
Llegaron como siempre, cantando, agarrados de la mano, tirando papelitos al viento. Entraron a la Plaza de Mayo como jugando. Los grandes los acompañamos con aplausos, en una extraña mezcla de emoción, ternura y también un poco de vergüenza. Esos enanos de chalecos azules recorrieron 4.600 kilómetros para decir bien fuerte lo que muchos prefieren olvidar o no escuchar: El hambre es un crimen, los niños se mueren todos los días por la pobreza. “¿Hay alguien ahí?”, preguntó una nena a su mamá mientras señalaba la Casa Rosada.
Cientos de banderas colmaron de color la Avenida Rivadavia primero y más tarde la Avenida de Mayo. A las 11 de la mañana llegaron al Parque Rivadavia, en el corazón de Caballito, el barrio de la clase media porteña. Comenzaron a caminar mientras veían como de a poco muchas otras voces y otros rostros empezaron a sumarse a ese río de caminantes. A saludarlos desde las veredas y los balcones. Muchos los vieron llegar a la Plaza Miserere, en Once, y preguntaron que hacían esos nenes “piqueteros” cortando la avenida. “Están pidiendo que se acabe la pobreza”, contestó una mujer mayor sentada en un banco de la plaza.
Como a lo largo de los miles de kilómetros que unen la provincia de Misiones con la ciudad de Buenos Aires, las niñas y niños del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, integrantes de la CTA, marcharon bajo un solo grito: Ni un pibe menos; basta de hambre, queremos vivir. Y acá los acompañaron cientos de organizaciones sociales, territoriales, barriales y sindicales de la Central, junto a otros chicos de escuelas del conurbano, comedores y hogares.
Sobre la ancha avenida 9 de Julio el río de niños se unió a la columna de la CTA. Y juntos caminaron esas cuatro cuadras hasta la plaza histórica. En la cabecera estaban ellos, los enanos, junto a las Madres de Plaza de Mayo de Santa Fe y de la Línea Fundadora; junto a Alberto Morlachetti, coordinador nacional del Movimiento y el secretario de Relaciones Institucionales de la CTA, Víctor De Gennaro, que los acompañó los 15 días de marcha. También se sumaron otros dirigentes de la Central a nivel nacional, de la provincia de Buenos Aires, y de la Capital Federal.
La plaza se llenó. El acto fue conducido por el periodista y escritor rosarino, militante de la CTA, Carlos Del Frade. Y el himno sonó. 12 gigantes muñecos llevaban las leyendas que los chicos recolectaron en su camino: “trabajo para mi papá; infancia es destino; diseñemos la nueva utopía; con ternura venceremos; el futuro es hoy; los niños no esperan”, fueron algunas de las consignas.
“Queremos que iluminen a nuestros gobernantes, que creen que lo hacen bien”, dijo una nena desde el escenario. Tan simple y complejo a la vez. Por la boca de ellos y ellas salieron verdades inobjetables: “queremos que se cumplan nuestros deseos para no tener que marchar nunca más”, gritó un nene. Y como él, otros fueron tomando el micrófono para decir sus verdades. Y concluyeron: “hagamos algo para no ser testigos mudos de otra generación desaparecida”.
Después fue el turno de Morlachetti. Emocionado, el representante del Movimiento agradeció a “los chicos heroicos que hicieron esta marcha” y a los que los acompañaron en su camino: los educadores y Norma, “la madre coraje”; a Víctor De Gennaro, Carlos Chile, la Corriente Clasista y Combativa y toda nuestra CTA, y a “mi hermano del alma, Carlos Cajade”.
“Dos tercios de la población son pobres. En Argentina hay 9 millones de niños bajo la línea de la pobreza, y de ellos, casi la mitad son indigentes. ¿No son números del horror?”, se preguntó el dirigente y sentenció: “Este Gobierno, y todos los que pasamos en nuestro camino de 15 días, son productores de soledades y de hambre. Por eso rechazamos y luchamos contra este capitalismo serio, contra esta política económica que favorece a los grandes grupos económicos, nos quita la riqueza y los bienes naturales y saca a los pibes de los potreros”.
Por último, Morlachetti reconoció que “somos los trabajadores, el pueblo, los que debemos luchar para cambiar este mundo, en nombre de las generaciones vencidas y convencidos, como lo están estos chicos, de que con ternura venceremos”.
Después fue el turno del actor y conductor Gastón Pauls. “Estoy conmovido por estar acá junto a ustedes y para dar una mano para que se abra el plato para que todos puedan comer”, expresó y leyó luego un documento que recordaba las consignas de esta nueva marcha por la vida y contra el hambre.
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