Entrevista a Víctor Mendibil
"El juicio a Von Wenich es consecuencia del hambre de justicia”
Miércoles 11 de julio de 2007, por Arturo M. Lozza *

Referente de los trabajadores del Poder Judicial y dirigente nacional de la CTA, Víctor Mendibil saluda el inicio del juicio oral al ex capellán de la “bonaerense”, lo considera un triunfo más en la lucha contra la impunidad, pero a la vez reclama al Estado la creación de mecanismos judiciales que permitan acelerar los juicios.

Christian Von Wernich, ex capellán de los grupos de tareas en la provincia de Buenos Aires, partícipe necesario en 42 privaciones ilegales de la libertad, torturas y 7 homicidios cometidos durante la última dictadura militar, está sentado en el banquillo de los acusados en un juicio oral.

Es el tercero que se concreta a un represor, luego de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, y la primera vez que se juzga a un representante de la iglesia católica en América Latina por crímenes de lesa humanidad. Se lleva a cabo en el Tribunal Oral Federal N` 1 de La Plata, el mismo que condenó a Miguel Etchecolatz por genocidio.

Los trabajadores judiciales han sido y son parte militante en el combate por la verdad y la justicia frente al terrorismo de Estado. ¿Qué opiná del juicio a quien acompañó la tortura en nombre de Dios?

Como trabajador del Poder Judicial, integrante de la Asociación Judicial Bonaerense y de la CTA siento alegría, estamos ante un hecho auspicioso, a la vez debemos tener presente que Julio Jorge López sigue desaparecido por haber tenido el valor de testimoniar contra el asesino Etchecolatz. Este juicio es consecuencia del hambre de justicia y de verdad que hay en millones de argentinos que a pesar de las intimidaciones dan pasos adelante en la lucha por la vigencia de los derechos humanos. Destaco en este impulso el valor de los testigos que una y otra vez se presentan ante los tribunales para recrear y resignificar los momentos brutales que vivimos.

Siento la satisfacción de comprobar que la resistencia de nuestro pueblo durante la dictadura y posteriormente -la resistencia expresada en masivas movilizaciones, en la batalla que libran las organizaciones de derechos humanos, en el extraordinario aporte de inteligencia y compromiso de tantos abogados e investigadores que buscaron las fisuras que el sistema judicial ofrecía para que se pudieran abrir los juicios-, hoy avanza un paso más. Estamos ante un triunfo. Por supuesto, además quisiéramos que otros tantos jerarcas de las fuerzas armadas y de la iglesia estén sentados en juicios por la verdad y la justicia, y que queremos que esos juicios se aceleren.

El juicio a Von Wernich, ¿salpica también a la jerarquía eclesiástica?

La jerarquía de la Iglesia tiene aún pendiente su propia elaboración del pasado, debe revisar sus responsabilidades en la dictadura, porque al mismo tiempo que estos personajes siniestros como Von Wernich le daban apoyo psicológico y religioso a quienes torturaban o alentaban a la delación a los testigos, sacerdotes como Angelelli, las monjas francesas o los palotinos eran asesinados. Y la jerarquía de la Iglesia tiene una responsabilidad en eso, y debe marcarla claramente, no seguir escapando o esperar quinientos años para reconocer sus culpas, como ha pasado en otros episodios.

Estuvo en el recinto cuando el 5 de julio se inició el juicio. ¿Cuáles eran los sentimientos que predominaban?

El de la profunda emoción. Yo compartía la presencia junto a compañeros de la CTA, de representantes de organismos de derechos humanos, con abogados comprometidos con la verdad y la justicia, y sentía esa profunda emoción que, me imaginaba, también estaba en millones de argentinos. Porque el hecho de realizarse ese juicio significa que la lucha de los pueblos de América latina van dando resultados positivos para terminar definitivamente con la impunidad. El tema central es la impunidad. Y el juicio a Von Wernich es eso, una derrota más de los sistemas que se apoyan en la impunidad, y el triunfo de la verdad y la justicia.

Como trabajadores judiciales y miembros de la CTA seguiremos aportando en ese sentido para que todos los elementos que tengamos sean puestos como contribución para que estos juicios continúen y se les brinde a los personajes siniestros la oportunidad de defenderse en juicio, un juicio que ellos le negaron a nuestros militantes a través de las prácticas del terrorismo de Estado y aplicando políticas de genocidio. Los asesinos, sus cómplices e impulsores intelectuales deben ser juzgados y condenados: es la garantía de un futuro sin impunidad. No hay posibilidad de futuro para los pueblos si los pueblos no mantienen su memoria viva y si no derrotamos a la impunidad. Nosotros rechazamos el concepto de reconciliación sobre la base de mantener la impunidad.

Los trabajadores seguiremos avanzando por la verdad y la justicia y en ese camino tenemos que construir más unidad, más organización, y rodear a los testigos que vuelven a exponer ante los Tribunales, Destaco también que hay tribunales y jueces que están jugando un papel muy importante, que son intimidados, amenazados y acosados, y que a pesar de eso mantienen una posición: eso también me alienta a decir que en la justicia argentina, más allá de los quiebres y dobleces, hay magníficos magistrados que luchan todos los días para que la Constitución, las leyes y los tratados internacionales sobre derechos humanos sean respetados. Estamos, creo, en un momento muy interesante.

Sin embargo, este es recién el tercero de los juicios orales...

se es “el” tema: la lentitud. En esto hay una responsabilidad del Estado argentino, de los distintos gobiernos y de éste gobierno que no aportan los elementos suficientes, los presupuestos necesarios para agilizar todo el trámite y crear las condiciones para que los juicios se concreten con mayor celeridad.

Recientemente salió a luz que Etchecolatz tenía en la prisión un sistema propio de comunicación con sus secuaces, y que sobrevive una estructura de represión fascista, como lo demuestra la desaparición de López. ¿Cuál es su reflexión?

A mí no me cabe la menor duda que en la policía bonaerense, en el sistema penitenciario de la provincia y en los mecanismos de seguridad hay importantes bolsones de jerarquías, integrantes de cada una de esas fuerzas, que si pudieran tornarían a los métodos del terrorismo de Estado. Por eso, en el inicio del juicio a Von Wernich estaba sentada en la sala la señora Pando que señalaba que “esto es un circo romano”. Esa señora representa parte de un pensamiento de sectores civiles y de integrantes de las fuerzas armadas que quieren volver a restablecer un mecanismo de terror y de impunidad. Estamos entonces ante una disputa. Por eso a mi me alienta extraordinariamente este juicio.

Es cierto que las cosas van lentas, pero vamos ganando. Y eso es lo que los pone muy mal a ellos: vamos ganando esta disputa. Hay que acelerarla, hay que exigir al gobierno, por ejemplo, que se ponga rápidamente en marcha un Tribunal Oral Federal en La Plata, porque los tribunales que deben atender las megacausas, también tienen que atender el cúmulo de trámites cotidianos. Eso es una sobrecarga de actividad. Hay que crear organismos que permitan descomprimir la presión que significa el cúmulo de trabajo, hay que crear más organismos judiciales que atiendan las causas de trámite cotidiano para que Tribunales como el que juzga a Von Wernich puedan dedicarse exclusivamente a los juicios contra violadores de los derechos humanos.

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