
El presidente Néstor Kirchner encabezó el viernes junto a un puñado de dirigentes gremiales y la cúpula de la UIA, la firma de convenios colectivos con aumentos de salarios del 16,5 por ciento.
![]() * Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA. |
El Jefe de Estado no se privó de destacar la ”responsabilidad” y ”madurez” de sindicalistas y empresarios para mantener estables las variables macroeconómicas.
El gesto demuestra, por un lado, el voluntarismo político del Gobierno y, por el otro, la subordinación sistemática al poder de turno por parte de la dirigencia que adscribe a un modelo sindical opuesto a la CTA.
Supone también una confesión: aunque el Gobierno afirme en el discurso que suscribe a la heterodoxia económica, en este punto abreva en lo más granado de la ortodoxia liberal al adjudicarle a la puja redistributiva, y la consecuente mejora salarial, connotaciones inflacionarias.
Según la agencia oficial de noticias Télam, el techo salarial impuesto por el Gobierno y que, según su óptica, favorece la gobernabilidad del sistema y, sobre todo, la manutención de este modelo económico desarrollista que no modifica la matriz de desigualdad social, alcanza a un universo laboral entre los que se cuentan trabajadores del tabaco (2.000), vidrio (20.000), vitivinícola (30.000), taxis (40.000), textiles (40.000), plásticos (45.000), SUTERyH (85.000), UPCN (87.000); bancarios (90.000), camioneros (140.000) y construcción (400.000) totalizando 979.000 trabajadores.
Después de semejante parafernalia las preguntas caen como fruta madura:¿esos dirigentes habrán consultado con los trabajadores de sus respectivos sectores si están de acuerdo con el tope salarial?, ¿porqué el Gobierno no muestra la misma energía y dedicación para recortar la fabulosa rentabilidad que acumulan las empresas que dominan la economía argentina?, cuando el Gobierno limita la discusión salarial para controlar la inflación, ¿a qué números se refiere? ¿a los que dibuja el INDEC por indicaciones del secretario de Comercio, Guillermo Moreno?
Las mujeres y hombres de a pie perciben una sensación térmica muy distinta de la temperatura oficial. Notan todos los días en sus bolsillos cómo aumentan la carne, el pan, los lácteos, las frutas y hortalizas, la ropa, los artículos escolares, los medicamentos, etc.
A cinco años de la última crisis económica que sufrió Argentina, todavía hay casi un millón y medio de personas que perciben planes de empleo, cifra que revela la continuidad de la emergencia social a pesar de los aumentos salariales. El mantenimiento de los planes de empleo es consistente con el hecho de que el 27 por ciento de la población argentina vive en la pobreza, el 43 por ciento trabaja en la informalidad y la distribución del ingreso es tan desigual como en 1996.
Un reciente informe presentado por el Observatorio de Derecho Social de la CTA da cuenta que una de cada cuatro negociaciones colectivas homologadas entre 2002 y 2006 establecen algún tipo de aporte obligatorio a favor del sindicato firmante del convenio, ya sea a cargo de los trabajadores, estén afiliados o no a dicho sindicato, de los empleadores, o de ambos.
El estudio se pregunta “hasta donde el ingreso regular y permanente de fondos, en algunos casos cuantiosos, por parte de la patronal a favor del sindicato, no afecta la propia autonomía de ese sindicato y, principalmente, los derechos de los trabajadores que aquel representa en la negociación”.
Quizás allí se encuentre alguna explicación a la diligencia mostrada por esa dirigencia para firmar convenios colectivos con techos salariales, mientras por otro lado hacen “caja” recibiendo jugosos aportes patronales, cuotas sindicales compulsivas que se les arrebata a los trabajadores y generosos subsidios oficiales.
Optar por un modelo sindical autónomo del Estado, los patrones y los partidos políticos implica una decisión costosa: apostar a la construcción de la fuerza organizada de la clase trabajadora desde los intereses de la clase y sin depender más que de ella misma.
Pese a los obstáculos que presenta ese camino, bien vale la pena recorrerlo. Es coherente con la historia de lucha del movimiento obrero y condición indispensable para acometer una estrategia política de emancipación, como la que está empeñada en protagonizar, junto a otros sectores de la vida nacional, la Central de Trabajadores de la Argentina.
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