Patrimonio cultural
Escudero: “A los gobernantes les importa más la soja que la cultura”
Jueves 17 de mayo de 2007, por Alexis Oliva *

El escritor y columnista del diario Comercio y Justicia de Córdoba, Silverio Enrique Escudero, dará una charla sobre “Patrimonio Cultural - Urgencia, mito y realidad”, mañana, a las 17 horas, en el Ipem de la localidad de San Carlos Minas. Organiza la revista Tartaburé y auspicia el Cispren.

¿Cuáles son las urgencias en relación a nuestro patrimonio cultural?

El problema del patrimonio cultural en la república Argentina y en Córdoba en especial es que ha caído en manos de gente que no le importa, y desde los organismos oficiales poco y nada hace para garantizar la supervivencia de los recursos culturales. Entonces, se abre un amplio abanico donde se favorece a la destrucción de los testimonios en beneficio, ya cuando se trata de lo urbano de la fiebre inmobiliaria, o en el caso del departamento Minas a favor de la explotación minera indiscriminada. El límite está justo en el equilibrio entre las distintas actividades, sin que esto afecte la memoria colectiva. Se está anudando todo un proceso cultural que remite a más de once mil años y que obliga a preservarlo porque si no nos vamos a ver en la obligación de comprar las pictografías en alguna feria de antigüedades, o contratar a algún pintor de paredes para que nos dibuje en las sierras estos testimonios que son tan importantes y que benefician al turismo.

¿Cuáles son en Córdoba los sitios históricos que están más en riesgo?

Dentro de los más de 150 sitios con pictografías en la provincia, los yacimientos que están más en riesgo están radicados en los departamentos Cruz del Eje y Minas.

¿De qué elementos se trata?

Son pictografías que remiten a once mil años y que guardan la memoria de los habitantes de esas regiones, sus hábitos y costumbres, cuanto sus ceremoniales, su forma de caza y su culto, siendo una forma de aviso tanto al viajero como a las generaciones venideras de que un determinado territorio servía por ejemplo de zona de caza o de pastoreo. Conjuntamente con eso, habrá que ver qué ocurre con los enterratorios, donde encontraremos restos óseos, formas ceremoniales mortuorias, con lo que se facilitará la reconstrucción de la memoria colectiva de lo que sucedió en estas tierras un poco más allá de los últimos 500 años.

¿Se trata solamente de la degradación por la falta de cuidado o existen otros peligros?

No. No sólo por la degradación, sino por la explotación intensiva de las canteras. La ley minera es clara: exige que se preserven los yacimientos arqueológicos y paleontológicos, pero el minero incumple esto por lo que hace que cualquier reacción en contra aparezca como una exageración, cuando la exageración es la explotación indiscriminada. El otro gran mal es que tampoco nada se hace, desde los organismos estatales encargados de la guarda, para evitar el robo y el tráfico ilegal de obras de arte y de restos escultóricos y arqueológicos, que conforma uno de los delitos que producen mayores ganancias. Tanto que en el comercio ilegal, detrás del tráfico de drogas, armas y productos farmacéuticos, figura el de bienes culturales. Se han vaciado bibliotecas. Se roba por indicación, no al voleo. Se roba a pedido. Por ejemplo, alguien encarga un mortero a un vendedor clandestino de estas obras, que va, revienta la piedra donde está el mortero, lo trae y lo vende. Y lo podemos ver en algunas casas como cenicero, o como lugar para poner flores. O cumpliendo una ordenanza de la Municipalidad de Córdoba, que dice que va a desgrabar impositivamente la propiedad si tiene una obra de arte expuesta. Pues bien, hay un edificio de propiedad horizontal en la calle Ituzaingó, en Nueva Córdoba, que tiene morteros en el frente con la autorización municipal.

Este panorama contrasta con la idea de Córdoba que se tiene afuera. Córdoba es la “Docta”, que preserva su patrimonio, un patrimonio que suele identificarse con la herencia jesuítica y no con la precolombina...

Vamos a hablar pronto y claro: la ciudad de Córdoba no tiene, salvo la casa del marqués de Sobremonte, ningún monumento, ningún testimonio de la ingeniería civil. Parecería que esto fue sólo una cuestión de cultos. Toda la monumentalia cordobesa, en cuanto a conjuntos arquitectónicos, es religiosa. ¿Y el hombre de a pie? ¿Y el hombre civil? También vivió, comió, trabajó y sus mujeres parieron, y no está. Es toda una decisión política que se tomó de sólo preservar el valor de la religiosidad. Quizá como un adelanto a lo que modernamente llamamos el “pensamiento único”. El pensamiento religioso prima en todas las cuestiones, o quizá porque “los indígenas no tenían alma”, no valía la pena entonces guardar su memoria colectiva. A pesar de eso, sus lugares han sobrevivido porque estaban guarecidos por los grandes bosques que tenía esta provincia. Cuando se habilitó la tala indiscriminada, reaparecieron, y detrás del obraje maderero llegó la explotación minera. Hoy, también la ciudad de Córdoba está siendo sometida al mismo proceso cultural de encubrir. En los barrios de Alta Córdoba, Güemes, Nueva Córdoba y General Paz desaparecen las antiguas edificaciones, por más importantes que sean.

¿A qué alude la oposición mito y realidad que figura en el epígrafe de la charla?

El mito porque estamos refiriéndonos a una representación cultural de los pueblos que nos precedieron y en la negación por parte del hombre blanco de la existencia y valor de esos testimonios. Vamos a demostrar que esto existe y forma parte de nuestra cultura. Es como si fuera el núcleo central de una cebolla de múltiples capas culturales que nos envuelven y conforman nuestra plural identidad. Pero hay una falta de visión por parte de los gobernantes, que miran con sentido atlántico, porque les importa más el mar de soja que la cultura, aunque la soja signifique el deterioro del medioambiente.


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Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA Córdoba Capital.

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