
Hoy, 1º de Julio de 2007, la noticia de la muerte del compañero Eduardo Benigno Fernández Novoa, nos ha golpeado muy fuerte.
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* Sindicato de Trabajadores Judiciales de Corrientes (SITRAJ-FJA). |
Porque quienes los acompañamos durante 35 años en el recorrido de un largo y fecundo caminar en la lucha social, especialmente los judiciales, aún en la declinación de sus energías evidentemente disminuidas por la enfermedad, sus opiniones tenían una singular importancia. Por eso lo tendremos siempre presente y lo recordaremos por todo lo positivo que construyó entre nosotros y fuera de las fronteras argentinas.
Dotado de una inteligencia superior y de una oratoria vibrante, que brillaba con luz propia en todas sus exposiciones, hizo que pudiéramos aprender siempre de sus medulosas intervenciones.
Era un hombre de convicciones profundas, sólidas, que defendía con pasión en cuanta oportunidad se le presentaba. Luchador sincero, se mostraba implacable cuando fundamentaba una posición contraria a las ideas o propuestas de quienes entraban a debatir posturas diferentes.
Yo lo conocí en la ciudad de San Salvador de Jujuy, en un Congreso de la Federación Judicial Argentina, que se realizó el año 1972, en las instalaciones de la Legislatura Provincial.
En aquellos tiempos gobernaban el país autoridades de facto, provocadoras de uno de los tantos golpes de Estado que sufriera nuestra patria. Eso no fue óbice para que, de manera contundente, defendiera la democracia y los derechos de los trabajadores.
Recuerdo que todos quedamos impactados con su discurso claro y valiente, pronunciado con palabras fuertes pero serenas que resonaron en el Palacio Legislativo sin representación ciudadana.
De ahí en más nos seguimos encontrando en distintos eventos judiciales nacionales y regionales y trabamos una fuerte y duradera amistad entre rionegrinos y correntinos. Parecía paradójica esta coincidencia natural y espontánea, surgida entre dirigentes de provincias tan distantes y que, sin embargo, compartíamos una idéntica visión del país y de sus trabajadores.
Poco tiempo después, Eduardo se casaba con Olga Bueno; él Secretario General del gremio judicial de Río Negro y ella conducía el de La Pampa. Como ratificación de la amistad que sentíamos intensamente, realizaron una larga gira de "luna de miel", pasando por Goya y Corrientes, para continuar a las Cataratas del Iguazú en un "fitito" muy caminador, que se constituyó en un pequeño nido de amor. Siempre decían que ese amor nació al calor de los vínculos federativos y entonces al tener su primer hijo, Roberto Pablo, lo llamaban "federato"...
Corrían los tenebrosos "años de plomo" (allá por 1980), cuando mis contactos con la central "social-cristiana" CLAT (Central Latinoamericana de Trabajadores), me permitieron hacer de nexo para que un grupo de compañeros judiciales pudieran participar de un Seminario de Sindicalistas argentinos que se realizó en la UTAL (Universidad de Trabajadores Latinoamericanos) en San Antonio de los Altos, pequeña localidad ubicada a 25 Km. de Caracas (Venezuela).
Allí estuvieron "internados", unos 40 compañeros durante 3 meses. Vinieron potenciados y entusiasmados por las enseñanzas recibidas y el rico intercambio con compañeros sindicalistas de otros países. Esto, según me contaba Eduardo, produjo un cambio en su vida, porque tiempo antes estaba pensando dejar su puesto de trabajador judicial y dedicarse al periodismo, ya que tenía muy buenos ofrecimientos porque había hecho una exitosa experiencia en el periodismo deportivo rionegrino. Al parecer en este evento, con su enorme capacidad intelectual, avizoró la amplitud del panorama internacional que se abrió delante de sus ojos y optó por continuar la tarea sindical.
Allí comenzó a participar de la actividad internacional, donde pudo desarrollar todo su talento y su inagotable capacidad de análisis y de trabajo. Siempre venía entusiasmado y exultante de los encuentros realizados en distintas ciudades de diferentes países.
Acumuló conocimientos extraordinarios sobre las realidades que describía con lujo de detalles. Sabía muy bien el grado de desarrollo, recursos naturales y humanos, de distintos y remotos estados nacionales. Su inagotable memoria le permitía volcar esos datos en el momento preciso de una exposición o discusión en el seno de nuestras organizaciones o de organizaciones hermanas, en las tribunas o en los medios de comunicación sorprendiendo a propios y extraños ante la avalancha de datos que fluían naturalmente de sus discursos o entrevistas.
En la década del 90, en Corrientes, en medio de una crisis en plena Intervención Federal de Durañona y Vedia, pronunció una arenga fenomenal en la Plaza 25 de Mayo, ante una multitud; y varios sindicalistas correntinos nos preguntaban:"Compañeros ¿de dónde sacaron este monstruo?"...Les había resultado impactante su verbo vibrante y la solidez de su discurso.
Nunca fue mezquino, ni egoísta, se entregó a una dura tarea por la consolidación del Movimiento Obrero Argentino. Fue muy importante su aporte para que nuestros gremios se decidieran a tomar el nombre de Sindicatos y que nos afiliáramos a la CGT.
En aquellos momentos los judiciales se consideraban "trabajadores de saco y corbata" y no querían mezclarse con los obreros. Por eso costó bastante convencerlos de que no existían diferencias y que todos éramos simplemente trabajadores.
Militó en la CGT de su provincia, llegando a conducirla mucho tiempo y por sus méritos y capacidad integró la Mesa de Conducción de la CGT Nacional, en tiempos de Saúl Ubaldini. Pero, cuando vio, junto con otros compañeros de la FJA, de ATE otras organizaciones, que esa conducción se había paralizado y ya no respondía a los intereses de los trabajadores, sino a políticas partidarias, se dio a la tarea, junto con un importante grupo de compañeros, a conformar la CTA, con los exitosos resultados que todos conocemos.
Pero, hay un capítulo importante para nosotros los judiciales y es necesario hacer memoria: siempre los judiciales nos destacamos por no exigir la uniformidad ideológica de la dirigencia. Pero, de todas maneras, hubo - en algunos momentos- una puja de grupos que nos llevaron a una interna absolutamente negativa, más aún cuando en el panorama nacional los judiciales conformamos un grupo escaso. En esta cuestión siempre hemos reconocido en Eduardo, al dirigente lúcido, abierto, de principios propios pero sin fanatismos; y fue él uno de los que bregó incansablemente para construir una dirigencia pluralista, que desde entonces es orgullo y ejemplo de los judiciales argentinos. Nunca hicimos diferencias. Nos unimos comunistas, peronistas, radicales, socialistas, independientes, etc., conformando un amplio arco ideológico, estuvimos y permanecemos unidos en los objetivos y en las acciones. Las decisiones se toman siempre en los Plenarios o Congresos y todo el mundo las respeta y las lleva a la práctica, a través de las estructuras de los distintos sindicatos provinciales.
Se nos ha ido un amigo, un compañero, un luchador incansable, un talento singular, que será imposible de reemplazar o emular. Por eso nuestra tristeza grande y profunda. Pero agradecemos infinitamente a Dios el haberlo tenido entre nosotros, gozar de su amistad, recibir tanto de su vigoroso talento, su trato respetuoso, su sonrisa cordial, su gesto solidario fruto de un amor infinito hacia los trabajadores de todos los pueblos del mundo.
El dolor compartido y nuestro acompañamiento sincero para la querida compañera Olga y toda la familia, a quienes les abrimos nuestros corazones y nuestras almas doloridas porque queremos estar junto a ellos por siempre y como siempre.
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