
Por Mariano Vázquez. El viernes se presentó en la ciudad de Buenos Aires el libro “¡Pocho Vive!”, un homenaje colectivo a Claudio Lepratti, militante social asesinado por la policía el 19 de diciembre de 2001. El piberío que él formó y forjó en los barrios duros de Rosario no faltó, tampoco sus compañeros de ruta, sus amigos, su hermana Celeste. En paredes y plazas se multiplica su imagen; en bibliotecas populares, murgas y espacios culturales se reproduce su semilla. “Un mundo donde quepan otros mundos”, predicaba desde su corazón generoso.
Unos 10 pibes corrían por las escaleras y entre las butacas del anfiteatro Eva Perón de la sede nacional de ATE. Hacían tiempo, entre juegos infantiles, esperando el comienzo del acto, organizado por la CTA y ATE Rosario, la Comisión Investigadora no gubernamental sobre los crímenes de diciembre de 2001, el Bodegón Cultural Casa de Pocho, y la Biblioteca Popular Pocho Lepratti. Sobre una pared del escenario, una bandera con las fotos y los nombres de los 9 asesinados hace ya casi cinco años: Juan Alberto Delgado, Rubén Pereyra, Ricardo Villalba, Walter Campos, Yanina García, Graciela Acosta, Claudio Lepratti (todos por balas policiales) y Graciela Machado y Marcelo Paccini. Cerca de las 19 se abrió la jornada con la emisión del video “Semillas de diciembre”, de Guillermo Street. El video “PochoHormiga”, de Francisco Matiozzi no se pudo transmitir por problemas técnicos.
Luego vinieron las palabras. La Flaca, una de las pibas que el Pocho vio crecer, mostraba toda su bronca por el “poco acompañamiento de la gente de acá”. Y no era para menos, apenas 50 personas asistieron al homenaje de uno de los hombres mas excepcionales del campo popular y de ellos unos 30 llegaron desde Rosario. Varón -amigo-hermano del Pocho- mientras acunaba a una guitarra resumía a borbotones desordenados sus múltiples recuerdos al lado de Claudio. Carlos Nuñez habló de la inspiración que significó el Pocho para la puesta en marcha de la biblioteca popular que lleva su nombre. Gustavo Martínez (secretario adjunto de ATE Rosario) y el abogado Federico Garat, integrantes de la Comisión Investigadora no gubernamental dieron cuenta de la gran magnitud del operativo represivo de aquellos días, las responsabilidades materiales e intelectuales de los crímenes, las múltiples irregularidades judiciales y la connivencia entre los poderes del Estado provincial para que no se haga justicia. Celeste Lepratti contó la gestación del libro “¡Pocho Vive!, la naturaleza colectiva de esta obra de 228 páginas, en las que hay múltiples voces que recuerdan a Claudio. Por último, Jorge Acedo, secretario general de ATE Rosario, se refirió a la importancia de la memoria y al hecho caprichoso de que la Organización Internacional del Trabajo “tomó la denuncia realizada por ATE y la CTA sobre el asesinato del Pocho porque éste era delegado de base de ATE, porque pertenecía a una organización gremial, si no hubiese sido así para la OIT este caso no existía”.
Y si se trata de un homenaje al Pocho no podía faltar la música. Comenzaron Varón y su guitarra y luego Gato a la naranja, una familia de músicos, que emocionó con el tema Grillitos de pan que dice “Agüita de oro y miel / para el Pocho que te abriga / cuando nadie está / brilla cuando le cantas / llora por tu soledad”.
“Te encontrás con lo político, lo religioso, lo gremial, lo docente. Pocho tenía esto de haber transitado, de haber caminado por tantos lugares, de haber tenido una militancia multifacética”, señala Celeste Lepratti, la hermana de Pocho. E inmediatamente se cuelan las imágenes del Pocho, que ya es un estandarte, no sólo en el barrio rosarino de Ludueña, donde sembró tanto, sino en cada rinconcito donde esparció su solidaridad. Militante cristiano, militante de los derechos humanos, militante barrial, militante de la Asociación de Trabajadores del Estado. Siempre militando.
