
“Las limitaciones son muchas, pero la determinación política de seguir adelante también es mucha. Tenemos los pies sobre la tierra, nunca nos creímos más de lo que realmente somos: una suma de voluntades con vigor militante”, reseña Hugo Rodríguez, secretario general de la CTA Chaco, en esta entrevista sobre el camino que ha realizado esta organización obrera en los últimos cuatro años para poder crecer.
La CTA Chaco fue normalizada en el marco de las elecciones nacionales de la Central realizadas a fines del año pasado. Repasemos brevemente aquel proceso.
La frustración que vivimos en el año 2003, cuando las elecciones de la CTA Chaco fueron anuladas, nos sirvió mucho para darnos cuenta que teníamos que superar una etapa y entrar en otra. Entonces decidimos que era el momento de prepararnos para conducir la transición. El objetivo era salir fortalecidos y consolidar una fuerza política y social que nos permitiera llevar adelante el proyecto CTA en el Chaco. Las cosas salieron bien y ahora estamos en pleno proceso de crecimiento, afirmando a la CTA en toda la provincia.
¿Y cómo van llevando adelante, hoy, esta nueva etapa?
Las limitaciones son muchas, pero la determinación política de seguir adelante también es mucha. Tenemos los pies sobre la tierra, nunca nos creímos más de lo que realmente somos: una suma de voluntades con vigor militante. No tenemos aparatos sindicales fuertes, así que no nos queda otra que trabajar sobre la base de la mística militante. Pero vamos avanzando, lentamente y con paso seguro. Ya tenemos nuestro local propio en Resistencia, que es una buena manera de construir identidad CTA. Esa misma identidad la estamos reproduciendo en toda la provincia, entendiendo y asimilando las particularidades propias de esta región del país.
¿Cuáles son esas particularidades?
Los actores sociales de esta provincia, y de toda la región del noreste argentino, son muy especiales. La situación social, política y económica es muy, muy delicada. Los trabajadores “formales” son una minoría; el empleo en serio prácticamente no existe. En este contexto, tenemos dos sectores clave para estructurar cualquier proceso de unidad del campo popular: los campesinos y los aborígenes. Estos sectores son fundamentales para comenzar a revertir el modelo productivo de la provincia.
¿Qué prioridades han fijado para este proceso de consolidación de la CTA chaqueña?
La realidad nos indica que hoy no estamos para fijar prioridades: tenemos que construir todo, todo, al mismo tiempo. Esto es: fortalecer la identidad de clase de la CTA, terminar con el aislamiento sectorial, articular la unidad del campo popular e identificar claramente a nuestro enemigo. Y para poder hacer esto tenemos que estar abiertos a todas las expresiones políticas y saber muy bien que no somos el ombligo del mundo. Ya no existen ni las verdades absolutas ni los caminos preconfigurados. Esas verdades y esos caminos los estamos construyendo entre todos.
Hablando a nivel nacional, ¿cuál sería el “error imperdonable” que la CTA no debe cometer en este tiempo de discusión política?
Confundir el enemigo: no podemos darnos el lujo de equivocarnos en la identificación del verdadero enemigo del campo popular. Y ese enemigo es el de siempre, el que históricamente ha sometido al campo popular en la Argentina. El enemigo puede reciclarse, puede cambiar de formas y colores, puede adoptar nuevos nombres y aplicar distintas recetas, pero siempre será nuestro enemigo. Entonces tenemos que tener la capacidad política de no dejarnos confundir por nada ni por nadie. El debate es profundo y riesgoso. Así que las ideas tienen que ser claras.
Redacción
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