compromiso cotidiano en la defensa de la educación, permaneciendo al frente de sus alumnos día tras día a pesar de la defecciones gubernamentales, fieles servidores de las políticas impulsadas por el Banco Mundial.
El cartelito “Docente Argentino Ayunando”se multiplicó en millones, 1500.000 firmas apoyaron su reclamo, ayunos en las provincias y en las aulas, carpas en las ciudades, marchas, cinco paros nacionales, recitales de artistas populares, obras de teatro y partidos de fútbol, fueron nuevas formas o recuperadas formas de involucrarse en la lucha de la sociedad. Para ganar ante tanta maldad organizada con tanto poder, se necesita contar con la voluntad expresa de los compañeros de la organización, pero esto no alcanza, es necesario contar con la solidaridad expresa y activa de millones. Y ellos lo lograron.
Aquella organización fundada el 11 de septiembre de 1973, que se asumiría a sí misma como Trabajadores de la Educación, CTERA, fue el canal orgánico de dicha fortaleza, acompañada de la organizaciones que en cada pueblo o provincia incorporaba sin retaceos su cultura o sus particularidades. Alumnos de más de 7000 escuelas recorrieron el país para tocar y sentir esa carpa de la dignidad y cientos de docentes ayunaron en ella, fortalecidos, defendidos, atendidos y hasta mimados por cientos de voluntarios que se ocuparon día y noche de la organización.
Yo tuve la responsabilidad y la suerte de agradecer en nombre de los trabajadores, su valentía, pero como lo dije en el paro y movilización al Congreso de la Nación, estando mis hijos Lucía, Leonardo y Julieta, entre los manifestantes, me sentía orgulloso de la mejor clase que le podían dar mis compañeros docentes a los hijos de todos, que era el poner el cuerpo para alcanzar los objetivos. Nadie puede enseñar libertad, sin luchar por ella, nadie pude enseñar solidaridad sin comprometerse en ella. Por eso gracias docentes argentinos por lo que hicieron y siguen haciendo día tras día.
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