La Marcha Federal
Viernes 6 de julio de 2007, por Víctor De Gennaro *

El 6 de Julio de 1994 llegaban a la Plaza de Mayo miles y miles de manifestantes en tres columnas conformadas los días anteriores desde los distintos puntos del país.



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Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA.

Arrancábamos desde La Quiaca y en ese mismo momento de la Plaza de los Excombatientes de Malvinas en Ushuaia arrancaba la columna sur.

En el norte caluroso, después de la ceremonia de la Pacha Mama, y de la bendición del cura Olmedo, los compañeros marcharon a la Estación del Ferrocarril que hacía poco tiempo había sido cerrada y, sorprendiendo a todos, comenzaron la marcha cantando “Cavallo no sabía la Quiaca es Argentina”.

Era la contestación clara a la situación que atravesábamos. Era tiempo de desestructuración del país, cuando nos vendían el camino al “primer mundo” cerrando ramales, entregando ENTEL o regalando el petróleo de YPF con el verso de la transformación que empujaba el peronismo traicionado su memoria histórica. Cada pueblo nos recibía con calor popular y con consignas nacionales que estallarían en la plaza gritando que queremos ser Nación.

Nos estaban tupacamarizando, el NOA estaba destinado a integrase a Bolivia y Perú no para la producción sino para el negociado del narcotráfico. El Litoral era empujado a pensar en su próxima capital, San Pablo, a caballo del MERCOSUR de las transnacionales; Cuyo, preocupado por la salida a través de Chile de sus productos, no sentía como suyo la entrega de las aguas continentales del sur, y la Patagonia era enajenada a los negociantes pues allí se encuentran la mayoría de los recursos naturales.

Íbamos a ser capaces de unificarnos. Partiendo de La Quiaca, la columna atravesó las provincias del NOA; la de Misiones venía por el Litoral; desde Mendoza se recorrería Cuyo hasta encontrase con las otras columnas; la de Neuquén se a encontraba en Bahía Blanca con la proveniente de Río Turbio y el sur, y todas conmovían en la acampada del día anterior al Gran Buenos Aires que los recibió con alegría y compromiso por un país federal para todos y no para los cuatro vivos que nos estaban esquilmando.

Comenzaba la derrota de los saqueadores, hoy repudiados por el pueblo todo.

Me tocó iniciar la serie de discursos en esa plaza histórica, y después de recordar a los quiaqueños y convocar al paro nacional, pregunté sin temor ante las acusaciones de que “haciamos política” que nos espetaba el Presidente. Todos al unísono gritaron Sí. Tenemos derecho a hacer y determinar la política social, económica, cultural, educativa y otras quienes tenemos las raíces en este suelo y el futuro de nuestros hijos voluntariamente en él.

Hablaron después por el MTA Hugo Moyano, por las regiones hicieron oír su voz el “Perro” Santillán, Juan González, el desaparecido Daniel Gómez y la compañera Gladis Murcia de Mujeres Agropecuarias de Mendoza. Por los empresarios habló Humberto Volando y Daniel Nieto lo hizo por los estudiantes, completando una visión del entramado nacional que expresó consciente que se estaba jugando el destino del país.

Grito de rebeldía, pero fundamentalmente de esperanza pues se mostraba en el seno de nuestro pueblo que se recuperaban las raíces históricas de un proyecto que nos atraviesa por siglos. Los Nacionales contra los Antinacionales, consagrando que no hay unicato en el pensamiento popular y la pelea está vigente día a día y minuto a minuto.

Tiempos de epopeyas como aquella que el 1 de enero de ese mismo año lanzaba un desconocido sub comandante desde La Candona para demostrar la resistencia contra ese gigante del Norte que, como definió Bolívar, “si no nos unimos nos terminará por devorar a todos”.

Aprendí las repuestas de nuestra cultura que está en nuestros huesos y que a veces, lo que parece imposible alcanza la felicidad.

El año anterior hubo elecciones y resultó ganador el “entregador”. El “Piojo” Ocampo, desde Chilecito, La Rioja, comenzó una marcha a pata hasta la capital riojana. Eran 80 compañeros en el camino hablando con él. Allí dijo: “Tengo que salir a demostrar que no todos los riojanos somos traidores, que tenemos en nuestra piel a Felipe Varela y Facundo Quiroga”. Días después, cuatro mil riojanos los esperaban y hacían “El Riojanazo” abriendo paso a los días siguientes al grito de “E Santiagueñazo”. Nuestra reserva está en nosotros mismos, sólo restaba convocarla y animarse a soñar.

Convocamos el paro nacional en asamblea pública en la plaza. La CGT llamó a no parar, el Gobierno lo declaró ilegal y el 2 de Agosto el pueblo todo dijo ¡Basta!, y comenzó otra historia.

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