
Se están dando pasos para crear una herramienta que ayudaría a la independencia económica, pero por acción de concepciones neoliberales puede convertirse en una frustración más.

La concreción del Banco del Sur, tras la reunión del Mercosur en Asunción parece entrar en un período de definiciones. Se trata de un proyecto muy mal visto en principio por el poder financiero global del imperialismo -el FMI, Banco Mundial y el BID, entre otros- ya que su constitución es consecuencia de los nuevos procesos en América latina que buscan la manera de desatar a las Naciones de los condicionamientos políticos, económicos y culturales que imponen las trasnacionales.
En este sentido, existen antecedentes que marcan positivamente una dirección determinada al lanzamiento del Banco del Sur: el presidente de Ecuador, Rafael Correa, despidió el 26 de abril 2007 al representante del Banco Mundial por inmiscuirse en asuntos internos y tratar de imponer determinadas políticas; Hugo Chávez, con un sentido similar, anunció cuatro días después que Venezuela se retiraba del FMI y del BM; a su vez, Bolivia indicó que dejaba de reconocer la autoridad del CIADI, el Centro Internacional para el Arreglo de Diferendos relativos a las Inversiones, que depende del BM.
En este panorama, la creación de un Banco del Sur es una pieza importante de esta tendencia liberadora. Pero no todo va dirigido en el mismo sentido. Porque dentro del Mercosur y de los ministerios de los países asociados al proyecto bancario están los tecnócratas formados en las escuelas anglosajonas del neoliberalismo, que redactan proyectos de cartas orgánicas y estatutos para el futuro Banco que son casi un calco de los que tienen el FMI, el BM y el BID.
En declaraciones a “Clarín”, la ex ministra de Economía, Felisa Miceli, había sostenido que en una primera etapa el banco estará volcado a impulsar el desarrollo de Sudamérica, pero -añadió- “de aquí a dos años, cuando madure esta condición, el Banco podrá convertirse también en una especie de FMI regional, esto es de fondo de reservas anticrisis”. Es decir, convertir al Banco del Sur en un banco más bajo un acta fundacional perfectamente compatible con la visión neoliberal. El flamante ministro, Miguel Peirano, de acuerdo a declaraciones formuladasa Página 12, ha dado un enfoque distinto poniendo el acento en la necesidad de los desarrollos autónomos de los países miembros.
Si el texto prevaleciente -como el que está trascendiendo- parte de considerar que el escaso desarrollo de los mercados financieros es la causa principal de los problemas de Latinoamérica, y nada dice de la dependencia de las multinacionales y del saqueo que sufren los pueblos, no llegaremos, evidentemente, a buen puerto. Y las mejores intenciones fundacionales naufragarán en el oleaje de la gran burocracia tecnócrática neoliberal que desde hace varios años nos viene castigando.
Se habla, por ejemplo, de que es necesario promover la constitución de empresas multinacionales de capital regional, pero no se especifica que sean públicas, privadas o mixtas. No vaya a ser que por el camino de los enunciados poco específicos, el Banco termine financiando a las multinacionales ya que -no olvidemos- el 80% del intercambio comercial dentro del Mercosur también está concentrado en las filiales de las multinacionales. Es por eso que Hugo Chavez, en una reunión de los presidentes del Mercosur, sostenía que una verdadera integración de los pueblos -que él denominaba “unión de los pueblos”- debía fundamentarse en la independencia económica de cada Nación y por lo tanto en el dominio de sus recursos naturales hoy en poder de multinacionales. Y es en tal sentido, en el sentido de la independencia económica y de la integración genuina de los pueblos, que debería actuar el Banco del Sur.
Lo peor que le pueda suceder a la proyectada nueva institución financiera regional es que, al ser vaciada de contenido liberador, recomiende finalmente políticas macroeconómicas que mantengan la lógica del ajuste estructural y de las políticas monetaristas ortodoxas.
En los debates habidos para redactar los estatutos y Carta del Banco del Sur, algunos miembros de gabinete, especialmente de Argentina, y posiblemente también Danilo Astori -el ministro de Economía del Uruguay que impulsa el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos- postulaban que el BM y el BID podrían ser accionistas del Banco del Sur, aunque sin derecho de voto. Si ésta ha sido la posición dominante, “estamos fritos”, diría mi amigo.
En fin, hay señalamientos dentro del proyecto, que provienen precisamente de ese segmento tecnocrático, que son totalmente incompatibles con las posiciones adoptadas por Venezuela y Bolivia. Es más, Ecuador presentó otro proyecto donde los fundamentos son humanísticos, liberadores y no atados a las viejas concepciones de la dependencia. Se trata -dice- de implementar herramientas económicas que deben servir para garantizar la aplicación de los derechos humanos fundamentales. Las políticas de tipo neoliberal del BM y FMI -está dicho implícitamente en tal proyecto-, llevaron al agravamiento de las condiciones de vida de una gran parte de las poblaciones, a un aumento de las desigualdades en la distribución de los ingresos y de las riquezas, a una pérdida del control de los países de la región de sus recursos naturales, a un aumento de la tendencia migratoria. Frente a esto -propone-, es necesario poner en práctica políticas públicas tendientes a reforzar las estructuras que permitan a los países recuperar el control sobre los recursos naturales y su aparato productivo en la región, de los cuales una buena parte ha pasado a manos de las transnacionales del Norte.
Las distintas líneas también se manifiestan cuando debe decidirse de qué capitales se nutrirá el Banco. Por un lado, los aferrados a las viejas concepciones copian de las fórmulas del FMI, es decir, hay que acudir a capitales privados, a los típicos bonos de endeudamiento que han encorcetado las economías de los pueblos, a los malditos “fondos de inversión” golondrinas, etc. Otros, en cambio, proponen aporte de capital de los Estados de países miembros; préstamos que esos países le harían al Banco, pero que serían contratos que no dependieran de los bonos emitidos en los mercados de capitales regionales o del Norte; impuestos globales comunes e impuestos sobre las ganancias repatriadas por las transnacionales, de protección al medioambiente, etc.
Así están planteadas las cosas, de uno y otro lado. Obviamente, en el Mercosur -y en los cónclaves preparatorios del lanzamiento del Banco del Sur- hay una fuerte pugna, que es de contenido económico pero a la vez profundamente político.
Estiman los funcionarios que el acta fundacional y los estatutos del Banco del Sur estarán listos en agosto, cuando los ministros de Economía de la región se reúnan en Río de Janeiro. Veremos qué sale de allí. Hagamos lo posible para que este proyecto, que nació rodeado de las mejores intenciones y apuntando a la independencia económica, no sea vaciado de contenido y se convierta en una frustración más.
recibir ACTA en tu correo electrónico
Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina
(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar
sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar