La niñera gallega que crió a Ernesto Guevara
“Mi padrino el Che”
Lunes 13 de agosto de 2007

Al cumplirse el próximo 9 de octubre el 40º aniversario de la muerte de Ernesto Guevara de la Serna, conocido mundialmente como el Che Guevara, Alfredo Gabela, hijo de Carmen Arias quien es considerada como la segunda madre del Che, decide hablar y contar la intensa relación que unió al líder revolucionario con su madre y el resto de su familia.

La primera vez que se tuvo conocimiento de la existencia de Carmen Arias fue a través de la escritora cubana Anisia Miranda quien en la revista Zunzún editada en Cuba escribía un comic relatando la niñez del Che. También el escritor gallego Xosé Neira Vilas hizo en alguna oportunidad referencia a la niñera gallega del Che.

Carmen nació en el año 1907 en la aldea de Bade, provincia de Lugo, Galicia, según consta en su partida de nacimiento. Hija de Benigno Arias y de Dolores López, era la segunda de ocho hermanos. Sus padres se dedicaban a labrar la tierra pero la situación de atraso que vivía Galicia no les permitía progresar. Carmen creció en un ambiente de sacrificio y al llegar a la adolescencia, un día, en búsqueda de mejores condiciones de vida y un futuro más promisorio, decidió emigrar. En 1923 con mucha tristeza abandonó su Bade natal y se embarcó hacia Argentina junto a una hermana de su padre.

Los comienzos de una gran amistad

Alfredo Gabela, un hombre de aspecto franco y mirada cristalina bucea en su memoria para relatar el momento en que su madre empezó a trabajar con la familia Guevara de la Serna.“ Mi madre fue contratada por Celia de la Serna y Ernesto Guevara Lynch en julio de 1928, días después del nacimiento de Ernesto. Él era el primer hijo del matrimonio y Celia, la madre, necesitaba una persona de confianza que la ayudara en la crianza del niño. Ellos se habían casado el año anterior y se fueron a vivir a Puerto Caraguatay, pequeña localidad de la provincia de Misiones ubicada sobre el río Paraná donde el padre del Che explotaba una plantación de yerba mate. Cuando Celia de la Serna estuvo a punto de tener a su primer hijo viajaron a Rosario y el Che nació en esa ciudad. Luego viajaron a Buenos Aires donde contrataron a mi madre, quien los acompañó a la selva misionera. Allí la vida era muy difícil tanto por el clima como por la gente que residía en ese lugar. Era un paraje plagado de insectos y reptiles y con temperaturas altísimas. Debido a la gran cantidad de insectos y a lo peligroso de éstos pues algunos transmitían la malaria, mi mamá vestía a Ernesto con ropa liviana que lo cubría por completo y no lo perdía de vista ni un instante. Ella volcó en él todo su amor maternal y fue quien le puso el apodo de ’Teté’, nombre que sólo conocían sus familiares y amigos”. Y agrega: “Permanecieron en ese lugar hasta que el Che tuvo casi dos años y cuando estaba por nacer Celia, la segunda hija, regresaron a Buenos Aires, donde se instalaron en la ciudad de San Isidro. En la localidad de San Fernando el padre tenía un astillero en sociedad con un amigo. Mi madre iba con Ernestito y Celia todos los días al club náutico donde la madre del Che se bañaba en las aguas del Río de la Plata; ella me contó que una mañana muy fría de mayo después de bañarse en el río y a causa de un enfriamiento Ernestito contrajo bronquitis aguda lo que derivó en su primer ataque de asma, enfermedad que lo acompañó toda su vida y lo puso muchas veces al borde de la muerte”.

Gabela recuerda que cuando su madre conoció a su padre, un asturiano del cual lleva su nombre, Alfredo, ésta continuó trabajando con los Guevara durante varios años más. “Mamá acompañó a los Guevara en los distintos lugares donde éstos vivieron porque a causa de la enfermedad del Che y buscando un clima más apropiado para tratar su delicada enfermedad, la familia deambuló por diversos barrios de la Capital Federal y vivió once años en Alta Gracia, provincia de Córdoba, donde el clima era seco y de altura, muy recomendable para las personas asmáticas. En 1933, cuando los Guevara decidieron radicarse en Córdoba, mi madre era una integrante más de la familia, siempre tuvo una conexión muy especial con Celia de la Serna y Ernestito no quería alejarse de ella, por eso le suplicaron a mi padre que le permitiera irse con ellos pues el niño la adoraba y ella vivía pendiente de él. Mi papá hizo un gran sacrificio y accedió, desde ese momento continuaron el noviazgo a través de cartas y sólo se veían cuando Carmen viajaba a Buenos Aires. Un día papá le propuso matrimonio y ella tardó mucho en aceptar porque amaba a Ernesto y a sus hermanos -ya había nacido Roberto, el tercer hijo-. A principios de 1934 decidió casarse y formar su propia familia, noticia que significó un duro golpe para los Guevara. Mamá nunca olvidó la triste despedida en la estación de trenes de Alta Gracia el día que se separó de ellos”.

