Chaco
La última frontera
Miércoles 1ro de agosto de 2007, por Martín Fedele *

El monte está ahí, siempre, enmarañado y tupido: impenetrable. A un lado y otro del camino, a cada golpe de vista, resplandece en furiosas tonalidades verdes. El monte está ahí, desafiante, devorando paisajes y ansiedades. Soberbio. Imperturbable... Surcando el Gran Chaco, el anegadizo Chaco Austral, en territorio argentino, al sur del Río Bermejo, en los bordes de la llanura boreal que supo ser coto de caza de los Reyes del Cuzco: el mítico «chacú» de las cacerías multitudinarias, ritual colectivo y doctrinario que aterrara al conquistador Juan de Ayolas. El «chacú» trepidante y afiebrado de las crónicas blancas.

El monte está ahí, como siempre, obstinado, patotero. Y el clima chaqueño parece no haberse enterado que estamos en pleno invierno: sol abierto, calor, viento del norte, rabiosos mosquitos; todo en incisivas cantidades, todo abundante. El clima entre aquellos montes es tan intenso como el orgullo nativo que pulsan las comunidades aborígenes de la región.

Allí dónde la conquista europea no alcanzó a hincar sus dientes hasta el fondo; apenas unos cuantos, cientos nativos masacrados, “los procaces infieles”, apenas la perversión de sus credos y oraciones, la contaminación de sus ideas embusteras, pero nunca, jamás, la ocupación absoluta, terminante.

Como ningún otro pueblo precolombino, de Cartagena al Cabo de Hornos, las comunidades del Gran Chaco supieron resistir y combatir y asimilar y expulsar y reconvertir la invasión del pillaje y la peste. Allí está muy claro, hoy, como siempre, que los aborígenes no reconocen el dogma de la “sociedad nacional” parido por las tribus europeas.

Y el monte sigue ahí, caliente.

Praxis cultural

Recostado a la vera de la Ruta 3, en la localidad de Pampa del Indio, el “Bachillerato para Adultos Bilingüe Intercultural” aparece como síntesis inmediata de la organización popular chaqueña. Luego de mucho batallar en despachos oficiales el Ministerio de Educación de la Nación finalmente aprobó esta experiencia pedagógica única en la Argentina: el primer bachillerato dónde los planes de estudios nacionales comparten jerarquía con la tradición cultural del pueblo Toba.

Espléndido en el corazón de 14 asentamientos aborígenes que nutren la cuenca del Bermejo, el bachillerato comenzó a funcionar este año, y ya los compañeros lo califican como un “éxito” académico. Más de ochenta alumnos pueblan sus aulas, dichosos de mantener viva la lengua y las costumbres de sus antepasados tobas, antiguos «QOM» de los quebrachales.

Algunos kilómetros al este, entre bicicletas estacionadas y cantar de calandrias, emerge la escuela de nivel terciario donde maestros especializados dictan el curso de formación a los futuros ADA, esto es, “Auxiliar Docente Aborigen”, eslabón fundacional en la cadena educativa. Voces de raíz quechua inflan las paredes del aula, envolviendo el ambiente en una dulce sonoridad. Relatos ancestrales, picarescos, historias y personajes fabulados en la espesura del monte (ver aparte).

“Este avance en el terreno de la educación representa, para nosotros, un verdadero triunfo político”, asegura el compañero Gabriel Mendoza, militante de la CTA en Pampa del Indio

Ya en la noche, las pantallas de los televisores devuelven imágenes de la Copa América de fútbol: Argentina y Paraguay dirimen fuerzas en tierras bolivarianas. Aunque gritar un gol “argentino” en el Gran Chaco bien podría ser interpretado como una vulgaridad étnica: cruzando el Río Pilcomayo, en el Chaco Boreal, los hermanos “paraguayos” entonan un mismo candor aborigen. El concepto de país, la noción de bandera, redundan en absurdos artificios por aquellos pagos.

Organización aborígen

En la provincia de Chaco los indicadores sociales abruman por la brutalidad del impacto. La extrema exclusión, la indigencia, la miseria, todos términos “naturales” aplicados a medir más y más pobres, contabilizando desastres, televisando el horror. Y las comunidades aborígenes, en general, Tobas, Wichis, Mocovíes, no escapan al zarpazo del desdén y la desidia. Las necesidades son muchas. Y son, además, dolorosamente básicas: agua potable, luz eléctrica, asistencia médica, vivienda digna, trabajo, nada, nada de esto abunda o siquiera existe entre muchas comunidades aborígenes de la provincia. Nada.

La CTA ha comenzado a organizar algunos emprendimientos productivos en Pampa del Indio. Postergados por el Estado chaqueño, apenas visibilizados por la Nación, en Laguna Cacique los Tobas llevan adelante una chacra en la que crían ganado y trabajan la tierra (ver aparte). “Todo esto comprueba que los Tobas quieren vivir mejor”, apunta el compañero Gabriel, mientras avista el arreo de vacas y chivos, “sólo precisan la oportunidad y las herramientas necesarias para demostrar todo lo que quieren”.

En Cuarta Legua la organización aborigen está intentando ponerse en pie. Un merendero para 40 chicos, un costurero comunitario, elaboración de artesanías, son las primeras expresiones de este tiempo. Con el empuje y la terquedad de algunas organizaciones sociales los Tobas expresan la “urgencia” de la integración y la articulación en acciones comunes.