Su estampa montada en una bicicleta con alas se reproduce en paredes y aceras. Como lo llamó León Gieco en su canción “El ángel de la bicicleta”. Tenía 35 años cuando la bala de plomo del policía Esteban Velásquez se alojó en la traquea y lo mató. Unos segundos antes de ese instante harto de que la policía dispare contra pibes y mujeres, se subió a la terraza de la escuela Nro. 756 del Barrio Las Flores, donde colaboraba con la preparación de la comida y gritó: “Hijos de puta, no disparen que hay pibes comiendo”.
“Es algo que se fue generando y sigue creciendo, lugares y personas que lo sienten tan cerca, de lo que uno quiere, de lo que uno sueña, por ahí se trata de tenerlo lo más cerquita posible en lo que uno hace”, cuenta en un hilito de voz Celeste. “Es como un compañero más en la pelea a dar todos los días”.
El 27 de febrero de este año Pocho hubiese cumplido 40 años. Nació en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), pero decidió vivir en el barrio Ludueña para trabajar con los más humildes. Coordinaba los talleres para niños, y daba clases de teología en la escuelita del padre Edgardo Montaldo, también trabajaba con el grupo de jóvenes "La Vagancia". Se movía y movía, como esas “pochohormigas” que son un reguero. Como dice el cantaautor uruguayo Daniel Viglietti en su canción “La hormiguitas” que “las hormiguitas los sueños y los caminos no dejarán (...) si les preguntan dónde trabajan contestan siempre en la construcción ¡La Construcción!”.
Celeste explica que “después del asesinato de Pocho se empezó a decir, pensar y sentir que él no está muerto. Por eso insistimos en esto de que ¡Pocho Vive! porque no lograron matarlo, sino que con esa bala en realidad lo multiplicaron. Eso se manifiesta en las movidas culturales que hay cuando uno recorre Rosario u otros puntos del país”, entonces “nos encontramos con esas hormiguitas dando vuelta por las paredes y la bicicleta alada en más de un rincón, que no hacen otra cosa, que no tiene otra función que llamar a la memoria, a no olvidar, a seguir trabajando”.
Y esa multiplicación de la que habla la hermana de Claudio es “mucha gente laburando, convencida de que no hay que bajar los brazos, que lo que pasó en diciembre no puede olvidarse, no podemos permitir que su sangre haya sido derramada en vano”. Y vaya si construyó, el barrio Ludueña es fiel testigo de esa capacidad creadora de organizaciones sociales: la Coordinadora Juvenil de la Vicaría Sagrado Corazón, La Vagancia, Los Gatos, Los Pelos Duros, Grupo San Cayetano, Los Piqueteros de Lourdes, Los Ropes y La Murga de los Trapos.
“Continuamos una lucha por justicia, porque todavía no la hay”, dice Claudia, por eso “vinimos a Capital para seguir denunciando esta situación de impunidad total en torno al asesinato de Pocho, en torno a la muerte de 9 personas en la provincia de Santa Fe, porque no ha habido justicia para ninguna de ellas y lo que más indigna es que la Justicia santafesina, lejos de cumplir con lo que debería ser su función para lo único que viene trabajando es para facilitar, prolongar y dar continuidad a la impunidad de la que gozan, ni más ni menos, que los responsables políticos de la masacre.
“Hasta el día de la fecha hay una sola persona detenida, Esteban Velásquez, condenado hace poquito a 14 años de prisión por el asesinato de Pocho y todos sabemos que no fue el único policía involucrado. El principal responsable, que es Carlos Reuteman (gobernador de la provincia en su momento y actual senador nacional), no ha sido llamado a declarar ni siquiera una sola vez por lo que sucedió en diciembre de 2001 en su provincia. Y Lorenzo Domínguez (entonces ministro de Gobierno) luego de ser procesados fue sobreseído por la justicia”, relata Celeste.
“No bajamos los brazos, lo mínimo que le debemos a Pocho y a todos los caídos es que haya justicia”, sostiene Celeste.
Secretaría de Comunicación y Difusión
recibir ACTA en tu correo electrónico
Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina
(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar
sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar