Entrevista con Emir Sader
"Para emanciparnos primero tenemos que ganar el Estado y para eso es fundamental la movilización social”
Miércoles 10 de mayo de 2006, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

Por Mauro Federico. Es uno de los sociólogos más importantes de Brasil y uno de los analistas más reconocidos de la realidad latinoamericana. Dirige el Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad de Río de Janeiro, organismo miembro de CLACSO.

Fue uno de los invitados especiales durante el Foro Mundial de Educación, realizado en Buenos Aires entre el 4 y el 6 de mayo. Sostiene que el MERCOSUR “se ha quedado solo en un acuerdo comercial pero carece de integración social, educacional, cultural y comunicacional”. Reivindica la decisión de Evo Morales de estatizar los hidrocarburos porque “representa el cumplimiento de lo que propuso en su plataforma electoral”.

“Creo que la construcción de un mundo nuevo necesita tener como eje fundamental el tema de la educación. Y no cualquier educación, sino educación para la emancipación, educación para construir seres concientes, capaces de construir un mundo humano, un mundo solidario”, sostuvo Emir Sader al ser consultado sobre los contenidos de su disertación ante los miles de participantes del Foro Mundial de Educación, que tuvo como sede la ciudad de Buenos Aires.

“Cuando en el Foro Social Mundial decidimos hacer foros temáticos, no teníamos idea del potencial extraordinario que tienen los foros de educación, que son los que más se multiplican, los de participación más masiva, más combativa. Y por eso fue sorprendente lo que pasó en San Pablo, en Porto Alegre y ahora en Buenos Aires”, aseguró Sader en un reportaje realizado el viernes pasado durante el programa “Reincidentes”.

¿En cuánto usted cree que la reformulación de los programas educativos puede acompañar un proceso político de liberación con respecto a lo que han significado los años de neoliberalismo en los países de la región?

Bueno, no será fácil, porque somos hoy víctimas de una masa informativa extraordinaria pero con una incapacidad interpretativa muy grande. Se tiene acceso a una cantidad infinita de conocimientos pero es lo que se llama “nuevo analfabetismo”. Mucha información pero la incapacidad de entender por qué el mundo es como es, por qué uno está en el mundo de esa manera, por qué no logramos construir un mundo a nuestra imagen y semejanza. Entonces, de hecho hay que tener la educación como instrumento de lucha contra la explotación, contra la opresión, contra la discriminación, contra la alienación. Y eso no es lo que ha sido hasta ahora la escuela. La escuela en general tiende a preparar gente para el mercado. A ganarse una profesión, encontrar mejores formas de competencia en el mercado de trabajo. Y ese es un elemento de reproducción de la sociedad tal cual existe, sobre todo en las nuestras, que son las más desiguales del mundo. Son mecanismos que en verdad reproducen lo que ya tenemos. Y de gente que tiene muy poca conciencia, muy poca capacidad de intervención en la transformación. Son palancas en la reproducción de capital, no más que eso.

Entonces, de hecho hay que hacer un cambio muy sustantivo en las orientaciones para que podamos tener en la educación un elemento de emancipación.

¿Primero hay que tener el control del Estado para poder trabajar en la reforma de estos programas educativos o hay que trabajar en la reforma de los programas educativos desde las organizaciones para después recuperar el Estado?

Hay que movilizar para llegar al Estado. Tenemos en Ecuador un movimiento social extraordinario que llegó tres veces a la puerta del Palacio, tumbó presidentes, pero no tuvo su propia alternativa, delegó a la representación política y se sintió traicionado. La ventaja de lo de Bolivia es que es un movimiento social muy fuerte que crea su propia alternativa, crea su propio partido, el Movimiento al Socialismo, y desde allí disputa la hegemonía en el conjunto de la sociedad. Se puede partir también desde el Gobierno, como es el caso de Venezuela, pero lo normal es que se parta de la resistencia social al neoliberalismo. Que se cree la fuerza social que llegue a tener capacidad política de conquista y transformación a partir del Estado, pero basta de quedarnos a nivel de la pura resistencia como movimientos sociales. Son indispensables, pero por sí solos son incapaces si no tienen una alternativa política que dispute el poder de poner en práctica un proyecto de transformación.

El neoliberalismo es una máquina selectiva de expropiar derechos. Y el que puede garantizar o reafirmar derechos, de última, son los gobiernos o los Estados. Entonces hay que llegar a esa instancia.

¿Y cómo se hace cuando el Estado está en manos de un pensamiento neoliberal como ocurrió con nuestras naciones a lo largo de los últimos años?

Retomo también la línea del movimiento boliviano. Convocatoria de una asamblea constituyente para refundar el Estado. De hecho el Estado fue constituido, y sobre todo perpetrado, por hegemonía del capital financiero, del capital especulativo. De lo que se trata ahora es de reconstituir un Estado alrededor de la llamada “esfera pública”, que sirva a esa dimensión que universaliza derechos, que democratiza la sociedad, que tiene políticas como el presupuesto participativo que pone en manos de la gente la decisión de quién paga impuestos y qué es lo que van a financiar esos impuestos.

Entonces la idea no es tomar el Estado y creer que el Estado es neutral y que se puede hacer lo que se quiera con él. Un Estado que está asentado alrededor de las instancias económico-financieras es un Estado que va a reproducir el neoliberalismo. Tiene que ser un Estado que efectivamente constituya estructuras que sean legítimas, representativas y que puedan promover lo que es el post-neoliberalismo, es decir, la prioridad de lo social.

En este marco, ¿cómo analiza la decisión que recientemente anunció el presidente de Bolivia, Evo Morales, respecto de la nacionalización de los hidrocarburos y la reacción, podríamos decir que en dos tiempos, que tuvo el gobierno de Lula?

Creo que es una medida absolutamente legítima. Es lo que Brasil hizo con el petróleo en los años 50, es decir, nacionalización de los recursos. Es reconocido además por todos los presidentes que se reunieron en Iguazú. La reacción inicial de Brasil fue políticamente positiva. Pero Brasil tiene un problema serio.

Petrobrás fue una empresa semi privatizada por el gobierno de Cardozo, es decir que tiene acciones en venta en la Bolsa de Nueva York. Entonces aunque sea una dirección positiva, nombrada por el Gobierno, tiene que responder a demandas de sus accionistas. Y además, de hecho por una parte el gobierno de Bolivia tiene todo su derecho de hacer la nacionalización. Ahora, lo que considera Petrobrás es que con 18% no tiene capacidad de seguir invirtiendo. Es decir, tiene la capacidad de mantener lo que tiene de inversión pero no de desplazar recursos. Creo que es un proceso de tire y afloje que en los próximos 180 días se va a dar una discusión como dijo el presidente Kirchner con un criterio más o menos de racionalidad respecto de las tarifas que se van a cobrar.

MERCOSUR y después

¿Cómo analiza las relaciones entre los países miembros del MERCOSUR y qué opinión tiene respecto de los gestos que ha dado el presidente Tabaré desde el Uruguay?

El MERCOSUR está entregado a un acuerdo comercial donde las peleas aparecen a nivel de diferendos entre corporaciones empresariales brasileñas y argentinas. No ha ganado todavía un carácter más político, ha abandonado la idea de la construcción de un Parlamento del MERCOSUR, construcción de una moneda única, construcción de integración comunicativa, cultural, educacional. Mientras siga como un tema básicamente comercial será siempre un tema de roces, de conflictos inmediatos, sin una concepción política.

El ingreso de Venezuela debiera ser aprobado de inmediato como miembro pleno, para romper con ese círculo vicioso de conflictos comerciales inmediatos. Yo creo que es el país que más ha demostrado un espíritu de integración continental, mucho más que los gobiernos de Brasil y Argentina.

El conflicto entre Argentina y Uruguay es una vergüenza para el MERCOSUR y para toda América Latina que llegue a los niveles de beligerancia que tiene actualmente. Pero América Latina y el MERCOSUR no tienen una política ecológica, del medio ambiente, para definir criterios que de alguna manera todos deban obedecer. Y además, conseguir compensaciones de los países que tienen que conceder económicamente para poder preservar el equilibrio ecológico. Esas son medidas que tienen que tomarse a nivel de los gobiernos.

En el conflicto económico inmediato siempre uno gana y otro pierde. Pero no es ese el marco estratégico fundamental. Tiene que ser un marco político, una comprensión de la necesidad de integración mucho más allá de los conflictos sectoriales inmediatos. Brasil y Argentina han tenido una actitud de creer que Uruguay está necesariamente obligada a estar en el MERCOSUR. No es bueno que mientras estén reunidos los presidentes acá, Tabaré esté reunido con Bush y con Fox. Pero en verdad, la responsabilidad la tienen mucho más Brasil y Argentina que Uruguay. Entonces Estados Unidos está tratando de avanzar por los bordes, con Tratados de Libre Comercio (TLC) con América Central, con Colombia, con Chile, está intentando imponerlo en Perú y Ecuador. Y Tabaré recibió un plan elaborado por el gobierno anterior.

La única manera de combatir eso es avanzar en el MERCOSUR, avanzar en la Comunidad Sudamericana de Naciones, con un planteamiento político, estratégico, que es lo que está faltando. Es muy malo que se llegue a un conflicto que va al Tribunal de La Haya, en una circunstancia en que no tenemos criterios para dirimir hasta donde hay que preservar el medio ambiente como elemento fundamental de integración. En lugar de ser integración termina siendo elemento de diferencias, de conflictos.

El escenario electoral en la región

Usted mencionaba a una serie de países que están unidos por este sueño de la patria grande latinoamericana, tanto Argentina como Brasil, enfrentarán en los próximos meses elecciones que definirán quienes serán los próximos presidentes. Con esto quedará definido un escenario político para la segunda década de este siglo. ¿Como analiza este proceso?

En Brasil, claramente las alternativas son dos: continuación del gobierno de Lula con la perspectiva de cambio de modelo, dado que él cambió al ministro Antonio Palocci, no por alguien que no tuviera la misma orientación, sino por un ministro que tiene una perspectiva desarrollista. Y significaría la mantención y la profundización del proceso de integración latinoamericana. O el retorno de un gobierno para Estados Unidos. El gobierno del bloque opositor significaría retomar una política pro Bush en América Latina, probablemente una alianza estrecha con Chile, con Colombia, con países que ya han firmado acuerdos de libre comercio.
Entonces, como variable en América Latina es una variable fundamental, porque cambiaría radicalmente el campo, porque Brasil de alguna manera, actúa para articular alianzas entre países como Bolivia, Cuba, Venezuela, por una parte; y Uruguay y Argentina por otra.

Ahora, la desaparición de esa política y la sustitución por una política pro norteamericana sería un golpe durísimo al proceso de integración regional.

Propone entonces un apoyo crítico a la gestión de Lula y una apuesta a la continuidad...

Claro. Lula no ha salido del modelo. Pero ahora asoma con la posibilidad de salir. Pero aunque se mantuviera el modelo, lo cual sería dramático para la situación social brasileña, aún así, bastaría la política exterior para justificar que es mejor. No estamos muy bien con Lula, pero sería menos malo con él que con un retorno de la derecha.


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