Puja redistributiva
Lozano: “El 42 por ciento del empleo está en la clandestinidad"
Miércoles 30 de mayo de 2007, por Corresponsalía Córdoba *

La vida cotidiana de los barrios y las villas en las periferias de lal grandes ciudades de la Argentina, padecen síntomas y necesidades comunes. En una economía cuyos índices crecen, los beneficios no se derraman iguales. El ansiado empleo con sus prestaciones sociales no llega, harinas y lácteos van en creciente, y los planes sociales son devaluados e insuficientes. Claudio Lozano, economista, diputado nacional y Director del Instituto de Estudio y Formación de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), traza las formas del camino por donde circula el empleo hoy y que “se configura un cuadro de dos velocidades: Por un lado, la economía formal y por el otro una economía de pobres”.

El descenso de la desocupación es uno de los pilares de campaña del gobierno nacional ¿Qué tipo de empleos se fueron creando?

Si uno toma lo que es el conjunto de puestos de trabajo generados desde mediados del 2002 para acá, lo que hay es generación de empleo clandestino, precario. En los últimos dos años, donde la generación de empleo es menor, ahí sí hay empleo en blanco. Pero en el agregado total, que está en el orden de los tres millones y medio de puestos de trabajo generados, la mayor parte es empleo ilegal. Por lo tanto, el empleo hoy es de bajo nivel de ingresos y sin posibilidades de garantizar el acceso a las más elementales coberturas sociales: provisionales, sanitarias, y demás.

Cuando una economía crece, el empleo se genera. Pero lo que está en discusión acá es que la tasa de desempleo sigue siendo muy alta. En primer lugar, la argentina tiene una actividad que está dieciocho puntos arriba que en el 98, y la tasa de desempleo sigue siendo la misma. Es decir, hay mayor actividad sin que se resuelva el desempleo. En segundo lugar, no hubo cambio en la composición del empleo, seguimos teniendo alrededor del 42 por ciento del empleo en clandestinidad laboral. Esto se plantea ya como un dato estructural sobre como se mueve el mundo laboral hoy en la Argentina. El tercer elemento, es que si uno considera que un hogar tipo en la Argentina necesita entre 2500 y 2800 pesos por mes, esta claro que hoy prácticamente el 80 por ciento de los hogares no reúne ese nivel de ingresos.

¿Cuáles son los sectores a los que más afecta la inflación?

Si uno toma la evolución de los precios desde la caída de la Convertibilidad para acá, lo que más ha crecido es el precio de los alimentos. Por lo tanto, el impacto dominante es sobre los sectores más postergados. Por cada punto de crecimiento del precio de los alimentos hay casi 90 mil personas que caen bajo la línea del hambre.

Los proyectos de economía social que crecieran después del 2002, ¿Qué perspectivas tiene hoy en la Argentina?, ¿Qué espacios le abre el Estado?

Si hubiera una estrategia pública que se dedicara a conformar un área de economía social, sobre la base de brindarles un tratamiento integral, apoyatura crediticia, legalidad (que en muchos casos carecen), un tratamiento impositivo diferente, que se integre en conjunto de la actividad económica y así sí podrían tener una perspectiva. Eso no es lo que ocurre. Siguen siendo experiencias que han permitido resolver problemas de sobrevivencia, pero tienen el riesgo de transformarse en una economía para pobres.

Así parece que se configura un cuadro de dos velocidades: Por un lado, la economía formal y por el otro una economía de pobres, que eso es lo que hay que tratar de evitar.

¿Cuántos de esos emprendimientos pueden mantenerse en el tiempo?

La tasa de mortandad es altísima. Esto indica que no hay un contexto que efectivamente los favorezca. Acá lo paradojal es que, por un lado hay una promoción para que la gente se organice en microemprendimientos y después hay una considerable ilegalidad que el propio sistema le genera a la misma gente.

¿Qué políticas deberían promocionarse?

Debería plantearse que, en un país donde el núcleo empresario más concentrado es fundamentalmente extranjero, nadie puede esperar que ese sector ocupe un lugar adecuado en el desarrollo de las inversiones en el país. Habría que crear un área de economía pública y social que articule lo que es la recuperación del papel del Estado en algunas áreas claves con el papel de las pequeñas y medianas empresas y con el de la economía social para que esto pueda empezar a ser un actor que influya en la actividad económica y se constituya como motor del proceso de inversión.

En el Mercosur, ¿hay ejemplos de esto?

En América Latina hay algunas experiencias que se están comenzando a desarrollar en Venezuela, algunas cosas que se están haciendo en Bolivia. Ahí es donde se está observando.

¿Cómo evalúa las posibilidades de encarar políticas y acciones conjuntas desde el Mercosur?

El Mercosur hasta el momento no está incorporando la clave productiva. Más que nada le está agregando a lo que son las cuestiones de carácter comercial, que eran las que primaron en la década del ’90, infraestructura o cuestiones de integración energética y algunas cosas en el plano financiero. Lo que no hay es una discusión seria sobre la complementación productiva de los países que es donde habría que meter el papel de la economía social. Pero muy difícilmente esto ocurra en el plano del Mercosur si no hay decisión, en las sociedades que los integran, de darle un lugar.

Fuente: Ximena Cabral, Prensared, la Agencia de Noticias del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA)

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