
El secretario general de APJ-GAS, Rubén Ruiz, participó en China, en representación de la CTA, del Taller sobre Sindicatos de ese país y del Cono Sur. La cooperación entre los trabajadores, los debates de este encuentro y un análisis sobre el gigante asiático, son algunos de los temas que el dirigente ceteatista explica en esta columna de opinión.
Por Rubén Ruiz*. China es un país de enormes escalas que deja perplejo a quien no la conoce o simplemente cree tener una idea de las dimensiones de lo que allí ocurre. El crecimiento económico es lo primero que impresiona: se observan miles de edificios en construcción, decenas de autopistas, caminos, canales que permiten verificar a simple vista el crecimiento del 9 por ciento anual que este país viene teniendo hace una década. También asombra la magnitud de la presencia de grandes empresas transnacionales en la economía china, tanto en Beijing como en las otras dos ciudades que visitamos: Tianjin, tercera ciudad en importancia y Xian, antigua capital china que se encuentra al norte del país. Es decir, dos ciudades de crecimiento dispar, con industrias diferentes y dinámicas de crecimiento para nada parecidas.
En las calles no se aprecia pobreza extrema, pero sí se verifica la presencia de diferencias sociales. Existe un masivo parque automotor moderno, junto a miles de bicicletas con muchos años de antigüedad; se ven personas que exteriorizan cierto lujo junto a cartoneros, mendigos y niños vendiendo flores. No obstante, lo predominante es la sobriedad y el dinamismo de la vida cotidiana en estos centros urbanos. El respeto que tienen los jóvenes por los ancianos, a quienes rodean para escuchar, y la curiosidad de éstos por aprender el manejo de algunos elementos electrónicos (como por ejemplo el celular).
La entrada del capital privado impactó profundamente en la vida urbana de China, produciendo una acelerada occidentalización, especialmente en los jóvenes, pero también es importante la presencia de los símbolos que caracterizan la milenaria identidad china en la nueva arquitectura, en las antiguas viviendas colectivas, en los pasajes y callejuelas, en las comidas.
Este encuentro fue impulsado por trabajadores chinos para iniciar relaciones amistosas y de cooperación entre las organizaciones sindicales de ambas regiones, intercambiar información sobre la realidad de los trabajadores de los respectivos países y comenzar a esbozar la construcción de un mecanismo de protección sindical frente a la globalización. Fueron 10 días de debate, entre el 20 y el 30 de marzo.
Participaron cuatro centrales sindicales de Brasil (CGT, CGT-B, Central Autónoma de Trabajadores de Brasil y Forca Sindical), la CUT de Chile, las 6 centrales de Paraguay, el PIT-CNT de Uruguay, la CTA de la Argentina, la Federación Nacional de Sindicatos Chinos (FNSCh) y representantes del Partido Comunista de China. Allí la FNSCh formalizó una invitación a la conducción nacional de la CTA para seguir explorando caminos comunes de cooperación internacional y de fortalecimiento de la relación bilateral.
Hubo exhaustivos informes de las autoridades de la FNSCh respecto a la situación política y económica de China y de la labor sindical en la actualidad, del papel de los sindicatos chinos en la coordinación de las relaciones laborales, del establecimiento y desarrollo del sistema de coordinación tripartita de las relaciones laborales y de contratos colectivos y, también del fortalecimiento de la construcción institucional en defensa de los derechos democráticos de los trabajadores chinos.
En todos estos informes tiene enorme presencia la descripción de la implementación de la política de reforma y apertura y el desarrollo de la economía socialista de mercado a partir de finales de 1978 y de los grandes cambios que esta decisión operó en la fisonomía de China. Es decir, la incorporación masiva del capital transnacional como actor de la economía china y sus consecuencias en las relaciones sociales, políticas e ideológicas.
Es importante considerar que esta fue la respuesta elaborada por la dirigencia china para enfrentar los efectos de la globalización y para tratar de mantener el grado de igualdad conseguida después de la Revolución campesina y socialista de 1949.
En un país de 1.300 millones de habitantes, ambas metas son extremadamente difíciles, sin que se produzcan tensiones visibles e invisibles. En principio, desde la adopción de las medidas de reforma y apertura, el PBI pasó de 147.300 millones de dólares estadounidenses a 2 billones 223.000 millones en la actualidad, o sea, se multiplicó 15 veces, las exportaciones alcanzaron un valor de 1 billón 422.000 millones de dólares, la inversión extranjera sumó 60.300 millones de dólares y las reservas de divisas del Estado llegó a 819.000 millones de dólares.
En el otro extremo del análisis, se debe destacar que el ingreso anual por habitante es de 1.700 dólares, que la desocupación es del 4,2% de los trabajadores registrados, pero que existen 100 millones de emigrados del campo a la ciudad, en su mayoría trabajadores informales y que los ingresos de los trabajadores urbanos son el triple que el de los rurales.
La Federación Nacional de Sindicatos Chinos es la central sindical unitaria; fundada el 1º de mayo de 1925 y constituida de forma voluntaria. Tiene 147 millones de afiliados agrupados en 31 centrales sindicales de nivel provincial (con excepción de las regiones administrativas especiales de Hongkong, Macao y la provincia de Taiwán), 10 sindicatos sectoriales de alcance nacional (por rama) y 1.174.000 sindicatos de base. Los trabajadores de las empresas estatales representan el 38,4 de la fuerza laboral registrada y los del sector privado el 61,6% de dicha fuerza laboral.
