Para tratar de entender la historia de nuestro pueblo
Viernes 29 de junio de 2007, por Norberto Galasso *

Estamos viviendo un momento muy interesante, donde hay una avidez por conocer la historia argentina, de una parte de la sociedad argentina.



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Historiador.

Ya desde poco antes del 2000 empezó a darse el interés por la novela histórica. Después del 2001 especialmente, ya estaba la necesidad de saber cuál era la identidad nacional, saber por qué habían pasado estas cosas, por qué el movimiento que parecía popular y en condiciones de derrocar al menemismo terminó en la impotencia de De la Rúa y en la incapacidad total de parte de la Alianza.

Entonces, el hecho de que buena parte de la sociedad argentina mire hacia sus orígenes, trate de entender su historia, es porque no es que está intentando volver al pasado, está intentando ir hacia el futuro. Tiene que conocer el pasado y conocer el presente que está viviendo y por qué este presente es producto de aquel pasado para necesariamente impulsarse hacia el futuro. Entonces, nosotros nos encontramos en la historia argentina, con una versión de la historia según la cual, la historia argentina la han hecho solamente los grandes hombres que -casualmente- son todos amigos de los ingleses...

Esta es la versión que tiene la clase dominante, que considera que todo debe nacer de la inversión de capital extranjero y seguir la política de los Estados Unidos en su barbarie fachista que está desarrollando en este momento en el mundo. Pero después están distintas versiones revisionistas. Entre estas versiones revisionistas que se oponen a la historia oficial hay algunas que -a mi juicio- tienen una gran debilidad, porque se ponen en una actitud que yo recuerdo que es la que decía Atahualpa Yupanqui.

Atahualpa Yupanqui decía: “hay intelectuales que sacan palco muy arriba”, y los que sacan palco muy arriba no pueden ver bien la obra que se desarrolla en el escenario. Sacar palco muy arriba -a mi juicio- en este caso, es fustigar a todos, ser implacables con todos, fustigar a las clases dominantes, pero también fustigar a los caudillos populares. Entonces no queda en pie, entonces la historia argentina es una cosa tremenda, es una cosa que no tiene sentido ¿no es cierto?

En vez de esto hay que entender que los pueblos hacen sus experiencias como pueden. Los pueblos generan caudillos como Yrigoyen o como Perón justamente porque no tienen el control de la enseñanza, el control de la Universidad, porque éste lo tienen las clases dominantes. La clase dominante tiene una Facultad de Ciencias Económicas para generar Martínez de Hoz y Cavallos, no para generar Calcagnos o Alejandro Bunge o economistas populares.

Entonces la clase dominante organiza en Derecho los abogados más reaccionarios, en Literatura los intelectuales más exquisitos alejados pueblo. Y el pueblo tiene, con escasos medios, que oponerse a esto y lo hace -a veces- en la forma de la montonera federal (en el Siglo XIX), lo hace con lo que fueron llamadas las chusmas Yrigoyenistas. Movimientos amplios, contradictorios, con caudillos que se expresan a veces con una manera un tanto difusa, con un programa muy poco claro, porque el programa claro lo tiene la clase dominante que es la única clase que es clasista realmente, que es la clase en sí. Las otras clases sociales tienen grandes dificultades para conocer la realidad, conocer sus propios derechos y conocer lo que tienen que hacer.

Entonces, los movimientos populares tienen contradicciones en toda América Latina. Toda América Latina está marcada por éste fenómeno. Se le puede imputar errores al campo popular, esto no quiere decir que no hay que criticar al campo popular, pero una cosa es criticarlo desde el propio campo popular y otra cosa es criticarlo implacablemente así como se hace con el enemigo. Porque entonces, prácticamente se le quita al pueblo, la idea de que el pueblo es el que tiene que protagonizar. Y lo protagoniza como puede, no va a pelear con la gran estrategia formada en las academias militares. Pelea con una tacuara y una tijera atada en la punta de la tacuara y con eso a veces gana. O pelea llenando la Plaza el 17 de octubre del 45, por ejemplo.

Entonces yo creo que este rehacer de las historias tiene que estar ligado, por sobre todo, a un gran respeto por las experiencias populares, porque sino es como si el intelectual, o el historiador, o el ensayista que siempre se queda al margen del pueblo y le critica ¿desde dónde? Los argentinos son todos corruptos dice, pero ¿y él? Él no es argentino, el está afuera de la Argentina, los demás son todos los corruptos. Y él habrá tenido que tranzar muchas veces en su vida de periodista o intelectual, habrá tenido que tranzar con el editorial, no corromperse pero sí -a veces- adaptarse a las circunstancias difíciles que son las que tiene alguien que lucha frente a grandes editoriales que no responden a su ideología.

Yo creo que hay que empezar por ahí, hay que empezar por lo que decía el viejo Jauretche, se necesitan tres cosas para esta cuestión: humildad, humildad y humildad. Porque sino se corre el riesgo de jugar para el enemigo, inconscientemente por supuesto, pero jugar para el enemigo y esto es muy grave.

Columna de opinión publicada por www.radiosudaca.com.ar

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