Bolivianos en Córdoba
Los casos de discriminación se enmascaran como reyertas
Lunes 30 de abril de 2007

Franz Prieto Terán es presidente del Centro de Residentes Bolivianos en Córdoba y miembro de la Asociación de Abogados Indígenas. Aquí ofrece una mirada sobre la ley de migraciones de 2004, de la Justicia cordobesa ("que se niega a sí misma") y critica que la frase "boliviana hija de puta" bajo ciertas circunstancias se traduce como "gruesos epítetos".

¿Qué opina sobre la ley de Migraciones que reemplazó a la de la dictadura?

La ley de Kirchner (2004) ha reconocido que la migración no se puede detener. Y aunque es buena, creo que no sólo trató de frenar el trabajo marginal. Los migrantes ilegales son una fuente de recursos no incorporados al Estado a través del tributo fiscal. Son dos millones de personas, una cantidad muy apreciada de posibles ingresos al fisco.

Argentina no llega al habitante por metro cuadrado y -por su desarrollo cultural y económico- hay trabajos que se desprecian y alguien debe ocuparlos.

Siempre se dice que Estados Unidos regula el flujo migratorio de mexicanos o guatemaltecos de acuerdo a las necesidades laborales. Acá pasa lo mismo.

Por otra parte, creo que el gobierno no podía seguir soportando la presión internacional regional, con el nuevo panorama en Latinoamérica y la alianza con Evo Morales.

¿Entonces tiene una función recaudatoria?

También es beneficiosa para los migrantes. Prevé un período de dos años de radicación precario en el que ya se puede trabajar, ejercer derechos civiles, salir y entrar del país, estudiar, etc.

Lo que pasa es que en Argentina hay una discriminación somatizada. Existe negación del origen étnico. Los bolivianos somos detectados por nuestra forma de hablar y por los rasgos físicos. También se ha dado una especialización del trabajo: nos dedicamos a la construcción, a las quintas, al empleo doméstico, al cortadero de ladrillos.

Paradójicamente, muchas veces los que nos insultan son similares a nosotros: morochos, de determinada estatura y suelen ser descendientes de pueblos originarios de acá.

¿Cómo actúa la Justicia en ese aspecto?

Hay tratados internacionales de protección contra el racismo y discriminación de pueblos originarios que son letra muerta a pesar de ser derechos de primer nivel. Los jueces y los fiscales son muy reacios a implementarlos porque son formalistas y tienen una relación étnica de complicidad.

Si pasa algo en la comunidad galesa o judía, es un crimen de lesa humanidad y todo mundo reacciona como cuando levantaron esvásticas en la cancha. Reaccionó el gobierno, la municipalidad, la AFA, la FIFA. Todos dieron explicaciones, porque ellos son ciudadanos de otro nivel étnico.

Nunca le vamos a perdonar a (el intendente Luis) Juez su acto de discriminación (pretendió insultar a un equipo de fútbol -Belgrano de Córdoba- llamándolos bolivianos). Los discriminadores son racistas y profundamente cobardes.

¿Cuántos residentes tienen documentos?

En Córdoba hay entre 14 y 17 mil bolivianos, unos cinco mil tienen documentos. Los empresarios de la construcción prefieren tomar indocumentados porque están exentos de pagar tributos laborales. Hemos denunciado esto.

El centro empezó a recibir denuncias después de romper un muro entre nuestros compatriotas. Antes, el centro se encargaba de dar una visión folclórica de los que es Bolivia: el charango y la zampoña.

En Villa Esquiú y Villa Retiro revelaron el uso de los agroquímicos tóxico en forma negligente: los patrones piden que preparen determinados productos y no les dan elementos de protección.

Las condiciones de trabajo más terribles se ven en los cortaderos de ladrillo. La jornada empieza cuando sale el sol y se extiende hasta las 11 de la noche. El pago es por cantidad, esa es la trampa.

Con la devaluación del peso argentino, la migración boliviana comenzó a dirigirse a España, también a Alemania, en forma ilegal, van como turistas. Allá se gana en euros. Como los bolivianos están dispuestos a trabajos marginales son ‘muy preferidos’.

El latiguillo que dice que los migrantes quitan trabajo se usa mucho acá. Pero ni quienes lo repiten se lo creen. No veo que quien lo dice esté dispuesto a ir a un cortadero de ladrillos.

La sensación es que los bolivianos son muy sumisos...

Los bolivianos no somos sumisos. Eso que llamas sumisión son tácticas y formas de resistencia. Las rebeldías e insurrecciones que ha habido en el campo fueron respondidas con saña y masacre. Aprendimos que cuando somos débiles debemos mantener el silencio. A la bronca la vamos masticando, teniendo acá dentro y cuando llegamos organizados somos capaces de sacar a patadas a gobiernos apoyados por el imperialismo, la fuerza militar, la oligarquía.

Cuando nos discriminan, no pensamos ‘nos están degradando’ sino que el agresor se degrada y lo vemos como un tipo ignorante al que no vale la pena contestar.

¿Qué opina del Poder Judicial en Córdoba?

El Poder judicial de Córdoba se niega a sí mismo, vive en un mundo ideal que no quiere reconocer que hay discriminación. Este año, por fin voy a elevar una causa a juicio. Hay muchos casos de discriminación que se enmascaran como reyertas entre vecinos. Cuando la discriminación es un delito de lesa humanidad.

Durante doce años una familia de bolivianos en Córdoba fue insultada por su origen. La mujer hacia denuncias que no le tomaban y cuando eran receptadas la policía no anotaba ‘boliviana hija de puta, sino ‘gruesos epítetos’, lo que no configura discriminación.

Otro latiguillo -aunque menos usado que el del trabajo- es responsabilizar a los migrantes por la inseguridad y eso no es cierto.

Yo viví siete años en México y cuatro en Brasil. En México son muy solidarios, en Brasil, hay una intercultura que convive sin discriminación. El peor trato para los bolivianos se da aquí en Argentina. Y en la propia Bolivia donde una minoría eurocentrista discrimina al 70% de la población.

Fuente: Analía Reineri, www.sosperiodista.com.ar

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