El complejo entramado organizativo de la FNSCh tiene relación directa con la extensión del territorio, la cantidad de trabajadores representados y la concepción que tiene del conflicto y su resolución. Es una red que agrupa sindicatos por empresas, por rama, por localidad, comarca o distrito con sindicatos regionales o nacionales y cuya actividad está dirigida a defender los derechos laborales y mantener el equilibrio social a través de innumerables escalones de mediación y negociación.
Estos escalones tienen status jurídico y constitucional; son una red legal para enfrentar la voracidad del capital privado, la existencia de nuevas formas de relación económica y la inercia, aún existente, luego de haber transitado desde la dependencia política a la vinculación económica (obreros/patrones).
Los comités de reconciliación, los comités de arbitrajes de relaciones laborales, el sistema de consultas, las conferencia de representantes de trabajadores en las empresas de titularidad pública, sistema de alarmas de conflicto, entre otras, son las herramientas con las que cuentan los sindicatos chinos y el gobierno para moverse en tan compleja realidad.
Existen tres aspectos relevantes para la FNSCh: el régimen de conferencia de representantes de trabajadores; el Sistema de Coordinación Tripartito de las relaciones laborales; y los Contratos Colectivos de Trabajo.
El primero, es el mecanismo básico que utilizan los sindicatos chinos para asegurar la administración democrática de las empresas e instituciones públicas en su país. Sus integrantes son votados por todos sus trabajadores y los proyectos de reformas de las empresas deben ser sometidos obligatoriamente al examen y aprobación a este órgano. Mediante este mecanismo participan en la gestión, administración y supervisión de las empresas y tienen garantizado el derecho a la información.
El segundo, está compuesto por el Gobierno, los trabajadores y los patrones, para discutir y negociar la resolución respecto a la legalización, la elaboración de políticas y los asuntos laborales importantes a nivel local, regional y nacional. Su funcionamiento tiene como base la igualdad de los mismos. Es el mecanismo de diálogo social obligatorio que existe para participar en la administración económica y social por parte de los sindicatos.
El tercero, sistematiza las relaciones laborales y es el marco en el cual se firman los contratos individuales de los trabajadores chinos. Es una experiencia masiva reciente, ya que los CCT adquirieron otra dimensión a partir de la implementación de la reforma, apertura y el desarrollo de la economía socialista de mercado. A modo de ejemplo, hasta finales de 2004 se firmaron 6.500.000 CCT; no obstante ello, cerca del 40% de los trabajadores todavía carece de CCT.
Nos encontramos ante un país que explica el 36% del movimiento de las mercancías del mundo, que tiene más afiliados a sus sindicatos que el resto de las organizaciones sindicales mundiales, que sigue creciendo a un ritmo incesante y que implementó un experimento inédito para enfrentar la globalización, manteniendo ciertos estándares de igualdad social.
Ante una FNSCh interesada en escuchar nuestras opiniones respecto a la experiencia vivida en nuestros países con el neoliberalismo, dado que dicho modelo es el que está ingresando en China.
Todas las delegaciones del cono sur tuvimos profundas coincidencias respecto a los efectos de varias décadas del capitalismo salvaje. La posición conjunta de todos los representantes de las centrales obreras latinoamericanas convocadas para este taller no dejó lugar a dudas sobre las consecuencias nefastas para nuestros pueblos.
También coincidimos respecto a la presencia del estado chino, su nivel de crecimiento económico, su peso en el comercio internacional, su dirección política unitaria, su concepción de armonía y sus condiciones para comerciar en condiciones justas son elementos disuasorios para enfrentar el ingreso del capital transnacional y sus prácticas salvajes.
Por un lado, existe la necesidad concreta de satisfacer las necesidades materiales de 1.300 millones de habitantes y de crear millones de nuevos empleos en una economía mundial globalizada y cada vez más interdependiente. Por otro lado, el ingreso del capital privado en gran escala produjo la profundización de las contradicciones entre la oferta y la demanda, el crecimiento de la desigualdad, el nacimiento objetivo de nuevas clases sociales y también, de la demanda por mejoras laborales y la diversificación de categorías laborales diferenciadas.
No será menor para todo el planeta que China logre achicar la brecha económica creciente que introduce el capitalismo, gracias a la consolidación del estado popular, a la revalorización de los principios de la igualdad social y a la práctica extendida del comercio justo. Como no será menor su fracaso ante tamaño desafío y su consecuencia de pobreza y marginación.
Volví convencido que es imprescindible la construcción de una alternativa económica, política, social y cultural que agrupe a los pueblos de América del Sur, que nos permita tener una visión común y un peso económico no despreciable para negociar con el resto de los bloques regionales mundiales. También para enfrentar la barbarie, la unipolaridad y la exclusividad.
Después de esta experiencia seguiré sin ser neutral, pero revisaré mis opiniones, mis urgencias, mis estrategias. Vi un mundo impresionante, por su grandeza, por su crecimiento, por sus costumbres y discursos laberínticos, por su cuidado de las formas, por su proximidad al quiebre social, por su necesidad de recursos y distribución de bienes a miles de millones, por la extraña falta de presencia de Mao y por su forma de seducir sin hablar.
Miles de años de historia conviven en la calle, en los gestos, en la manera de saludar, en la forma de fumar para explicar casi sin ser visto, en la Opera de Pekín, en la cena con pato laqueado y en las callecitas repletas de obreros comiendo un plato de fideos apoyados sobre sus pies. Es decir, en la manera de vivir, de hacer política y de influenciar sobre el otro.
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