Por la reapertura del frigorífico de Santa Elena
“Esta es nuestra empecinada lucha”
Jueves 21 de abril de 2005, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

Por Mariano Vázquez. Desde hace más de diez años los ex trabajadores de la planta cárnica de la localidad enterriaña de Santa Elena pelean por su reapertura a pesar de las zancadillas de algunos funcionarios y empresarios. A fines de 2002 conformaron una cooperativa y elaboraron un proyecto para que el frigorífico vuelva a funcionar. Rafael Sagrera y Luciano Espinoza se encuentran en Buenos Aires para difundir este emprendimiento autogestionario y ACTA los entrevistó hoy en la sede de la CTA Nacional. Aquí los testimonios.

La cooperativa se conformó hace más de tres años con el objetivo de lograr la reapertura del complejo industrial alimenticio de Santa Elena. Con 32 socios fundadores se inició este proceso: “Cuando se terminaba el 2001 nos dimos cuenta que todo aquello que esperábamos de los gobernantes y de los empresarios seguramente no se iba a dar nunca, teníamos que ser nosotros los gestores, si fracasaron los empresarios, si fracasaron los políticos, hora nos tocaba a nosotros probar que podíamos hacerlo. Ahí nos autoconvocamos los trabajadores de la planta y determinamos conformar una cooperativa que salió a la luz a fines de 2002”, recordó Luciano Espinoza quien se desempeñaba como electricista en la fábrica y fue el último secretario gremial antes del cierre de la misma en 1993. “Decían que la planta no servía más, que era chatarra, óxido”, rememora: “por eso, además, había que desterrar de Santa Elena ese mote”.

Rafael Sagrera es el presidente de la cooperativa que hoy cuenta con 635 adherentes. Conoce de punta a punta el funcionamiento del sector de la alimentación. Ingresó a Santa Elena en 1968 y comenzó lavando las media reses hasta llegar a convertirse en superintendente de Producción de la empresa. En sus palabras hay garra y memoria: “El pueblo nace con la fábrica que llegó a exportar el 98% de su producción. En la década de 1950 alcanzó a ocupar a 3.400 personas y en los 70 se estabilizó en 2.100. Junto con Swift se disputaban el comercio internacional de carnes porque eran fábricas industrializadoras de alimentos, con una ingeniería de calidad a la altura de lo que el mundo moderno exige. La marca Santa Elena ya garantizaba la exportación a mercados de exigencia como la Unión Europea y los Estados Unidos”, relató.

Acerca de las consecuencias que tuvo para el pueblo el cierre de la firma, Espinoza explica que este determinó “una caída en la calidad de vida de la ciudadanía: pobreza, indigencia, desocupación escalofriante con una cifra que alcanza al 83% de la población y la proliferación de planes sociales”. Sagrera agrega que la población se redujo de 21.000 a 18.000 habitantes “con la pérdida de los 1.500 puestos de trabajo que tenía Santa Elena”.

En la década del 90 se sucedieron las promesas de reapertura: “Era un bocado muy apetecible para utilizarlo políticamente: cada gobernante, candidato a intendente o gobernador decía que tenía un empresario que iba a poner en marcha la planta”, evoca Espinoza. Y añade: “Pero fue imposible olvidarnos, los supervisores, técnicos, administrativos entramos un día en Santa Elena y observamos que todos los sectores estaban impecables, que la infraestructura no estaba obsoleta y emitimos un dictamen ya que aún diez años después la fábrica supera en condiciones operativas a muchas plantas que hoy están funcionando”.

Para que no queden dudas de este informe, los trabajadores buscaron la certificación de organismos oficiales autorizados. “Evaluamos -continúa Espinoza- que nuestro dictamen podía ser tendencioso, influenciado tal vez por nuestro deseo de volver a trabajar, entonces fuimos a buscar la certificación de un ente autorizado como la Secretaría de Agricultura y Ganadería y el INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), que el 26 diciembre de 2002 revisaron la fábrica y llegaron a la conclusión de que estaba en condiciones de operar en 85%”.

Garantizar trabajo

El segundo paso fue demostrar la rentabilidad de la empresa. Entonces se hizo una investigación sobre los precios internacionales, el costo de producción y el ganado y los trabajadores presentaron su idea a los gobiernos provincial y nacional. “La problemática hoy es que la unidad está dividida, el empresario Sergio Tasselli (emblemático por su capacidad para el vaciamiento y el desguace como ocurrió en la Mina de Río Turbio en santa Cruz o con los ferrocarriles metropolitanos) compró en una subasta las máquinas y el inmueble pertenece al Banco Nación, que nos abrió sus puertas. Pero de no lograrse una ley que declare la utilidad pública y social de la planta y que quede sujeta a expropiación es muy difícil avanzar en la concreción del proyecto. Hoy estamos a la espera de una ley, ya sea nacional o provincial, para que avance en estos o esto está parado en el Congreso Nacional”, sostiene Espinoza. Justamente ayer los integrantes de los cooperativa se reunieron en el Congreso de la Nación con el dirigente de la CTA y diputado nacional Claudio Lozano. En tanto que hoy se reunieron con el secretario general de la Central, Víctor De Gennaro y con el coordinador nacional de Empresas Autogestionadas de la FeTIA-CTA, Rufino Almeida. “Nostros somos miembros de la Mesa de la CTA Santa Elena y nos sentimos muy apoyados y trabajamos en conjunto con muchos sectores de nuestra Central”, explicaron.

“Santa Elena facturaba un promedio de 7 a 10 millones de dólares mensuales y eso que hoy no se factura está en manos de otros grupos del mercado cárnico. Los que hoy monopolizan este sector son los más interesados en que Santa Elena no abra nunca más y que no se reincorpore al circuito de comercialización”, especuló.

En ese sentido, Sagrera apuntó también al titular del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), Patricio Griffin, y al intendente local Domingo Rossi de pretender paralizar el proyecto de reapertura en connivencia con Taselli. “Es muy grave que el INAES haya juzgado a este proyecto como inviable. Queremos creer que es un error o desconocimiento, no podemos creer que sean tan mal intencionados, porque hablamos de un proyecto progresivo de puesta en marcha, con limitantes que hay que sortear como la mano de obra especializada, porque no vamos a poder trabajar en un principio con los niveles históricos con los que trabajó la empresa”, expresó.

Y sobre la puesta en marcha del complejo fabril indicó: “Vamos a empezar con 200 obreros, acondicionaremos los sectores y ese tiempo nos dará la posibilidad de ir capacitando en escuelas de oficios a nuevos trabajadores que puedan ir reemplazando a los ausentes, a la necesidad laboral práctica que tenemos y vamos a ir creciendo progresivamente”. Sobre los tiempos del proyecto pronosticó que “no durará menos de 36 meses; en 12 años los mercados se pierden y hay que recuperarlos y llevará un tiempo posicionarnos en el mercado. Además no hay suficiente mano de obra para elaborar productos alimenticios. En el sector, el 70 por ciento de la tarea es artesanal, no existen robots que puedan hacer este trabajo y no tenemos en Santa Elena más del 25% de mano de obra especializada”.

“A pesar de los condicionantes, esta es nuestra empecinada lucha porque creemos que recuperar empresas autogestionadas es la única posibilidad que tenemos, porque somos los únicos que podemos garantizar el trabajo; no vamos a especular ni a vaciar una empresa”, definió Sagrera.


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