
Por Horacio Meguira*. Una nueva ronda de negociación del salario mínimo, vital y móvil ha traído resultados positivos para nuestra Central. Los 90 hicieron olvidar cuales son las verdaderas funciones de un Estado Social y Democrático: ser base de los salarios básicos convencionales y llegar adonde los convenios colectivos no pueden llegar.
Quedó instalado claramente que tenemos una lógica, no es un regateo, ni utilizamos lo imposible para justificar nuestro “no categórico”. Simplemente... tenemos una opinión que venimos desarrollando desde hace mucho tiempo, donde el salario mínimo, vital y móvil ocupa un lugar que debe ser acompañado por una serie de medidas económicas que aceleren el proceso productivo-distributivo: progresividad impositiva para que paguen más los que más tienen, fomento del crédito de las verdaderas PyME, medidas que incentiven la producción para el mercado interno, y sociales: aumento de la asignación por hijo, de escolaridad, asignación a los mayores que no pueden acceder a la seguridad social, y el seguro de empleo y formación, entre otras.
Y así lo hicimos saber, tanto en la Comisión de Salario Mínimo, Vital y Móvil como luego en el plenario. Exigimos la conformación de la canasta básica, punto de partida del cálculo del salario mínimo vital y móvil, porque no es más ni menos, que una de las funciones del Consejo. El ministro Tomada en la reunión de junio del 2005 se comprometió a tratarlo en el próximo plenario, es decir el 27 y 28 de julio pasado. La moción de su incorporación al orden del día, no era más que su obligación, ya que en noviembre de 2004 se había aprobado en la Comisión de Productividad una canasta básica de 1.580 pesos.
Y votamos por ello. Votamos nuestro propio despacho. No fuimos opositores a la postura mayoritaria, sino que tuvimos la nuestra, e intentamos convencer a los demás, que se trataba de la más positiva.
Conseguimos instalar en la opinión pública que el Consejo es un órgano de consulta, que debe tener continuidad, y que su función no está sólo referida a la fijación del salario mínimo, vital y móvil, y a la de la “canasta básica”, sino que también debe, por intermedio de las comisiones, tratar los temas referidos al empleo y la productividad que resultan esenciales en el estado actual de la clase trabajadora.
En fin, creemos haber cumplido con los mandatos de nuestros congresos. Simplemente fue cuestión de interpretarnos a nosotros mismos, nuestra intención no era decir que “no” a la propuesta del Gobierno por el “no” en sí mismo, ni tampoco de antemano saber que acataríamos su postura sin debate. Tratamos de adoptar una posición desde nuestra propia condición y convicción y en representación de un colectivo de trabajadores. Esa es la “práctica de la autonomía” y viene desde nuestra fundación y hace a nuestra propia identidad de Central.
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