“Tenemos que unir fuerzas”, dicen, congregados en Consejo, “tenemos que hacer camino, abrir una brecha”. Cargando el peso histórico de constantes traiciones y promesas de cotillón, la comunidad Toba parece decidida a retomar la senda de la lucha popular organizada. “Los políticos no responden. Prometen y nunca cumplen. Mienten”. Así dicen. Así ocurre.

Docentes Pampa IndioLejos de los levantamientos de antaño -aquellas rebeliones mesiánicas teñidas en sangre- los Tobas de Pampa del Indio escuchan atentamente las hazañas de sus hermanos Coyas, en Jujuy, o sus hermanos Mapuches, en la Patagonia, donde la organización aborigen ha dado sobradas muestras de su capacidad para transformar la realidad. “Saludos a los hermanos Coyas y a los hermanos Mapuches”, se despide Don Hipólito, con la voz entrecortada y los ojos henchidos en lágrimas, “acá tenemos que hacer lo mismo”, dice, repleto el sombrero de confianza.

La ciudad ancha

La ciudad Presidente Roque Sáenz Peña impresiona en su volumen: la colosal urbe ensanchada a fuerza de migraciones internas, los desterrados rurales, amontonados en improvisadas barriadas. Allí los compañeros Sergio Navarro y Luís Rodríguez vienen coordinando una interesante iniciativa social en defensa de la niñez. El trabajo en cuestión ha sido bautizado bajo un categórico sentido de pertenencia: “Cooperativismo Escolar”, llaman al proyecto. Y los compañeros enumeran sus experiencias en la Escuela N° 354: una huerta escolar, talleres creativos, Derechos Humanos y ciudadanía, identidad cultural, deportes, cine, radio.

La CTA en Sáenz Peña sostiene una voluntad social contra el trabajo infantil. “La realidad del trabajo infantil es muy dura en esta provincia”, informan los compañeros, “calculamos que alrededor de 45 mil chicos trabajan en distintas zonas, no sólo en el campo, donde cosechan algodón o fabrican ladrillos, sino también en el centros urbanos, donde son explotados por la venta ambulante y el mendigueo”.

El objetivo de Navarro y Rodríguez apunta a concientizar a los changos sobre este talante bien próximo a su entorno cotidiano. Entonces florece fresco en el balero la masiva movilización de 400 chicos que el pasado 12 de junio -Día Mundial Contra el Trabajo Infantil- maravilló las calles de Sáenz Peña.

En terreno político las Cooperativas de Trabajo vienen fogoneando fuerte la zona rural. Y allí sobresale por peso específico propio la “Unión de Campesinos Poriajhú”, cobijada en el carisma del compañero Raúl Galván, más conocido como Toto (ver aparte). Llameando el rugido de las ligas agrarias, la Cooperativa Poriajhú agrupa a campesinos que sobre principios de la década del ’90 supieron resistir sucesivos desalojos ordenados por terratenientes de telenovela.

Y allí están, ahora, sacándole el jugo a la tierra, con empeño y dedicación, criando ganado, apilando leña, juntando huevos. También la identidad cultural de los aborígenes está entre las prioridades de los compañeros de Sáenz Peña, consolidando y fortaleciendo el “Centro de Investigación y Formación para la Modalidad Aborigen” con alcance en todo el territorio provincial.

Resiste

La coqueta Resistencia, ciudad capital de la provincia, engalanada con sus esculturas y sus palmeras, fresca y altiva ladeando el Río Paraná. Pero la belleza de Resistencia contrasta amargamente con el oprobio al que son sometidos los trabajadores municipales. Donde el régimen de la hambruna no reconoce límites a la hora de etiquetar viejas formas de precarización laboral: Jornalizados, los llaman en este caso. Aunque abuse de poco original, tal como lo indica su nombre, este modo de contratación laboral “en negro” remite a lo más ruin de la Edad Media.

Los compañeros jornalizados mantienen un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con las autoridades comunales. Y los abusos tampoco suenan nada originales: sueldos que huelen a Jornales, digitación de Presupuestos, intimidaciones Públicas. La lucha de los jornalizados -más de 500 compañeros y compañeras- los llevó a instalar una carpa frente a la sede del Palacio Municipal como medida de protesta. En un nada confuso atentado la carpa de los compañeros fue incendiada, y varios de ellos fueron golpeados por personajes para nada anónimos. Así están las cosas, hoy, en la linda capital chaqueña.

Avanza...

En vísperas de celebrarse el “Día Internacional de la Cooperación” en la Universidad Popular de Resistencia comentaban el buen desarrollo del Encuentro de Empresas y Fábricas Recuperadas y Autogestionadas.

Todo un título que dice mucho: experiencias de la organización popular traducidas en empleo genuino para los trabajadores (ver aparte). “Por una cooperación como modo de vida”, propiciaban. Y entre charlas y exposiciones y talleres y recorrida en micro por las empresas recuperadas de la zona, el encuentro amasó una fabulosa oportunidad para enriquecer prácticas y experiencias. Todos estaban contentos. Y los choripanes anunciados sabían buenos. Así están las cosas, también hoy, en la linda capital chaqueña. Lejos del monte, sin gusto a siesta.


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Redacción

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