
En el reciente fallo del juez federal subrogante Nº 1 Daniel Bejas -en el que se lo procesa por primera vez por el delito de genocidio- constan los dichos del represor Antonio Domingo Bussi, quien dejó el agresivo mensaje para justificar el accionar militar durante los años sangrientos de la última dictadura.
También tildó de ignorantes a denunciantes y funcionarios que aseguran que el ex Arsenal funcionó como un Centro Clandestino de Detención. “Fue un complejo de “nueve polvorines” de almacenamiento de explosivos, municiones y materiales de guerra”, expresó.
“Hoy en Tucumán, a las izquierdas derrotadas en la “Guerra Justa”, a los faltos de memoria por afinidades ideológicas y a los que no participaron y que al presente se muestran indiferentes, podríamos decirles, de frente y no exento de orgullo: Fue la guerra estúpidos!”. Con esta agresiva frase, el represor Antonio Domingo Bussi se defendió en el escrito que presentó cuando fue llamado a declarar por el ex juez Jorge Parache y que hoy consta en el voluminoso fallo que firmó el miércoles pasado el juez federal subrogante Nº 1 Daniel Bejas, quien no dudó en procesarlo por primera vez por el delito de genocidio por la desaparición y homicidio calificado de 65 personas que estuvieron en cautiverio en el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga (donde hoy él permanece preso) durante los años sangrientos de la última dictadura militar.
En el escrito, para utilizar esa frase, el ex gobernador de facto hizo referencia al debate electoral que protagonizaron los ex presidentes George Bush (padre) y Bill Clinton en disputa del gobierno de Estados Unidos, en el que este último le responde “es la economía, estúpido!” ante la insistencia del primero en priorizar la política.
El represor también tilda de ignorantes a los denunciantes y funcionarios judiciales que aseguran que el ex Arsenal funcionó como un Centro Clandestino de Detención. “Desde su construcción hasta el presente fue un complejo de “nueve polvorines” de almacenamiento de explosivos, municiones y materiales de guerra, desbordados en su capacidad por la hipótesis de conflicto con Chile”, se detalla en el capítulo de las manifestaciones de Bussi.
En los años negros del 70, cuando vestía el uniforme de comandante en jefe de la Quinta Brigada de Infantería, Bussi no duda hoy en insistir en que se vivió una “guerra fría” para vencer la subversión y que debe ser enmarcada en los Convenios y Tratados de Ginebra y Estatuto de Roma (Derechos de Guerra). Con este argumento justificó (una de las decenas que figuran en el expediente) la desaparición del joven poeta Julio César Campopiano, al que definió como un activo militante del accionar subversivo, al sostener que murió en combate de esa guerra.
Junto a Bussi en una voluminosa sentencia de 351 páginas, el magistrado también procesó a los represores Luciano Benjamín Menéndez (ex jefe del III Cuerpo del Ejército), Alberto Cattáneo (ex jefe del Destacamento 142 de Inteligencia y coordinador de la denominada Comunidad de Servicios de Inteligencia) y a Mario Alberto Zimmermann (ex jefe de la Policía entre abril de 1976 y junio de 1977). Para los tres últimos, Bejas trabó un embargo de bienes de 64 millones de pesos, mientras que para Bussi la cifra asciende a 65 millones de pesos, un millón más por autoría directa de la muerte del estudiante Luis Eduardo Falú.
Informe: Primerafuente, Portal de noticias de la Asociación de Prensa de Tucumán (APT-CTA).
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