
Por Mariano Vázquez, desde Asunción. El secretario de Relaciones Internacionales de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) fue uno de los oradores centrales de la mesa “Generación de empleos, derechos laborales y migraciones” de la Cumbre de los Pueblos del Sur. Adolfo Aguirre convocó a la “unidad para orientar la fuerza, diálogo con acción y explicitación de la estrategia en la lucha por los derechos porque no hay valor jurídico que pueda estar por encima de la vida humana”.
Un centenar de personas se dieron cita en la Mesa 5, en el predio de la Asociación de Empelados de Cervecerías Paraguayas (Cervepar), a pesar de que la misma se desarrolló en una carpa al aire libre en el día más frío del año en Asunción, con apenas de 2º. La mesa estuvo integrada por destacados dirigentes gremiales de la región; además de Aguirre, por Messias Melo (CUT Brasil), Iván González de la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT), Bernardo Rojas de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Paraguay, Ramón Ermacora del Consejo de Trabajadores del Cono Sur, y Eduardo Piñate de la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela.
En su disertación, el dirigente de la CTA afirmó que “cuando hablamos del modelo neoliberal vemos que en las relaciones de fuerza ha quedado un sector dominante y un sector bastante debilitado; en la relación capital-trabajo ha quedado una gran parte de la torta, de la riqueza que producimos los trabajadores, del lado del capital y ha quedado muy poco del lado del trabajo”.
En ese sentido, argumentó que “la parte del capital tuvo una estrategia para crecer, una estrategia que en muchos casos no necesito de dictaduras, sino que trabajó el andamiaje jurídico para darle legalidad al saqueo, a la concentración, a judicializar la protesta social, a tener a dirigentes populares en el banquillo de los acusados por reclamar cosas justas, todo ese engranaje cultural es el que tenemos que desarmar”
Aguirre calificó como fundamental la defensa de los derechos: “En una democracia pasan a ser centrales y son tan de disputa como el aumento salarial o la negociación colectiva; los derechos esenciales y vitales tienen un rol fundamental: recomponer los lineamientos de la seguridad social no son cosas menores en la década del `90 nos han chupado todos los ahorros de la clase trabajadora para ponerlos al servicio de su estrategia. Recomponer el derecho a la seguridad social es recomponer el alma de los trabajadores y de los pueblos”.
En esa línea dijo que la “distribución de la riqueza es esencial para volver a recomponer un orden donde la familia sea un eje fundamental”. Y explicó: “Ya llevamos dos generaciones de jóvenes que no acariciaron su primer empleo, con los cual son jóvenes que están ajenos al debate de la lucha de clases y los que conocen algún empleo, es un empleo informal. Derecho, Estado y participación popular son ejes fundamentales que no los podemos delegar en los sistemas democráticos de partidos. La clase trabajadora en este tiempo viene a jugar un rol fundamental como en los tiempos en que se peleaban las 8 horas o los estatutos”.
Por ultimó convocó a la “unidad para orientar la fuerza, diálogo con acción y explicitación de la estrategia en la lucha por los derechos porque no hay valor jurídico que pueda estar por encima de la vida humana”
Para González, hay que concebir al movimiento sindical, “más allá de lo sindical, sino como un proceso político, de alianzas con otros sectores, para sí poder incidir en los procesos de integración”.
A su turno, Piñate planteó aspectos críticos hacia el Mercosur y la lógica de los bloques regionales: “¿Por qué el Mercosur o la CAN (Comunidad Andina de Naciones) no cambian su institucionalidad?, cuestionó y seguidamente sostuvo: “Ahí surge el tema de la clase. Es una clase la que domina estos lugares, a pesar del carácter progresista de los gobiernos, y es que los procesos de integración de los pueblos no han avanzado en estos espacios. Los trabajadores tenemos que luchar para imponer esto”.
Por su parte, Melo señaló que el Mercosur “debe ser un espacio para la integración de los pueblos; si, en cambio, es un espacio para el libre comercio no tiene chances con Estados Unidos o los países del norte”. Y alentó a “pelear por la Nación Sudamericana, por la integración, la soberanía y la autonomía”.
Finalmente, Rojas hizo un análisis sobre la situación del Paraguay, acerca de la esperanza que despierta la candidatura a la presidencia del ex obispo tercermundista Fernando Lugo. “El cambio inexorable está llegando a nuestro país”, bramó. “El 2008 (fecha en que se realizarán las elecciones, en abril) es nuestro, del pueblo paraguayo; por eso es importante este encuentro”. Este sentimiento se percibió durante toda la Cumbre de los Pueblos: un deseo, una necesidad, una ansiedad porque el cambio llegue al país, porque la nueva era de gobiernos progresistas y de izquierda también sea una realidad en la tierra guaraní, luego de 60 años de hegemonía del Partido Colorado.
El dirigente de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Paraguay dio cifras de la pobreza y la exclusión en la que está sumido el pueblo guaraní: “2.346.000 personas viven en condiciones de pobreza, el 41% de la población; hay una altísima tasa de migración por esta situación; hay 2.000.000 de paraguayos viviendo en la Argentina y 50.000 en España; poco menos de la mitad de la población esta desocupada o subocupada. Por eso se hace indispensable mejorar las condiciones de vida de nuestra gente”.
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