
Lluvia, humedad, frío. Vivir a la intemperie en una plaza tiene poco de aventura (salvo, tal vez, para los niños). Hay aborígenes de las tres etnias que llegaron desde los más distantes campos y parajes del Chaco. Dejaron sus hogares y acamparon en la plaza central de Resistencia. Improvisaron carpas. La plaza de los encuentros escultóricos, de los festivales artísticos, es hoy un muestrario de la indigencia y discriminación en que viven los antiguos dueños de la tierra.
Allí están esperando respuestas a sus reclamos, que no son desmedidos sino justos: tierras donde abastecer sus necesidades, presupuesto para el Instituto del Aborigen Chaqueño (IDACh), -el organismo que los contiene-, educación bilingüe, la renuncia de un intendente acusado de racismo, y también denuncian la indiscriminada y oscura venta de tierras fiscales.
Pasado el mediodía, la ciudad queda vacía. En un extremo de la Plaza se levantan las carpas de plástico. Hay madera por todas partes y el olor de la leña quemada se mezcla con el olor de las ollas. Unos cortan leña y avivan el fuego, otros amasan la torta frita; los niños no dejan los juegos de la Plaza y viven esa instancia de lucha de sus mayores con felicidad, en un lugar distinto, abundante de imágenes de una ciudad capitalina.
Representantes de las tres etnias chaqueñas conviven, carpa contra carpa, divididos por tendales de ropa colgada: aborígenes de Pampa del Infierno, de Castelli, San Martín, Sáenz Peña, Presidencia Roca, Las Palmas, La Leonesa, y sigue la lista. Suman cerca de un millar de personas y para ellos hay cuatro baños químicos.
Cambió el clima, llegó la lluvia y la humedad. Hay que aguantar las vicisitudes del tiempo. Pero los chicos y los viejos enferman, son sensibles al cambio. "El IDACh nos da remedios como Paracetamol o Bayaspirina", comenta Inocencia, oriunda de Castelli, coordinadora del centro operativo. "No nos agarró mucho la gripe, pero sí hubieron muchos casos de diarrea en los niños y esa tos de perro, que vino también para los grandes. Los remedios a veces alcanzan, a veces no", relató.
Sobre la alimentación, comenta: "Recibimos alimentos de instituciones no gubernamentales y de la gente común, que nos donaron un poco de carne. Pero nos está faltando leña; anoche, muchos no pudieron cocinar debido a que no había forma de hacer fuego", dijo. El menú consiste en polenta, sopa y guiso. No falta la torta frita ni la rueda de mates. "Yerba y harina es nuestra dieta", señala un aborigen. También precisan pañales ya que el acampe tiene una población de alrededor de 40 niños.
Los aborígenes piden leña, remedios y alimentos. La vida es tan difícil en la Plaza, como en sus lejanos hogares.
Mañana al mediodía, el Gabinete provincial, sin el gobernador Roy Nikisch, recibirá a las autoridades del IDACh para acercar el conflicto aborigen a un camino de solución. Sin embargo, desde la Casa de Gobierno no se confirmó que a la reunión puedan asistir los representantes de las comunidades, principal motivo por el que fracasó la reunión del 6 de junio, cuando comenzó el acampe.
Orlando Charole, presidente del IDACh, anticipó que "si no está el Gobernador, yo no iría a la reunión y muchos de los vocales tampoco lo harán. Es imposible que el gobernador no nos atienda", sentenció el dirigente aborigen. Charole indicó que "el gobierno ya conoce nuestro reclamo, nuestro planteo, nuestras exigencias. Si continúa negando la representatividad de las comunidades es porque en realidad no hubo un cambio en la política. Si el gobierno quiere maniobrar, que lo haga, que haga lo que piense que debe hacer. Nosotros seguiremos fortaleciendo el reclamo", señaló.
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