
“El imperialismo no dura más de 50 años. Esto no es una corazonada. Hagan los cálculos. Y la batalla no será con las armas, será con las ideas”. Fidel Castro.
![]() * Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA. |
Aunque la "inteligentzia" cipaya intente una y otra vez explicarnos otra cosa, lo cierto es que nadie se llama a engaño: la riqueza de las naciones la generamos los trabajadores.
Justo es, entonces, que reclamemos la equitativa distribución de lo que creamos cotidianamente: en fábricas, aulas y oficinas, en la ciudad y el campo, en la actividad privada y estatal. En condición de trabajadores formales, en negro, y cuentapropistas.
No nos resignamos a convivir con la desocupación, ese tributo de humillación social que exige la voracidad del capitalismo.
La clase trabajadora es el motor de la historia. Mal que les pese. La aceitada superestructura cultural del enemigo ya no tiene consenso social para convencer sobre las bondades del régimen de saqueo y dominación.
Ni el más desprevenido de nuestros compatriotas se traga la píldora de la desaparición de las ideologías. Y mucho menos del trabajo. ¿De qué vivirían los pueblos y los países si no fuera del trabajo humano? Esa ecuación, tan sencilla como natural, no ha podido ser rebatida por los que mandan. Es de una lógica irrefutable.
No es una utopía que en la Argentina el pueblo se alimente, se eduque, viva sanamente de su trabajo y bajo un techo digno. Si la renta nacional no se distribuye, lo que hay es el hambre, la pobreza, esta asombrosa desigualdad.
A poco de haberse conmemorado otro 1º de Mayo, es legítimo plantearse la reescritura de un pensamiento estratégico que trascienda cualquier cronograma electoral y tome como objetivo irrenunciable la construcción multisectorial de la Justicia Social.
Durante más de dos décadas hemos comprobado en carne propia que con la llamada democracia representativa y liberal no se come, no se educa, ni se sana.
Los trabajadores tienen una experiencia vital de lo que fue la participación en la distribución del ingreso, en la organización para la lucha sindical y su relación con el gobierno del Estado. Saben que los mayores grados de legalidad y derechos adquiridos para el conjunto del pueblo fueron el resultado de procesos en los que protagonizaron claras instancias de democracia participativa.
La realización de una Constituyente Social en la Argentina, se presenta así como la posibilidad de promover un proceso multisectorial y unificado de construcción y articulación de una experiencia política capaz de dotar al Movimiento Popular de capacidad estratégica transformadora para sentar las bases de un nuevo Estado que resuelva la desigualdad y la pobreza.
Vamos camino a una Constituyente Social con la idea de conjugar la unidad en lo diverso, de reconstruir el Estado a partir de privilegiar lo público sobre lo privado, de recuperar el dominio y uso de nuestros recursos naturales, desmontar el andamiaje legal del coloniaje, deshacer las nuevas y sofisticadas formas de usura y esclavitud, enfrentar la concentración económica y la exclusión, defender el medio ambiente e impulsar un proyecto soberano de reindustrialización.
La consecuencia con el legado de nuestros mártires y el compromiso de sembrar el futuro se cruzan en la esquina donde reside nuestro mandato histórico.
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