Impulso de la democracia directa
El “Sí” a la participación de los pueblos
Jueves 3 de mayo de 2007

Mediante el referéndum, los ecuatorianos y costarricenses participan directamente de las decisiones de estado. El éxito obtenido abre las puertas a propuestas similares en el continente.

En Ecuador, más del 80 por ciento de los ciudadanos votaron “Sí” a la Asamblea Constituyente propuesta por el presidente Rafael Correa en un referéndum con interminables luchas e intentos de sabotaje. En Costa Rica, otro referendo para determinar si el gobierno de ese país aprueba el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos mantiene en vilo al pueblo “tico”, que ha sido testigo de multitudinarias manifestaciones en contra del acuerdo bilateral como así también de mensajes publicitarios a favor del mismo por parte de su presidente Oscar Arias.

El gobierno del pueblo mediante la referenda es la forma más tradicional de la democracia directa, un sistema de más 2.500 años que si bien fue ampliamente postergado por la clásica democracia representativa, en estos últimos tiempos se ha transformado - por medio del referéndum - en una herramienta vital a la hora de otorgarle a los pueblos responsabilidades inmediatas en materia de decisiones de Estado.

El modelo, que tuvo sus orígenes en la Grecia Antigua, propone una serie de principios que hacen hincapié en la necesidad de que los pueblos participen activa y concientemente en los destinos de su nación. Prácticas constantes de iniciativas populares o referendos estimularían el interés y la voluntad de la población por participar en la vida política de su ciudad o país. En América Latina los procesos de participación popular fueron severamente reprimidos y restringidos durante las dictaduras militares y los gobiernos de corte neoliberal. Así, los mecanismos de consulta ciudadana luego fueron integrándose gradualmente a los diversos países, al igual que la voluntad y el interés del propio pueblo por los asuntos públicos, después de años de “el silencio es salud” y “no te metas”.

A nivel individuo, la democracia directa augura una mayor motivación política como así también aspira a una persona mejor informada y con mayores oportunidades de participación. Como pautas sociales plantea más debate político público e integración social y mejor predisposición a lograr acuerdos, deviniendo en una más equitativa división de poderes. En el aspecto institucional, se generaría una menor distancia entre el ciudadano y el político, en busca de mayor poder de decisión y en detrimento del monopolio político.

La principal objeción de los detractores del sistema radica en que “consultar al pueblo por cada cuestión que le concierne puede ser lento costoso y generar apatía en los votantes”. Pero en realidad, quienes tratan de limitar el rol del referéndum son aquellos políticos, partidos o mandatarios que permanentemente han querido recortar la participación del pueblo en las gestiones de gobierno, temiendo que éste logre instalar intereses contrarios al poder dominante. Para ello recurren a todo tipo de mecanismos de persuasión. Uno muy común es el de instalar en determinada sociedad la idea de que las decisiones de “la masa” puede llevar a perjudicar a otros conciudadanos en aspectos fundamentales de sus derechos o economías.

Pero en América Latina ha habido muestras contundentes de lo contrario. En Ecuador, hace algunos días no solo el 81 por ciento de los votantes optó por el “Sí” a la Asamblea Constituyente sino que lo hizo luego de reponerse de diversos intentos de boicot por parte de la “partidocracia”. A principios de marzo, APM afirmaba: “La realización de la Asamblea Constituyente, sin lugar a dudas que amenaza con terminar los privilegios de las clases acomodadas...”. “En la actualidad, el principal representante de estos sectores en la vida política ecuatoriana es el Congreso, donde la oposición tiene mayoría. La misma está intentando hacer todo lo que tiene a su alcance para entorpecer el proceso de renovación que está llevando adelante Rafael Correa”. (Ver “La consulta popular sigue adelante” APM 6/3/2007). Como se sabe, falló.

En Costa Rica actualmente se debate por la firma de un TLC con Washington. En un principio, el presidente Arias pretendió aprobar el acuerdo bilateral en el Congreso, pero una decisión del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) determinó hace tres semanas que sea mediante referéndum, “a fin de evitar la confrontación y la violencia”, según dijo el organismo. La referencia del Tribunal Supremo es para las multitudinarias marchas en las calles de San José con el rotundo pedido del “No” al Tratado de Libre Comercio. "Como ciudadano y como presidente, yo ya escogí decir “Sí” al TLC. Lo haré no porque sea perfecto, sino simplemente porque es bueno para la mayoría de los costarricenses", declaró Arias ayer. En pos de ello, el mandatario lanzó oficialmente una campaña para aprobar el tratado. De todos modos y muy a su pesar, habrá referéndum y el pueblo decidirá.

En este último caso se presenta un detalle más que curioso. La jefa de la fracción parlamentaria del oficialista Partido Liberación Nacional (PLN), Mayi Antillón, aseguró y garantizó que la procedencia de los recursos para financiar el “Sí” a la alianza bilateral “es 100 por ciento nacional”, y teme que la campaña del “No”, tenga apoyo de aquellos gobiernos con los que ellos (por el pueblo costarricense) simpatizan, como lo es el Gobierno de Venezuela". Como si el gobierno sintiera resentimiento por la inexorable decisión de la gran mayoría del pueblo “tico”, atenta contra quienes la población apoya y utiliza dinero público en campañas opuestas a las que estos promueven.

Como se pronunció hace más de 130 años el periódico Der Landbote de Suiza - que tiene por lejos el mejor desarrollo de democracia directa -, “En nuestra opinión el movimiento consiste en que el pueblo sea capaz por medios constitucionales de imponerse según su propia capacidad de juicio, a lo cual los representantes electos se han negado arrogante y terminantemente en toda ocasión”. Es cierto, en América Latina faltan muchos pasos para lograr el contexto adecuado que requieren los sistemas de participación directa. Pero pueblos latinoamericanos han demostrado con creces estar capacitados y poseer el juicio para determinar qué es lo que puede llevarlos por uno u otro camino, en su beneficio o perjuicio. Algunos gobernantes también han demostrado intenciones de negar o quebrantar de manera persistente estas posibilidades de manifestación y acción directa, y han fracaso. Tal vez sea indicio de que los pueblos quieren, de una vez y sin interrupciones, ser mentores de su propio destino.

Fuente: Federico Casaletti, Agencia Periodística del Mercosur (APM)

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