La relación entre ambas familias

Sin embargo, la vida de Carmen y su familia siempre estuvo vinculada a la de los Guevara. “Mi madre siguió viendo a Ernesto y a su familia, cuando mi hermana mayor nació, sus padrinos fueron Celia de la Serna y Ernesto Guevara Lynch. Y después de vez en cuando viajaba con ella a Alta Gracia y se quedaba un mes en casa de los Guevara. Mi hermana disfrutaba jugando con el Che y sus hermanos y viajando en la ’catramina’, un viejo y destartalado auto perteneciente a la familia en el cual se subían todos los niños amigos del Che. Además hacían helados que luego regalaban a los transeúntes y durante el desarrollo de la Guerra Civil construían trincheras en un terreno al fondo de la casa, donde se divertían representando unos al bando republicano y otros a los falangistas”. Y continúa: “En cuanto a mi, puedo decir que el Che influyó enormemente en mi vida, en primer lugar porque él y su hermana Celia son mis padrinos de bautismo y recuerdo que como el Che era aficionado a la fotografía me sacaba fotos cuando era chiquito; siempre me trató como un verdadero ahijado y durante sus viajes por Latinoamérica me enviaba postales donde contaba sus peripecias y la situación política y económica que atravesaban los países que visitaba. Él quería la unidad de América Latina porque consideraba que sólo unidos e independientes de Estados Unidos podíamos llegar a defendernos de esta potencia que desde hacía décadas intentaba dominarnos, y de ese modo convertirnos en una gran nación mestiza ya que nuestras raíces eran las mismas”.

Según Gabela, Carmen fue siempre muy importante para el Che. “Cuando estaba cursando la carrera de medicina Ernesto estudiaba regularmente en nuestra casa porque estaba más tranquilo ya que tenía varios hermanos y en su casa había mucho bullicio. Además todas las semanas venía a comer las pastas que mi madre preparaba. El día que se recibió de médico, a la primera que le dio la noticia fue a mi madre. Lo mismo ocurría cuando llegaba de alguno de sus viajes, apenas pisaba Buenos Aires iba inmediatamente a visitar a Carmen”.

El compromiso de Carmen y Alfredo con los Guevara

La familia Gabela Arias también jugó un papel fundamental entre los años 1956 y 1958 cuando el Che estaba peleando en la guerrilla cubana contra la dictadura de Fulgencio Batista. “El Che enviaba cartas dirigidas a mi padre, éstas estaban escritas en clave porque en Argentina había un Gobierno militar y podían ser interceptadas; como mi padre sabía que las cartas eran para Celia de la Serna, salía apresuradamente a cualquier hora de la madrugada a llevárselas. El Che continuó enviando cartas en clave durante los primeros tres años del triunfo de la Revolución Cubana y mi papá siguió haciendo el mismo trabajo. Además, era tal la amistad entre el Che y mi familia que en agosto de 1961 con motivo de la reunión del Consejo Interamericano Económico y Social en la ciudad de Punta de Este, Uruguay, en la que Cuba estuvo representada por el Che, que era ministro de Industrias de ese país, papá viajó a Uruguay para encontrarse con él pues hacía ocho años que no lo veía, almorzaron juntos y fue un reencuentro que mi padre jamás olvidó”.

Días después, el 18 de agosto, Guevara viajó secretamente a Argentina para reunirse con el presidente Arturo Frondizi, quien presionado por EE.UU. deseaba convencer al Gobierno cubano representado por el Che de lograr un entendimiento con Norteamérica para evitar la exclusión de Cuba del sistema interamericano. En esa oportunidad aunque permaneció sólo dos horas en el país, no dejó de visitar a los Gabela.

Gabela destaca la entrañable amistad que unió a Celia de la Serna con Carmen Arias. “Ella frecuentemente iba a nuestra casa, y en los momentos más difíciles de su vida, como en la época en que fue operada de cáncer, siempre recurrió al apoyo de mi madre; lo mismo hizo en 1963 cuando después de permanecer dos meses presa en la cárcel correccional de mujeres de Buenos Aires por el solo hecho de ser la madre del Che Guevara, fue liberada a las doce de la noche y vino a despedirse de nosotros antes de exiliarse durante un tiempo en Uruguay”.

Por último, Alfredo rememora que “en octubre de 1967 cuando se enteró de que habían matado al Che en el pueblo de Higuera, Bolivia, Carmen sufrió mucho y nunca se repuso totalmente de esa gran pérdida”, finaliza conmovida.

Fuente. Mónica Lázaro Jodar y Lois Pérez Leira

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