
Por Daniel Klocker*. El secretario de Integración para Latinoamérica de la CTA, Juan González, estuvo el martes en Córdoba donde se reunió con dirigentes de la Central y de otras agrupaciones sociales, políticas y culturales para coordinar las actividades que se llevarán a cabo en esa ciudad el 20 y 21 de julio cuando se realice la Cumbre de Presidentes del Mercosur. El dirigente adelantó que para esa fecha, y en coincidencia con ese encuentro de mandatarios, se llevará a cabo una Cumbre de los Pueblos.
“En este caso no será una contra cumbre como la de Mar del Plata en donde le dijimos ’No al ALCA’ sino que se buscará avanzar en la definición de propuestas políticas para concretar un proceso de integración de la región y eso es lo que pretendemos que conozcan los presidentes cuando se reúnan en Córdoba”. Sostuvo que es fundamental que esa Cumbre de los Pueblos “tenga una fuerte capacidad de participación y de movilización de los movimientos sociales de la región”.
Anunció también que el 29 de junio en la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay, organizaciones populares y pueblos originarios se reunirán para conmemorar el 191º aniversario del Congreso de los Pueblos Libres.“En 1815 ese Congreso declaró la independencia de seis provincias del Río de la Plata (Córdoba, Banda Oriental, Misiones, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos) y esta conmemoración tiene mucho que ver con una identidad cultural que tuvo un proyecto inconcluso y que hoy tiene sentido en el marco de la lucha por la independencia de todo poder extranjero, llámese Estados Unidos o las empresas trasnacionales”, afirmó.
¿De que dependerá el éxito de esta Cumbre de los Pueblos de Córdoba?
De la capacidad de los pueblos en demostrar sí realmente quieren definitivamente una integración latinoamericana. Ese es el gran desafío, y por eso estamos recorriendo las distintas regiones para discutir con los compañeros la articulación de propuestas que tengan que ver con el desarrollo de los pueblos y no la rentabilidad de las grandes empresas.
¿Cómo ve el futuro del Mercosur?
Todos somos conscientes que estamos en un gran momento en América Latina y frente a la oportunidad histórica de construir ese viejo sueño de la unidad latinoamericana. Pero por otro lado, si nosotros vemos los procesos de integración concretos podemos decir también que estamos en el momento más crítico. El grave conflicto entre Argentina y Uruguay por el tema de las pasteras es preocupante porque es aprovechado por los Estados Unidos para proponer un Tratado de Libre Comercio, en esta caso con Uruguay. La otra cuestión es la instalación de las tropas norteamericanas en la Triple Frontera y el acuerdo que firmaron con Paraguay, Argentina y Brasil para el control de la Aduana pero con servicios de inteligencia que supuestamente se utilizarán para la lucha contra el contrabando, el terrorismo y el narcotráfico, aunque todos sabemos que el botín con el que pretende quedarse Estados Unidos es el Acuífero Guaraní. Sin embargo, también hay motivos para ser optimistas como lo marca la histórica decisión de Evo Morales de nacionalizar los hidrocarburos en Bolivia o la fuerte presencia de Chávez en la toma de decisiones y en su permanente lucha contra las políticas de los Estados Unidos. Yo diría que el futuro del Mercosur depende de la capacidad movilizadora que tengan los pueblos de la región para imponer su agenda política, económica, social y cultural a los grupos de poder hegemónicos.
¿Y en esta delicada problemática qué papel juega la CTA?
Un papel fundamental porque al no ser una confederación de sindicatos sino una central de trabajadores, lo que plantea es justamente la construcción de una alternativa de sistemas productivos que no tengan que ver con la explotación del trabajo, por lo que nuestro gran desafío en América Latina es ser parte de un Movimiento de Liberación de los pueblos. Por eso, la CTA donde hay una disputa política concreta siempre está presente como organización representante de la clase trabajadora y emblema de la lucha popular.
¿Qué opina del nuevo modelo productivo en nuestra región?
Está totalmente cuestionado porque está sustentado en el nefasto modelo del monocultivo sojero y forestal, un sistema explotado por grandes terratenientes multinacionales y cuyo principal objetivo de producción es el saqueo de las riquezas y de los pueblos originarios.
¿Cuál cree que es el papel que debe protagonizar la clase trabajadora en este proceso de cambio?
En primer lugar debo decir que la clase trabajadora está en debate porque está saliendo del proceso de crisis de gobernabilidad iniciado en el 2001 y poco a poco busca ser protagonista de este proceso. En este esquema está en nosotros profundizar una construcción para ser parte de un cambio real, teniendo en cuenta que todavía está enquistado en las estructuras el poder económico de la década ’90 que tiene la idea de profundizar su presencia con las trasnacionales que buscan instalarse para quedarse con nuestros recursos y la tierra.
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