
No elude ningún tema. Con firmeza habla de proceso revolucionario en Venezuela; de la importancia del ALBA, Petroamérica y Petrocaribe y sus principios solidario; del rol fundamental de los trabajadores y los pueblos; y de la necesidad de un Mercosur con otra lógica de integracion. Se trata de Eduardo Piñate, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores de Venezuela (UNT).
En un interregno en su participación en la mesa “Generación de empleo, derechos laborales y migraciones”, en la Cumbre de los Pueblos del Sur, que se realizó en Asunción el 28 y 29 de junio, este dirigente de la Federación Bolivariana de Trabajadores hace un análisis crítico de la evolución del Mercado Común del Sur (Mercosur): “La expectativas de los trabajadores planteadas en esta mesa para resolver los problemas están lejos de las expectativas que puede aportar el Mercosur; esto tiene que ver con el hecho de que pese a los cambios políticos que ha habido en la región, con gobiernos progresistas o de izquierda y todos los matices que puedan existir ahí, éste sigue basado en la misma lógica anterior, ya que está al servicio del capital y de las multinacionales”, analiza Eduardo Piñate. “A pesar de los cambios políticos, las clases hegemónicas siguen siendo las mismas de antes. Predominan los mismos intereses de los sectores dominantes; no son los pueblos los que están al frente del Mercosur”.
En referencia a como revertir esto, el dirigente venezolano asegura que se trata de “un problema de fuerza: la clase trabajadora debe comenzar a acompañar las propuestas de acción política en función de lograr las reivindicaciones históricas de los pueblos; esto implica un desafío muy importante para el movimiento sindical, que no solo en la región, sino en todo el mundo sufrió una derrota de la que todavía no se ha recuperado”. Piñate argumenta que “el movimiento sindical comenzó el siglo pasado con revoluciones, reivindicando las 8 horas y terminó el siglo XX perdiendo lo que había ganado”, aporta como salida que “hay que superar eso adaptándose a las condiciones históricas actuales”, y agrega que “más allá de las reivindicaciones puntuales, el movimiento sindical tiene que asumirse como movimiento político y ser capaz de tejer un conjunto de alianzas con otros sectores de la sociedad, que vayan conformando ese nuevo espacio, con el campesinado, los sectores indígenas y otros sectores.
“Al Mercosur hay que refundarlo”, dice Piñate. “Ahora hay un pedido como formal a Venezuela para ingrese, pero el tema es más complejo, creemos que Venezuela contribuye con una nueva visión del mundo y una experiencia muy rica, como la idea de la multipolaridad, la necesidad de fortalecer una visión latinoamericanista, ya sea de las transformaciones, de la revolución, de la construcción de la Patria Grande. No sólo integración meramente económica o mercantil sino una visión nueva, un espacio geopolítico fuerte para actuar en el mundo con soberanía, con independencia".
¿Qué le aportaría Venezuela a la lógica mercantilista que usted recién señaló que viene arrastrando el Mercosur desde sus orígenes?
Venezuela le aporta, mas bien la Revolución Bolivariana le aporta una nueva visión económica, social, política y cultural, incluso militar, que tiene como punta de partida los intereses populares, el protagonismo de los pueblos en la construcción de ese proceso. Eso lo debemos completar aún en Venezuela, porque avanzar es cometer errores, rectificar, volver y seguir avanzando, es un proceso de marcha y contramarcha.
¿Cuáles son las claves?
Hacerlo con honestidad. Estamos construyendo un camino, que no necesariamente es la receta para todos los pueblos, pero que si contiene elementos muy importante desde el punto de vista estratégico, que pueden ser desarrollados por los pueblos.
Esa característica de integración mercantilista no solo se ve en el Mercosur, también la CAN (Comunidad Andina de Naciones), y otras experiencias de mercados comunes en el mundo...
... Por eso venezuela impulsa el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), que ya no es una declaración, una idea, el ALBA se esta llenando de contenidos, ya hay cuatro países que han establecido un conjunto de relaciones y de cooperación basado en otra lógica: primero en la solidaridad, para tener en cuenta las asimetrías; después, intenta avanzar en eso de la complementariedad de los pueblos y en los intereses de los sectores populares por sobre el mercado. El ALBA es un modelo latinoamericano. al punto que ya no abarca sólo a los países que foralmente lo integran, sino que existen espacios locales en varios países donde ya comienzan a integrarse a través de los gobiernos locales. Esto ocurrió, por ejemplo, en Puno (Perú), o en el caso de Nicaragua, antes de que llegara Daniel Ortega a la presidencia, con algunas alcaldías sandinistas, o en El Salvador.
¿Y en relación, en el marco del ALBA, las propuestas de integración energética de los pueblos del continente a través de Petroamérica o Petrocaribe qué implican?
Se fundamenta esta decisión en los principios de solidaridad y complementariedad de los países en el uso justo y democrático de los recursos. Petroamérica y Petrocaribe es dar petróleo a otros países con precios diferenciales. Estamos construyendo un camino que sirve de ejemplo: los cambios estructurales tienen un costo y el precio que nosotros estamos pagando es la contrarrevolución; los enemigos del progreso de los pueblos hacen los esfuerzos para que no avancemos. En el Mercosur vemos que los cambios políticos no se dieron en las estructuras, por eso los movimientos sociales tienen que unirse para esta confrontación.
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